Derrota cultural del Movimiento Nacional. Culpables se hacen los distraídos

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A causa de una citación judicial, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner debió visitar uno de los tribunales federales de Comodoro Py. Muy rápida de reflejos, la ex presidente respondió con un acto político a la requisitoria judicial. Como se pudo apreciar, en dicho acto hizo gala de su tendencia a falsear la historia y manipularla a su favor, al comparar su situación actual con los derrocamientos y persecuciones sufridos por Hipólito Yrigoyen en 1930 y por Juan Domingo Perón en 1955. Ella no fue derrocada, en todo caso su candidato fue derrotado en las urnas, y a ella tampoco la están juzgando comisiones especiales anticonstitucionales, sino los juzgados naturales que han recibido denuncias –mientras ella ejercía la primera magistratura- que se han llenado de documentación respaldatoria.

Como ha hecho en ocasiones anteriores, la ex presidente se ha aferrado a la figura de Juan Domingo Perón como última tabla de salvación, cuando “las papas queman”, porque en general el gran líder argentino ha sido un convidado de piedra y un ignorado en esta “revolución imaginaria” llevada a cabo por el kirchnerismo, que después de 12 años de administración gubernamental ha dejado la economía del país en manos de las grandes corporaciones angloamericanas controladas por la dinastía Rockefeller (vía Consejo de las Américas), ha gobernado con las leyes matrices del Proceso de Reorganización Nacional, puso al Barclays Bank como organizador y garante de los canjes de deuda externa de 2005 y 2010,  y ha elevado a colaboradores de las últimas dictaduras militares –por ejemplo, Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni- a “modelos de la democracia”. La señora de Kirchner se pone al lado de Perón, pero rodeada de una dirigencia en su mayoría visceral e históricamente antiperonista, políticamente impresentable y piantavotos, cuyo único aporte a la democracia ha sido la de levantar obedientemente la mano para satisfacer los caprichos de su jefa.

Pero aún con su poder político sumamente debilitado y con un “estado mayor” que representa una armada Brancaleone del terror, la señora Cristina Elisabet de Kirchner todavía despierta sentimientos de fuerte adhesión y respaldo en gran parte de la población más castigada y postergada de nuestra comunidad nacional, y enfervoriza también a un número importante de jóvenes de nuestro sufrido conurbano.

Pero lo grave de la jornada del 13 de abril es que ante esta usurpación y apropiación de la figura y de la memoria de Juan Domingo Perón (y del ninguneo histórico al que ha sido sometida María Estela Martínez de Perón, última presidente constitucional derrocada), el supuesto “peronismo” no kirchnerista aferrado a un sarcófago electoralista no ha salido a responder esta provocación de la ex presidente. Y no ha salido a responder porque evidentemente no tiene nada para decir. ¿Qué puede decir este “peronismo” no-K si sólo encuentra su unidad en las figuras de un delegado de las mineras angloamericanas en las provincias del noroeste y de un alfonsinista-menemista reciclado en vaciador de la Provincia de Buenos Aires? Al igual que la ex presidente, este “peronismo” sólo recurre a la figura de Perón para llenar un vacío discursivo o para justificar una operación de marketing político, y nada más.

Este “peronismo” renovado y decente no convoca ni entusiasma, no le habla al pueblo ni a los jóvenes sino que sólo se preocupa de “hablarle a la gente”, de “ser pluralista, dialoguista, tolerante”, “de ser una oposición constructiva”, etc., ante un gobierno de tecnócratas tamizados por ondas de amor y de paz que sólo se ha ocupado de atender las “necesidades básicas satisfechas” de los ricos y de las corporaciones.

Esta dirigencia política y sindical no-K ha echado al olvido el mandato de Perón de prolongar en el tiempo la proyección revolucionaria de su obra. Ocupada como está en crear empresas offshore en paraísos fiscales (¿cuándo Perón y Eva necesitaron derivar fondos fuera del país?), no sólo ha olvidado sino que también se ha ocupado en impedir que el Movimiento Nacional recreara y restaurara las Escuelas de Formación Política y Sindical con las que Perón impulsaba la promoción. Creen que capacitar dirigentes es hacer cursos de liderazgo y de dinámica de grupos, o de contratar a “especialistas” afroamericanos para enseñar a jóvenes y mujeres “técnicas de empoderamiento”. A ninguno de estos dirigentes se les ocurre formar a las nuevas generaciones en Historia nacional, Historia del Sindicalismo, la Tradición cristiana y humanismo del Peronismo, ni mucho menos les interesa hacer conocer a sus dirigidos Conducción Política, Doctrina Nacional o el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. ¿Tienen miedo que Juan Perón se transforme en el conductor real de sus dirigidos?

Perón y la cultura hispánica

Frente a la defección de esta dirigencia aburguesada y envejecida espiritualmente, culpable y responsable de esta derrota cultural que sufrimos hoy los argentinos, y frente al intento imperialista de seguir manteniendo abierto el enfrentamiento fratricida, se nos plantea de nuevo la empresa de forjar la unión nacional, como condición indispensable para hacer de la Argentina una comunidad organizada e integrada, en la que todos seamos artífices del destino común. No necesitamos ni iluminados del mundo de las finanzas ni hoteleros exitosos. Todo está escrito. Sólo es cuestión de decidir ser libres o esclavos.

 

José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                       Coordinador General

MOVIMIENTO “PRIMERO LA PATRIA”

 

[Publicado en Política del Sur, 19 de abril de 2016, Año 10 No. 489]

PERONISMO O KIRCHNERISMO, ESA ES LA CUESTIÓN

Movimiento Primero la Patria_Logo-BannerDías pasados, el dirigente político Fernando “Chino” Navarro declaró que la fuerza política que él integra “está obligada a construir unidad” entre el peronismo y el kirchnerismo, porque “el peronismo sin el conjunto del kirchnerismo no va a volver a ser mayoría, y que el kirchnerismo sin el peronismo no construirá tampoco mayoría”.

Evidentemente, el señor Navarro sabe que el peronismo y el kirchnerismo son dos realidades absolutamente distintas, que deberían unirse para “volver a ser mayoría” y así ganar elecciones. Pero con esto confunde lo táctico –lo electoral- con lo estratégico –el proyecto revolucionario que transforma a una sociedad. En esa confusión, pretende unir dos realidades que se han mostrado distintas y antagónicas, más allá de la “unidad” forjada en estos últimos 12 años a golpes de látigo y chequera por un lado, y sumisión rastrera por parte de cierta dirigencia política, que convirtió al peronismo en una franquicia para hacer negocios millonarios.

Perón y Evita liberaron al país de las garras de la dominación económica, financiera y política llevada a cabo por Gran Bretaña durante más de un siglo; consolidaron la industrialización nacional; forjaron la unidad del movimiento obrero; dignificaron a los trabajadores; promovieron la movilidad social ascendente; rescataron la deuda externa; se mantuvieron fuera de las garras del poder financiero internacional e hicieron del arte de la conducción política un acto de servicio sagrado, a favor de la Nación y del pueblo argentino, hasta el último minuto de sus vidas. No se hicieron millonarios trabajando en la función pública, sino todo lo contrario.

Perón ante la gloriaEn forma totalmente inversa, en sus 12 años de gestión el kirchnerismo gobernó apoyándose en las leyes económico-financieras del Proceso de 1976, concentró y extranjerizó la economía como en los peores momentos de nuestra historia (como lo ha reconocido en estos días su “vocero” Página12), avaló y duplicó la fraudulenta deuda pública externa, utilizando las reservas del Banco Central, afianzó el esquema agro-exportador dependiente de insumos industriales extranjeros, hizo del subsidio y clientelismo una política de Estado, incrementó la existencia de asentamientos urbanos, etc. Y sus dos máximos dirigentes hicieron de la función pública la fuente de su descomunal e inexplicable enriquecimiento personal. Pretendieron ser los jefes máximos de un movimiento superador del peronismo, promoviendo dirigentes extraños al movimiento nacional o decididamente antiperonistas (Amado Boudou, Martín Sabatella, Carlos Zanini, Carlos Heller, Diana Conti, Axel Kicillof, etc.), para terminar siendo los gestores de una derrota electoral sin atenuantes frente a una fuerza política local de reciente formación, mientras que Perón se cansó de ganar elecciones, incluso desde el exilio.

Al poner en paralelo un discurso de Perón y otro del matrimonio santacruceño, se percibe muy bien la diferencia entre la doctrina de vida predicada por un conductor político que sigue enseñando desde la eternidad y la vanidosa actitud auto-referencial vacía de contenido de quienes se creyeron los gestores de una revolución que sólo existió en su imaginación.

Señor Navarro: el peronismo no es un movimiento conservador que encajona la doctrina en formas rígidas, ni tampoco es un movimiento progresista que habla hasta vaciar la doctrina de contenido. Es ortodoxamente humanista y cristiano.

 

José Arturo Quarracino                       Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                     Coordinador General

24 de Marzo – “Conmemoración”, olvido y esquizofrenia

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En la vida de los pueblos se han festejado siempre las fechas o acontecimientos que han significado un hito o punto de partida de su crecimiento moral y material. ¿Qué sentido tiene “conmemorar” una derrota? Hacer un culto de la derrota, Convertir en un feriado una fecha que envilece sólo sirve para deprimir y mantener vivo el mal que paraliza y que hace retroceder: no es criticando lo malo lo que fortalece y hace progresar, sino la exaltación y reafirmación de los valores y virtudes que le dan sentido a la vida en comunidad.

Una vez más, se ha “conmemorado” en nuestro país, por parte del progresismo y del izquierdismo en general, el infausto y criminal golpe de Estado de 1976, pero evitando toda mención a quien y quienes fueron derrocados, extorsionados y secuestrados el 24 de marzo de ese año, que fueron el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón y multitud de funcionarios y dirigentes políticos y sindicales. Se repudia el golpe y sus autores, pero nada se dice de los “motivos y pretextos” (Doctor Julio Carlos González dixit) que hicieron posible ese crimen, ni tampoco de lo que significó históricamente esa asonada.

En esta “conmemoración” se olvida que el objetivo del golpe cívico-militar fue el de hacer involucionar la Argentina hacia la “Década Infame”, retornar a la Argentina previa a la aparición de Juan Domingo Perón y su obra revolucionaria de gobierno. Dos meses antes del golpe lo había preanunciado la presidente de la Nación: “no vienen por mí ni por el gobierno, quieren derrumbar las chimeneas y las fábricas que levantó Perón”. Pocos días después del crimen institucional cometido, el responsable directo y último de la política de secuestro y exterminio del Proceso lo definió y resumió magistralmente: “el objetivo es volver a la Argentina del 3 de junio de 1943” (Albano Harguindeguy). 24/3/1976 no fue un golpe de unos locos, ni un golpe “fascista”, ni contra “los que pensaban distinto”, etc., sino contra la obra revolucionaria de Perón y contra la Argentina que él había erigido. Para voltearla, era necesaria una guerra civil devastadora. Así lo pronunció el historiador anglocanadiense H. S. Ferns en su libro La Argentina, (Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972, p. 247: “Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta muy difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón”. Es llamativo que el citado historiador, antiperonista, califique a los gobiernos de Perón como revolucionarios. Ni ellos pueden dejar de reconocerlo.

La conmemoración “progre” olvida o encubre que detrás del golpe estaba la larga mano del Imperio Británico y de sus secuaces angloamericanos capitaneados por David Rockefeller. No fue casualidad que el ministro de Economía fuera el abogado José A. Martínez de Hoz, representante de la vieja oligarquía anglófila y miembro del Comité Internacional del Chase Manhattan Bank (fusionado en el año 2002 con el J. P. Morgan Chase Bank).

Esta conmemoración “progre” olvida o encubre también la colaboración que prestaron en ese momento las principales organizaciones armadas, creando las condiciones que justificaran ese golpe nefasto. No sólo recaudaron “revolucionariamente” (se calculan 23 millones de dólares sólo en el año 1973, por secuestros y robos), sino que se levantaron en armas contra el gobierno constitucional de Perón primero e Isabel Perón después. Es llamativa la “amistad” y diálogo que conservaron algunas cabezas de esos grupos armados con las cabezas del Proceso (Norberto Habegger-Albano Harguindeguy, por ejemplo), y no deja de sorprender la desaparición a mediados de 1975 de algunos militares (el coronel Jorge Montiel y el teniente coronel Martín Rico), quienes estaban informados que “oficiales de las Fuerzas Armadas tenían contacto con las cúpulas guerrilleras para desestabilizar al gobierno(entrevista de Carlos Negrete al doctor Julio Carlos González, publicada en La Nación, 24 de marzo de 2016, en http://www.lanacion.com.ar/1882362-julio-gonzalez-hubo-traiciones-en-el-peronismo). ¿Habrá sido ésta la colaboración de las organizaciones armadas a la guerra civil devastadora profetizada por H. S. Ferns?

Lo más grave es que esta conmemoración “progre” llega a la esquizofrenia, cuando repudia el golpe de 1976 en nombre de ideas y banderas socialistas, incluyendo la exaltación de la revolución cubana como proceso ideal de lucha anticapitalista. Ignoran o dejan de lado estos progresistas olvidadizos la colaboración y acompañamiento que hizo el régimen de Fidel Castro a nivel internacional, para que la dictadura argentina nunca fuera condenada en los organismos de las Naciones Unidas por su violación de los derechos humanos. La Cuba de Fidel Castro fue la gran aliada de la dictadura de Jorge Rafael Videla, tal como ha demostrado la investigadora estadounidense Kezia McKeague y lo hiciera conocer el 25 de marzo de 2011 la periodista Claudia Peiró (“Fidel Castro, insólito aliado de la dictadura militar argentina de Jorge Rafael Videla”, Infobae, 25 de marzo de 2011, en http://www.infobae.com/2011/03/25/1021554-fidel-castro-insolito-aliado-la-dictadura-militar-argentina-jorge-videla).

Como bien lo expresa el doctor Julio Carlos González, “el terrorismo de izquierda y de derecha actuaron como las tenazas de una pinza para desarticular y destrozar el gobierno de Perón y el Movimiento Nacional que lo sustentaba” (Asalto a la Argentina. m76. Motivos y pretextos, “Aquella noche trágica… 23 horas del 23 de marzo de 1976”, Editorial Docencia, Buenos Aires 2011, p. 31), para volver a una nueva Década Infame.

Todo lo demás es puro verso.

 

 José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                       Coordinador General

CONSTITUCIÓN DE 1949: CONMEMORACIÓN Y HOMENAJE

El viernes 11 de marzo de 2016, a las 17.30 horas, el Movimiento “Primero la Patria” organizó en el salón de Unione e Benevolenza (Tte. Gral. Perón 1372, CABA) un acto de conmemoración y homenaje a la sanción de la Constitución de 1949, sancionada el 11 de marzo de ese año.
Fueron oradores en el acto-homenaje la dirigente Alicia Contreras (de Lomas de Zamora), el dirigente Juan Carlos Vacarezza (Coordinador General del Movimiento) y el dirigente Rubén Gioannini (secretario general de la Mesa de Jubilados, Pensionados y Retirados de la República Argentina).
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Alicia Contreras – Juan Carlos Vacarezza – Rubén Gioannini – Carlos Díaz

La finalidad del homenaje fue conmemorar la sanción de la Constitución de 1949, reafirmar los principios jurídicos y filosóficos emanados de la Doctrina Social de la Iglesia y de la concepción humanista y cristiana del peronismo, y comprometer la acción militante para que vuelva a tener vigencia la Carta Magna de 1949, en el contexto de una Nación políticamente soberana, económicamente libre y socialmente justa, de lo cual hoy la Argentina parece haber extraviado el rumbo.
Como síntesis de las palabras pronunciadas por los oradores, los mismos difundieron el siguiente texto:
“¿Por qué conmemoramos la sanción de la Constitución de 1949? Porque ella le dio sustento y fundamento jurídicos a la realidad de la Soberanía Política, como punto de partida de la Independencia Económica realizada en los primeros años del gobierno justicialista, indispensable para consolidar la Justicia Social.
En este sentido, la Constitución de 1949 profesaba unas convicciones muy precisas sobre las relaciones entre el Estado y la economía, según las cuales al poder público le correspondía la realización de aquellas actividades vinculadas a bienes instrumentales que llevan aparejado un poder económico tal, que no es posible dejarlas en manos de personas o entidades privadas sin peligro ostensible para el bien común. Así se impuso en el texto constitucional una serie de exigencias hacia las que debía orientarse la acción del Estado en su misión de fomento, estímulo, coordinación, integración y protagonismo directo.
Paralelamente, la reforma constitucional propugnaba que el desarrollo económico fuese acompañado por y proporcionado al progreso social, de modo que todas las categorías de personas participasen de los aumentos productivos. De estas premisas proceden los artículos 37 al 40 de aquel texto. Estos artículos consagraron los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y de la cultura, la función social de la propiedad, el capital al servicio de la economía con el objetivo de sostener el bienestar social, y la organización de la riqueza y su explotación destinadas a promover del bienestar del pueblo.
Según Arturo Enrique Sampay, sólo legitimando la actividad económica no usuraria, como se lo propuso la reforma constitucional, podía restablecerse el espíritu económico precapitalista o tradicionalista, es decir, la ética económica cristiana, de tal modo que la riqueza quedaba sometida a una función social, que obligaba no sólo a distinguir entre medios lícitos y no lícitos para su adquisición, sino también a discriminar entre intensidad lícita y no lícita en el uso de los medios lícitos. En este sentido, la reforma constitucional instauró un orden económico esencialmente anticapitalista.
Hablamos de conmemoración, la cual es algo muy distinto de lo que es un recuerdo nostálgico. Éste último remite a un pasado que ya no existe, mientras que la conmemoración es pasado que se hace presente. Se hace presente porque la conmemoración reafirma y mantiene actual los fundamentos doctrinarios, ideológicos y culturales que constituyen la base y principios del texto constitucional de 1949. La Doctrina Social de la Iglesia y la filosofía humanista y cristiana constituyen las fuentes de las que han brotado esos fundamentos jurídicos que institucionalizaron jurídicamente la realidad de la revolución justicialista en las décadas de 1940-1950, revolución que merece y reclama ser llevada a cabo nuevamente, para que las nuevas generaciones puedan vivir con dignidad en una Nación que tiene como destino histórico constituirse como una Patria justa, libre y soberana, sustentada en una concepción humanista y cristiana de la vida de los hombres y de los pueblos.
Conmemoración y reafirmación de las verdades doctrinales y de los principios humanista-cristianos lleva a un tercer paso: el compromiso de volver a hacer realidad esa gran Argentina que supo ser justa, libre y soberana, y que hoy nos llama a servirla y recuperar esa grandeza nacional y la felicidad y dignidad que el pueblo argentino pudo disfrutar. Estamos llamados y nos comprometemos a hacer realidad de nuevo esa Argentina que fue y que debe volver a ser, para nuestros hijos y nuestros descendientes, para que la luz de la Justicia Social resplandezca en el cielo de la Patria por toda la eternidad”.

La conmemoración-homenaje culminó con el canto de la Marcha Peronista por parte de todos los presentes.

CONSTITUCIÓN DE 1949-Conmemoración

Constitución de 1949¿Por qué conmemoramos la sanción de la Constitución de 1949? Porque le dio sustento y fundamento jurídicos a la realidad de la Soberanía Política, como punto de partida de la Independencia Económica realizada en los primeros años del gobierno justicialista, indispensable para consolidar la Justicia Social.

En este sentido, la Constitución de 1949 profesaba unas convicciones muy precisas sobre las relaciones entre el Estado y la economía, según las cuales al poder público le correspondía la realización de aquellas actividades vinculadas a bienes instrumentales que llevan aparejado un poder económico tal, que no es posible dejarlas en manos de personas o entidades privadas sin peligro ostensible para el bien común. Así se impuso en el texto constitucional una serie de exigencias hacia las que debía orientarse la acción del Estado en su misión de fomento, estímulo, coordinación, integración y protagonismo directo.

Paralelamente, la reforma constitucional propugnaba que el desarrollo económico fuese acompañado por y proporcionado al progreso social, de modo que de los aumentos productivos participasen todas las categorías de personas. De estas premisas proceden los artículos 37 al 40 de aquel texto. Así, consagraba los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y de la cultura, la función social de la propiedad, el capital al servicio de la economía con el objetivo de sostener el bienestar social, y la organización de la riqueza y su explotación destinadas a promover del bienestar del pueblo.

Según Arturo Enrique Sampay, sólo legitimando la actividad económica no usuraria, como se lo propuso la reforma constitucional, podía restablecerse el espíritu económico precapitalista o tradicionalista, es decir, la ética económica cristiana, con lo que la riqueza quedaba sometida a una función social, que obligaba no sólo a distinguir entre medios lícitos y no lícitos para su adquisición, sino también a discriminar entre intensidad lícita y no lícita en el uso de los medios lícitos. En este sentido, la reforma constitucional instauró un orden económico esencialmente anticapitalista.

Por eso hablamos de conmemoración, no de recuerdo nostálgico. Porque la revolución justicialista hecha realidad efectiva por Juan Domingo Perón en las décadas de 1940-1950 merece y reclama ser llevada a cabo nuevamente, para que las nuevas generaciones puedan vivir con dignidad en una Nación que tiene como destino histórico constituirse como una Patria justa, libre y soberana, sustentada en una concepción humanista y cristiana de la vida de los hombres y de los pueblos

Acto 11 de marzo

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EL KIRCHNERISMO NO QUISO INVESTIGAR LA DEUDA EXTERNA, ASÍ LE FUE

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Como es bien sabido, la deuda pública externa argentina se convirtió a partir de 1976 en el instrumento por excelencia del sometimiento de nuestro país al poder depredador de la plutocracia financiera internacional, además de haber sido en gran parte una estafa colosal, tal como demostró el juicio iniciado por Alejandro Olmos y que culminó con una sentencia lapidaria del entonces juez Jorge Ballesteros, en el año 2000.

En su gestión como Ministro de Economía, José A. Martínez de Hoz multiplicó por 6 la deuda externa; Raúl Alfonsín la multiplicó en un 50%, Carlos S. Menem la duplicó y Fernando de la Rúa la multiplicó en un 50%. Además de ser una estafa, como se probó reiteradamente, la deuda externa era también una gangrena para la economía argentina.

Es por eso que un grupo de argentinos, de distintas ideologías y fuerzas políticas, le propuso al entonces presidente de la Nación, Néstor Carlos Kirchner, la creación de una Comisión Nacional para Investigar la Deuda Externa, desde el año 1976 en adelante, para “determinar orígenes, responsabilidades, consecuencias directas y derivaciones en otros campos, además del económico”. Esta propuesta fue redactada el 18 de diciembre del 2003 y firmada por el ingeniero químico Juan Carlos Dima, el martillero público Miguel Ángel Lentino, el doctor Jorge Landívar, el diseñador industrial Walter A. Moore, el doctor Julio Carlos González (ex Secretario Técnico de la Presidencia de la Nación, 1974-1976), el dirigente político Mario Mazzitelli, el contador y abogado Juan Carlos Foester (Secretario Adscripto de Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal No. 2 [Juez Jorge Ballesterios], el contador Gustavo Calleja, el embajador Miguel Ángel Espeche Gil, el contador y abogado Eduardo Conesa, el contador Juan Carlos Vacarezza, el doctor Alejandro Herrera, el ingeniero Alberto Lapolla (+), el dirigente político Daniel Marcos, el doctor Carlos Brusco, el periodista Gabriel Fernández, el doctor Mario Giorgi, la doctora Mariana Madariaga, el periodista Jorge Almeida, el investigador Adrian Salbuchi, la ingeniera Gladys Sandra Soraya Pereyra, el empresario Francisco Norberto do Reis, el contador Rubén Milberg, el doctor Héctor H. Hernández, el sociólogo Alejandro Herrera, el señor Mario Giorgi, el periodista Víctor Hugo Morales, el periodista Raúl Dellatorre, el señor Héctor Sosa, el señor Jorge Landívar, el productor Aldo Barberis-Rusca y el director de cine Diego Musiak, realizador de la película documental sobre la deuda externa, La mayor estafa al Pueblo Argentino (2001).

Los objetivos sugeridos eran “realizar un estudio documentado sobre el proceso de endeudamiento externo de la Argentina”; “realizar un análisis de las variaciones de desarrollo, de salud, de empleo, de niveles alimentarios y/u otras variables sociales y económicas del país” para “establecer los casos en que se pueda definir una correlación de estas variaciones con el endeudamiento y/o pagos realizados”; “estudiar la legalidad y constitucionalidad de cada operación”; “determinar en cuanto disminuiría la deuda actual” si se comprobaran “pagos considerados sin causa”; “realizar la difusión pública de las investigaciones por vía impresa” e inclusive “elaborar una síntesis en idioma inglés” para darle alcance internacional al trabajo; y por último “realizar un conjunto de pautas o recomendaciones para futuras tomas y/o negociaciones de deuda externa, así como procedimientos y forma de auditoría de las mismas, para prevenir nuevos ilícitos, endeudamientos y/o pagos sin causa”.

El 29 de diciembre de 2003 el ingeniero Juan Carlos Dima presentó formalmente en Presidencia de la Nación el pedido de creación de una Comisión Nacional para investigar la Deuda Externa, por nota dirigida al entonces presidente Carlos Néstor Kirchner, la cual fue recibida.

El día 15 de enero de 2004 el doctor Héctor Marcovecchio, responsable de la Dirección General de Audiencias de la Presidencia de la Nación dirigió una nota al ingeniero Juan Carlos Dima, informándole que la solicitud presentada debía ser llevada al señor Secretario de Finanzas de la Nación, el licenciado Guillermo Nielsen.

El día 13 de febrero de 2004 el ingeniero Juan Carlos Dima presentó al doctor Marcovecchio una nota, haciéndole saber que consideraba inadecuada la derivación aconsejada, porque el tema en cuestión no constituía un problema técnico sino que era de naturaleza eminentemente política. En la misma nota le informó que una cita con el licenciado Nielsen acordada para el día 29 de enero había sido cancelada unas horas antes, y que en una nueva cita pautada para el día 5 de febrero había sido atendido por el Jefe de Asesores del licenciado Nielsen, lo cual –junto con otros detalles- mostraban la poca voluntad del Ministerio de Economía para ocuparse de la propuesta. A continuación el ingeniero Dima le reiteró al Dr. Marcovecchio el pedido de audiencia con el presidente de la Nación.

En una nota presentada el 30 de abril de 2004, el ingeniero Dima le presentó al Dr. Ojea Quintana, Director de Programas de Gobierno de la Presidencia de la Nación, un pedido de consulta (Pedido de Conveniencia) a otras áreas de gobierno respecto a la propuesta: Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Secretaría de Derechos Humanos del citado ministerio, Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Ministerio de Salud.

En la misma nota se reiteraba la necesidad de canalizar la propuesta de creación de la Comisión para investigar la Deuda Externa a través de la Presidencia, dado que el mismo doctor Kirchner se había comprometido, en futuras negociaciones, a impulsar “la reducción de los montos de deuda, la reducción de las tasas de interés y la ampliación de los plazos de madurez y vencimiento de los bonos”, lo cual era lo que estaba negociando justamente con los acreedores privados.

El 29 de mayo de 2004 el ingeniero Dima presentó y adjuntó al Dr. Ojea Quintana firmas de ciudadanos que adherían a la propuesta.

El 8 de junio de 2004 el ingeniero Dima presentó y adjuntó una segunda serie de firmas que adherían a la propuesta. En la misma reiteraba el envío o reenvío de los Pedidos de Conveniencia solicitados en la nota del 30 de abril de 2004.

Por nota del 16 de julio de 2004, en nombre de la Comisión propuesta, el ingeniero Dima reiteró ante el Director General de Audiencias de la Presidencia de la Nación, doctor Héctor Marcovecchio, el pedido de audiencia con el señor Presidente de la Nación, para definir la creación de la Comisión y su labor de investigación como una Política de Estado.

El 14 de julio de 2004 el diario Página12 publicó una nota informando la reiteración del pedido de creación de la Comisión de Investigación de la Deuda Externa por parte de los investigadores y profesionales mencionados al comienzo de este artículo.

Por último, en su edición del 2 de setiembre del 2004 (Año 7, N. 321), la revista Veintitrés publicó una nota de investigación del periodista Alberto López Girondo sobre el pedido de creación de esta Comisión, junto con pedidos paralelos por parte del sindicalista Luis Donikian, del historiador Norberto Galasso y del médico sanitarista Floreal Ferrara.

El autor del artículo pone en contexto el problema del endeudamiento de países como la Argentina, en relación con las políticas privatizadoras de servicios públicos impulsadas por los poderes financieros internacionales, la política de control del crecimiento poblacional impulsada oficialmente por Estados Unidos (Memorando 200/74, elaborado por Henry Kissinger cuando se desempeñó como Consejero de Seguridad Nacional) y las políticas restrictivas de salud impulsadas por la Organización Mundial de la Salud, lo cual muestra que lejos de ser un problema técnico, el problema de la deuda externa debe ser visto como un problema de Estado, en relación con otras políticas de Estado, puesto que “la deuda externa representa el método de dominación más refinado del neocolonialismo”.

Por último, hay que resaltar dos cuestiones fundamentales. La primera, es que los miembros de la Comisión propuesta se iban a desempeñar ad honorem, sin cobrar nada por su trabajo de investigación. Lo único que pedían era un lugar físico para trabajar y los elementos mínimos indispensables para llevar a cabo su labor (computadoras, fotocopiadoras, telefonía, papelería, etc.). La segunda, es que este pedido de creación de la Comisión se lo fue dejando morir paulatinamente, en silencio. Nunca hubo un rechazo al pedido, simplemente se lo enviando al… olvido.

¿Pensaba acaso el doctor Carlos Kirchner, sus adláteres y su sucesora que la Argentina podía encarar un proceso de crecimiento y desarrollo autónomo atado a las cadenas del endeudamiento externo crónico y eterno? Los resultados están a la vista.

 

José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                     Coordinador General

 

[Publicado en Política del Sur, 23 de febrero de 2016, Año 9 No. 482]

MILITANCIA y MERCANTILIZACIÓN de la POLÍTICA

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Al igual que en numerosos distritos municipales, provinciales y el nacional, la ex coalición oficialista denominada Frente para la Victoria está comenzando a implosionar y fracturarse, básicamente entre los que reivindican su pertenencia al justicialismo-peronismo y quienes hacen gala de “fe” kirchnerista. Este sector, después de ningunear y rebajar al peronismo como un elemento constitutivo del FpV y elevar al kirchnerismo al plano de “etapa superadora” del justicialismo, ahora pretende llenar al Partido Justicialista de afiliados, porque bien saben que “sin el peronismo, el kirchnerismo no existe” (Guillermo Moreno dixit).

El distrito de Lanús no ha podido escapar a esta diáspora: el ex espacio oficialista nucleado hasta el 10 de diciembre ppdo. en el kirchnerismo, se partió en 4 partes, siguiendo la división producida en el Senado provincial, donde este armado político se partió en dos bloques.

¿Cuáles son los motivos ideológicos-doctrinales que han provocado esta división? En la década del ’70 era clara la línea divisoria, claramente ideológica, entre la “Patria peronista” y la “Patria socialista”, dos concepciones políticas claramente diferentes y, en algunos aspectos, antagónicas. Hoy en día, lamentablemente, las diferencias y divisiones son sólo producto de la “lucha” por espacios de poder y de cargos. En ningún caso se explicitan ni se han explicitado las diferencias doctrinales, porque no existen.

Al igual que en otros planos de la política, la manipulación y la tergiversación del lenguaje ha sido una táctica utilizada con éxito por los defensores del statu quo, para despojar a las fuerzas políticas, en especial al peronismo, de su esencia conceptual y caricaturizarlas como maquinarias de acumulación de poder y gestoras de negocios.

Uno de los conceptos más tergiversados y degradados en esta manipulación ha sido el de la militancia. El kirchnerismo ha abusado hasta el extremo de este concepto, renegando de su origen y sentido históricos.

En sus dos primeros gobiernos, a partir de 1951, el peronismo comenzó a institucionalizar la formación y capacitación de los cuadros políticos y sindicales, como instancia fundamental e indispensable de comunión entre la conducción superior y el pueblo.

Luego de la sangrienta contra-revolución de 1955, la mayoría de esos cuadros fueron expulsados de los organismos oficiales gubernamentales y estatales, o fueron sufrieron persecución y cárcel y tuvieron que pasar a trabajar en forma clandestina. Estos cuadros formados y capacitados se convirtieron así en militantes. ¿Por qué?

En su sentido etimológico, militancia remite al término latino militia, que define al soldado llano que en los ejércitos romanos constituía la tropa de avanzada, por eso mismo expuesto habitualmente a padecer la muerte, lo que constituía un timbre de gloria y honor. Dispuesto al sacrificio máximo de su existencia -ofrendar la vida por el triunfo de la Patria-, la paga material que recibía era mínima, pero la retribución moral la superaba con creces.

Históricamente hablando y en sentido estricto, la militancia peronista nació luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955, cuando miles de ex dirigentes políticos y sindicales fueron despedidos de sus cargos oficiales y muchas veces proscriptos, con lo cual tuvieron que ganarse la vida en el llano, en la actividad privada. En este sentido, muchos de los futuros dirigentes del justicialismo nacieron a la vida política a partir de esa matriz adversa y peligrosa, en general en forma clandestina, arriesgando sus vidas (durante casi 20 años ser peronista fue un delito). Se ganaban la vida en la actividad privada y “se financiaban” su militancia: no cobraban, sino que se pagaban ellos mismos su compromiso político. Luchaban por el ideal del retorno de Perón, para reimplantar en la Argentina las banderas históricas del justicialismo. Ni se les cruzaba por la cabeza las ventajas que podían obtener y los cargos que podían ocupar para hacerse millonarios. Por eso ofrendaban y sacrificaban su vida, porque servían a un ideal, no a ambiciones materialistas. Su misión fundamental era mantener viva la llama del ideal político en el seno del pueblo.

En 1973, cuando un militante llegaba a ocupar un cargo público se convertía en un funcionario, dejaba de ser militante, porque asumía una misión concreta en un poder del Estado. Lamentablemente, a partir del “retorno de la democracia” en 1983, la militancia comenzó a ser reemplazada por el punterismo político rentado, con lo cual el político-puntero empezó a transformarse en un político “profesional”, con un sueldo. Así, la política comenzó a dejar de ser un medio para modificar la realidad política, un servicio a la comunidad, para convertirse en un fin en sí mismo. En estos últimos doce años de gobierno, tanto el kirchnerismo como la mayoría de las otras fuerzas políticas elevó a la enésima potencia esta transformación, prostituyendo a la militancia, al convertirla en una actividad rentada con sueldos opulentos y para personas sin experiencia alguna, muchas veces sin desempeñarse en un cargo, “para hacer política”. En distintas oportunidades Juan D. Perón sostuvo que la mejor forma de corromper a un joven despojándolo de ideales era darle un cargo y pagarle un sueldo más que suculento, con lo cual ya no defendían ideales sino su ingreso. Así, a lo largo de estos años, los militantes rentados se han convertido en una casta que no se retiran jamás de los cargos, inmovilizando todo cambio y trasvasamiento dirigencial, saltando de un espacio político a otro sin el más mínimo pudor: lo fundamental es permanecer y mantenerse, a como dé lugar.

En el peronismo es fundamental recuperar el sentido más profundo de la militancia. Para ello, es imprescindible volver a Perón y a sus enseñanzas¸ sin olvidar jamás que Perón sigue vivo en su doctrina, tal como predijo Eva Perón en 1949: “el movimiento político puede tenerlo [a Perón] como líder único sin correr el peligro de desaparecer el día infausto que falte Perón porque siempre quedará Perón al frente de su pueblo como un ideal, como una bandera, como una guía, como estrella para señalar en las noches el camino de la victoria definitiva”. En definitiva, aunque haya partido de este mundo hace 41 años, Perón sigue conduciendo al Movimiento, los dirigentes sólo coordinamos la militancia de los compañeros y argentinos de bien que quieren hacer de la Argentina una Patria grande y que su pueblo pueda ser feliz en plenitud, con dignidad y justicia social reales.

Juan Carlos Vacarezza

Coordinador General

José Arturo Quarracino

Sub-coordinador general

 

“Esto no es peronismo, estúpido”

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Llama poderosamente la atención que en nombre del progresismo se pretenda descalificar al peronismo en forma absoluta, como supuesta “encarnación” de todos los males que aquejan a la vida política nacional. Una de las últimas expresiones condenatorias es el libro publicado por Fernando Iglesias, Es el peronismo, estúpido. Cuándo, cómo y por qué se jodió la Argentina. Aunque pretende ser una mirada progresista crítica con visión de futuro, este tipo de expresiones resulta ser en esencia una concepción política que coincide en forma absoluta con la política antiperonista liberal de la Revolución Libertadora, es decir, el “izquierdista liberal” Fernando Iglesias coincide en forma absoluta con Isaac Rojas, Pedro Aramburu, Videla Balaguer, etc. Peor aún, en el fondo este libro resulta ser la versión siglo XXI del “pensamiento” antiperonista del famoso ex embajador estadounidense Spruille Braden y de su engendro político, la Unión Democrática. En el fondo, con este tipo de visión y expresión, Fernando Iglesias termina justificando los golpes pro-británicos e imperialistas de 1955 y 1976.
Como nadie del campo “nacional y popular”, oficialista u opositor, ha salido a responder a esta paradigmática expresión de barbarie ilustrada que representa el filoso polemista, desde estas humildes líneas queremos responder a las injuriosas expresiones del autor de este libelo, frutos de la ignorancia y del resentimiento político, típico del pensamiento formado en autores e ideas extrañas a nuestra realidad nacional. Reconoce que le resulta imposible definir al peronismo (“es imposible identificar en él cualquier tipo de esencia”), pero pretende reconocerle “algunas características que lo hace único e inconfundible”, para lo cual recurre a conceptos extraños y ajenos a lo que pretende definir –populismo, autoritarismo, fascismo, etc.-, surgidos en otros ámbitos y realidades políticos. Por ejemplo, ¿ignora este intelectual progresista que populismo es un concepto “creado” por intelectuales marxistas rusos y por intelectuales yanquis para identificar respectivamente a la organización de campesinos y de granjeros, contraria a la organización gremial proletaria urbana? ¿También ignora que el fascismo fue una experiencia típicamente italiana, basada en la tradición republicana romana y en la recuperación de su grandeza imperial? Como desconoce la historia argentina, y en especial la situación en vísperas de la aparición del peronismo, el señor Iglesias sostiene infundadamente que “para el general Perón el modelo a seguir era el del fascismo italiano”. Evidentemente, este señor desconoce que el fascismo se fundamentaba en la tradición milenaria de la Roma italiana y tenía como meta forjar la grandeza del Estado y la expansión imperial, mientras que el peronismo tiene como sustento doctrinal ideológico la tradición filosófica humanista, cristiana y popular de la Argentina, y que su meta era y es forjar la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, concibiendo al Estado como el instrumento que permite hacer posibles esos objetivos. Para el fascismo, el individuo sólo alcanza su plenitud como miembro del Estado; para el peronismo, el individuo sólo alcanza su plenitud como pueblo libre, organizado, mientras que el Estado debe proteger esa libertad del pueblo organizado.
MFM-Fernando Iglesias
Fernando Iglesias
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David Rockefeller
Braden, Spruille
Spruille Braden
La Argentina pre-peronista. El señor Iglesias hace gala de una ignorancia histórica suprema, ya que desconoce totalmente la realidad económica, social, política y cultural que padecía la comunidad argentina antes del surgimiento del peronismo. Según su interpretación, la Argentina era un país serio que el peronismo vino a degradar. Bien podría el señor Iglesias informarse con autores como Norberto Galasso, Raúl Scalabrini Ortiz, Fermín Chávez, Jorge Abelardo Ramos, José María Rosa. Ignora que hasta 1943 la Argentina cumplía el rol de “granero del mundo”, para alimentar a la economía británica; que las inversiones dependían de capitales ingleses y se enfocaban en las áreas de transporte, servicios y finanzas; que los gobernantes se elegían fundamentalmente en la Cámara de Comercio argentino-británica, y por lo general eran abogados vinculados a empresas británicas radicadas en el país; que en 1933 la Argentina había firmado un infame Tratado con Gran Bretaña (Roca-Runciman), en la que el país se aseguraba el mercado inglés para la exportación de carnes, pero concedía la creación del Banco Central dominado por la banca inglesa (1935) y la concesión del transporte público en la ciudad de Buenos Aires. Ignora que la política era dominada por la oligarquía agro-ganadera liberal y asociada al imperialismo inglés, bajo el régimen de una democracia restrictiva, sustentada en el llamado “fraude patriótico”. Ignora lo que reconocen los mismos historiadores antiperonistas: que desde 1852 y hasta 1943 dominó y manejó la Argentina una alianza entretejida entre el sector ganadero bonaerense, la burguesía mercantil porteña y las finanzas inglesas (H. S. Ferns, La Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972).
Ignora el señor Iglesias que hacia 1937 el 95% de las personas que trabajaba en el campo no era propietaria; que gran parte de las ganancias obtenidas por los dueños de las tierras no eran reinvertidas en la producción, sino que se despilfarraba en gastos suntuarios; mientras el intermediario (por ejemplo, Bunge y Born) acopiaba granos y los exportaba, fijaba el precio final de la producción, según los valores internacionales, además de ser dueño de gran parte de toda la cadena de comercialización (almacenes, empresas de ultramar, transporte ferroviario, etc.). Desconoce que el proceso económico agropecuario se motorizaba en gran parte con empréstitos externos.
En síntesis: FI desconoce que antes del peronismo el país, en materia económica, padecía una fuerte presencia del capital extranjero (mayoritariamente inglés), estaba exteriormente endeudado, necesitaba contar siempre con superávit en la balanza comercial para poder girar fondos al exterior, carecía de políticas comerciales, y los pagos y giros al exterior excedían en un 30% a lo obtenido por las exportaciones. Además, carecía de una política social adecuada que estableciera una justa distribución del ingreso, y los saldos de la balanza comercial se obtenían sobre la baja del consumo de la clase obrera, la cual sufría en mayor medida el ajuste económico.
Algunas realizaciones históricas del peronismo. El señor Iglesias desconoce que la obra revolucionaria del peronismo le quitó al poder financiero internacional, fundamentalmente británico y angloamericano, el control y manejo de los recursos económicos del país, ya que nacionalizó el Banco Central y los depósitos bancarios, rescató la deuda pública externa, nacionalizó los ferrocarriles, los sistemas de telecomunicaciones, la industria del gas, gran parte de la producción de energía eléctrica, la actividad aseguradora, e instituyó el control estatal del comercio exportador de cereales y carnes (eliminando el oligopolio del comercio exterior en manos privadas extranjeras). Además, fundó empresas estatales de aeronavegación, de navegación de ultramar y de cabotaje, estableció una industria aeronáutica propiedad del Estado, etc. (H. S. Ferns, La Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972). Desconoce e ignora también que en 1947 Perón repatrió la totalidad de la deuda externa que tenía el país, y que mantuvo a la Argentina país fuera de las garras del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, sin contraer deuda externa en lo más mínimo.
En concreto, el autor de este texto panfletario nada dice sobre el rediseñó del Estado y la planificación gubernamental a través de la elaboración de Planes Quinquenales. No está enterado que el rescate de la deuda externa y la nacionalización de empresas públicas benefició a la economía nacional, porque disminuyó el giro de remesas al exterior (del 30% de las exportaciones al 5% de las mismas), y que el gobierno ejecutó políticas económicas y sociales sin depender de las finanzas foráneas (método de los gobiernos anteriores). Tampoco dice nada sobre la impronta industrial del gobierno peronista, en cuanto aprobó el Plan Siderúrgico Nacional, creó la Dirección de Industrias, el Banco de Crédito Industrial, la empresa Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado, la planta siderúrgica de San Nicolás y los Altos Hornos de Zapla. Nada dice sobre los inicios de la investigación de la energía nuclear a través de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Y que en 1943 había 65.803 establecimientos fabriles, que en 1948 habían aumentado a 104.000 y en 1955 la cifra se había elevado a 181.773 establecimientos.
Evidentemente, no sabe el señor Iglesias que la industrialización de signo nacional ofrecía la posibilidad de romper el ciclo agroexportador que para subsistir dependía de los precios internacionales y del financiamiento externo. Desconoce en forma absoluta la importante función que cumplió el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI), que interactuaba entre los productores nacionales y los compradores extranjeros, en particular en las exportaciones de cereales, carnes y cueros, neutralizando el poder concentrador dominante de las empresas multinacionales en perjuicio de los productores; que defendían la eventual caída de precios internacionales de nuestros productos en la época de la pos-guerra; que abarataba los precios importados, al concentrar el poder de compra en una sola mano; que cuando los precios internacionales bajaban subsidiaban al productor por encima de ese precio. Tampoco parece estar enterado que este organismo otorgaba fondos a las reparticiones públicas para compra de bienes de capital; que intervino en la compra de los ferrocarriles y de buques para la marina mercante; que financió a varias provincias para la compra de camiones, tractores y para la realización de obras viales; que encargó a astilleros holandeses e ingleses la fabricación de buques de pasajeros y de carga refrigerada.
Respecto a la situación social, entre otras cosas ignora el señor Iglesias que el salario real industrial aumentó un 60% desde 1943 a 1955; un 400% la fabricación de heladeras; un 163% la compra de aparatos de radio; un 269% el turismo a Mar del Plata; un 368% la afiliación al sistema previsional (de 481.837 a 2.256.580 personas). Tampoco sabe que el porcentaje de los créditos otorgados a la industria en relación con el total pasó del 34% en 1944 al 56% en 1949; que se otorgó a los trabajadores el sueldo anual complementario (aguinaldo) y se implantó el sueldo mínimo; que se sancionó el Estatuto del Peón, la Ley de Despido (que preveía el preaviso y la indemnización) e instituyó las vacaciones pagas, dando vigor extraordinario al turismo en lugares y zonas donde sólo podían concurrir los ricos.
Causa gracia que este señor llame demagogia y populismo al hecho que en la distribución del ingreso interno neto la política peronista aplicada lograra que la remuneración de los trabajadores pasara del 45,20% en 1946 al 55% en 1955, al mismo tiempo que los ingresos de propietarios, profesionales y empresarios pasara del 54,80% en 1946 al 45% en 1955. También causa gracia que ignore que desde el año 1943 hasta el año 1946 la Argentina tuvo un saldo positivo en su balanza de pagos: m$n 3.646 millones; desde 1947 a 1949 un saldo negativo de m$n 2.818 millones; en 1950 un saldo positivo de m$n 693 millones; de 1951 a 1952 un saldo negativo de m$n 2.449 millones, y de 1953 a 1954 un saldo positivo de m$n 2.122 millones. Esto significó un saldo positivo en la balanza de pagos, desde 1943 a 1954, de m$n 1.194 millones. También ignora que la balanza de pagos a 1954, según datos del Banco Central, era de m$n 696,70 millones a favor del país (con Austria, Checoslovaquia, Chile, Dinamarca, Finlandia, Israel, Hungría, Japón, Noruega, Países Bajos, Paraguay, Polonia, Reino Unido, Suecia, Unión Soviética y Yugoslavia) y de m$n 765,40 millones en contra (Alemania, Brasil, Ecuador, Francia, Italia, Rumania), con un saldo negativo de m$n 68,70 millones.
Desconoce que, en el plano educativo, el gobierno peronista eliminó el arancel universitario y edificó más de 1000 escuelas, hasta el año 1950 (Ana Jaramillo, El peronismo y la educación, Universidad Nacional de Lanús, 2011). Que en el plano de la salud disminuyó la cifra de 23.000 enfermos palúdicos agudos (en 1938) a 500 (en 1949); que promovió la fabricación nacional de penicilina, insumo básico que se importaba en su totalidad; que incrementó los servicios de salud con sus respectivos establecimientos, pasando de un total de 66 mil camas hospitalarias en 1946, a 114.600 camas en 1951 y a 134 mil en 1954 (Daniel Alberto Chiarenza, Santiago del Estero – Belém do Pará, Una vida, un destino… Ramón Carrillo, Edición del autor, Burzaco, 2010, pp. 184, 196 y 204). Ignora que en el plano de la maquinaria industrial agrícola, de 109 establecimientos con 8.000 personas ocupadas en 1951 se pasó a 276 establecimientos con 18.000 personas ocupadas en 1955, con una producción que representaba en 1955 seis veces el promedio de los años 1937-1939. Que en el plano de la producción de electrodomésticos, de 14.319 heladeras fabricadas en 1941 se llegó a 83.600 fabricadas en 1953, de 4.774 calefones fabricados en 1941 a 33.686 en 1953, de 84.900 planchas en 1941 a 224.619 en 1953, de 15301 ventiladores fabricados en 1941 a 269.539 en 1953 (Claudio Belini, La industria peronista, Edhasa, Buenos Aires 2009, pp. 108 y 138). Que en el ámbito de la vivienda, desde 1948 hasta 1954 se construyeron 26 millones de m2; que se construyeron grandes barrios obreros (Crisoldini, Barrio Obrero Berazategui, Modelo, Ciudad Evita, Los Perales, etc.); que de 10.000 casas construidas en 20 años por la Comisión Nacional de Casas Baratas se pasó a 70.000 viviendas por año en el gobierno peronista (Horacio Gaggero-Alicia Gorro, Del trabajo a la casa. La política de vivienda del gobierno peronista 1946-1955, Biblos, Buenos Aires 1996). Nada dice que en el ámbito cultural aumentaron anualmente los estrenos de cine nacional: 23 películas en 1945, 32 en 1946, 38 en 1947, 42 en 1948 y 47 en 1949 (Clara Kriger, Cine y peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires 2009, pp. 50-51).
Las categorías hermenéuticas híbridas que utiliza el señor Iglesias le impiden aceptar que el peronismo modernizó las relaciones sociales, promovió los derechos de la mujer (básicamente con la sanción del voto femenino), fortaleció las organizaciones sindicales, hizo realidad las conquistas laborales sancionadas legislativamente pero que no tenían ninguna vigencia, además de promover conquistas nuevas (vacaciones pagas, sueldo anual complementario, convenios colectivos de trabajo, creación de las comisiones y delegados de fábricas, inembargabilidad del salario, etc.). Nada dice que dinamizó la economía, generando el pleno empleo y elevando los salarios reales; tampoco dice nada respecto a la redistribución de los ingresos lograda a favor de los trabajadores, la creación de los tribunales de trabajo y el funcionamiento de las delegaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión en el interior del país, la institucionalización de los sindicatos (mediante la Ley de Asociaciones Profesionales).
Tampoco entiende el profundo significado político, económico y soberano de la nacionalización de los ferrocarriles en manos de empresarios británicos y franceses, tan magistralmente resaltado por Raúl Scalabrini Ortiz. Ninguna referencia hace tampoco a la nacionalización de las telecomunicaciones, en manos de la norteamericana International Telegraph and Telephon (ITT), y la creación de la estatal ENTEL. Lo mismo le pasa con la nacionalización del servicio de gas y la creación de Gas del Estado, con la posterior provisión domiciliaria del gas, y con la promoción del Plan Siderúrgico Nacional y la creación de SOMISA. Desconoce absolutamente la importancia de la nacionalización de la actividad aseguradora. Nada dice de los esfuerzos por lograr la integración económica con los países hermanos de Sudamérica y la unión de los trabajadores latinoamericanos.
Lamentablemente, el señor Iglesias no tiene la más pálida idea de lo que significó históricamente la decisión de Perón de mantener a la Argentina fuera de la influencia del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, conservando así la independencia económica y financiera, indispensables para forjar la independencia económica nacional y consolidar el desarrollo integral del país. Minusvalora los intercambios comerciales entablados por el gobierno peronista con los países de Europa, no sólo Inglaterra, con Estados Unidos y los países socialistas europeos, dando muestras de una política exterior independiente de las garras diplomáticas y financieras británicas.
Este crítico del peronismo, eximio en ignorancia, desconoce el deterioro y retroceso económico, en perjuicio del pueblo argentino y para beneficio de los pequeños pero poderosos grupos de poder, que produjo el golpe de Estado de 1955: el retorno a la política dependiente colonialista, a favor de Inglaterra, gracias a lo cual este país pagaba un 28% más barato las exportaciones argentinas de carne (mientras los países europeos abonaban con un 11-15% de aumento). En este contexto, las reservas del Banco Central volvieron a ser utilizadas para financiar la compra de insumos al exterior, pero con la diferencia que el país vendía barato lo que exportaba y compraba caro lo que importaba, razón por la cual el comercio exterior comenzó a ser deficitario a partir de 1957.
No sabe este señor que entre setiembre de 1955 y agosto de 1957 el costo de vida general aumentó en Argentina un 50%, el salario del obrero industrial un 32%, el sueldo del empleado público un 20% y los haberes jubilatorios un 12%. En el consumo popular se reflejó visiblemente este deterioro: de 1955 a 1960, el consumo de carne bajó de 92,3 kg. a 68,2 kg. por habitante; de 96 a 83 litros de leche por habitante; de 56 a 23 unidades de huevos por habitante; de 63 a 41 kilos de papa por habitante. Los ingresos por habitante, según datos de la CEPAL, de los m$n 3.568 en 1955 pasó a m$n 3.481 en 1956, a m$n 3.477 en 1957, a m$n 3.506 en 1958, a m$n 3.367 en 1959 y a m$n 3.459 en 1960.
Tampoco sabe que, respecto al esparcimiento público, en 1955 concurrieron 4.736.697 personas a ver partidos de fútbol profesional en todo el país, mientras que en 1960 fueron 3.956.642 personas; en 1955 concurrieron 432.100 personas a ver peleas de box profesional en Capital Federal, mientras que en 1960 fueron 296.000; en 1955 concurrieron 4.344.200 personas a teatros de la Capital Federal, mientras que en 1960 fueron 2.988.000; en el rubro de cinematógrafos de la Capital Federal, en 1955 concurrieron 64.658.000 de personas, y 54.985.800 en 1960.
Tampoco conoce los datos de muestran el deterioro que presenta la producción agrícola, luego del golpe de Estado de 1955. En 1954/55, la producción de trigo alcanzó las 7.690 mil toneladas, la avena las 890 mil toneladas, la cebada las 1.112 mil toneladas, el centeno las 844 mil toneladas y el lino las 405 mil toneladas. En 1960/61, la producción de trigo disminuyó a las 4.000 mil toneladas, la avena a las 820 mil toneladas, la cebada a las 790 mil toneladas, el centeno a las 530 mil toneladas, mientras que el lino subió a las 570 mil toneladas. En síntesis: del total de 10.341 mil toneladas producidas en 1954/5, se pasó a un total de 6.710 mil toneladas. la producción en la década 1946-1955.
Tampoco valora este personaje las grandes medidas transformadoras que implementó el gobierno peronista en 1973-1976, como fue la nacionalización de los depósitos bancarios, la nacionalización de las bocas de expendio de combustibles, el impulso dado a la construcción de viviendas populares, el fortalecimiento de los salarios reales, la implementación del Pacto Social (que le costara la vida al dirigente sindical José Ignacio Rucci), la convocatoria a la unidad nacional y la consulta impulsada con la mayoría de los partidos políticos, más allá de la supremacía electoral comprobada en las elecciones de setiembre de 1973 (62,9% del padrón electoral).
Bien le vendría al señor Iglesias abandonar su erudita y profusa ignorancia, además de su deformación intelectual, y recurrir a la lectura de la biografía de Perón publicada por el historiador Norberto Galasso, para enterarse de la obra revolucionaria y patriótica del peronismo y la tremenda importancia histórica que tuvo en la vida de la Nación (Norberto Galasso, Perón. Formación, ascenso y caída, Ediciones Colihue, Buenos Aires 2005, 2 Tomos). También podría abordar un texto más breve del abogado español Fernando Alonso Barahona, Perón o el espíritu del pueblo, Criterio Libros, Madrid 2003), para enterarse un poco de la obra revolucionaria de Juan Domingo Perón.
El desvarío ideológico. En su kilométrico parloteo progresista, el señor Iglesias desconoce que “el peronismo histórico fue el gran protagonista de la recuperación de la memoria colectiva” y que “desarrolló un proyecto autónomo integrador de la sociedad que se propuso también la integración geográfica”; que “puso la moneda al servicio del desarrollo nacional, más allá de los errores de instrumentación” (Carlos Leyba, Economía y política en el tercer gobierno de Perón, Editorial Biblos, Buenos Aires 2010). Ignora también que el peronismo fue tránsito obligado hacia la construcción de un mercado nacional, ampliado a través de la redistribución del ingreso y abastecido mediante una nueva industria nacional, protegida e impulsada por un Estado dinamizador. Desconoce el “intérprete” progresista que la etapa del peronismo fue en esencia una etapa fundadora, ya que después de Perón el país fue definitivamente otro.
Pero en base a no sabemos qué formación intelectual, el señor Iglesias se permite hacer descalificaciones personales de Juan Domingo Perón, en cuanto lo define como “cínico”, como expresión del “nacionalismo populista autoritario argentino”, como expresión de la “fracción populista del Partido Militar argentino”, como “padre de la mafia justicialista” etc. Con este tipo de lenguaje y calificativos, este confeso partidario de la socialdemocracia internacional se muestra como verdadera reencarnación del nefasto Spruille Braden. En contra de Perón, Iglesias rescata la figura progresista de Fernando Henrique Cardoso, olvidando que el ex presidente brasileño forma parte de la Fundación Rockefeller y de Diálogo Interamericano, el dispositivo progresista social-demócrata imperialista creado por David Rockefeller y Cyrus Vance en octubre de 1982.
En realidad, esta fobia antiperonista del señor Iglesias se nutre por su pertenencia al Movimiento Federalista Mundial, en emprendimiento globalizador internacionalista, de origen suizo pero asentado en Estados Unidos y Holanda, el cual constituye la matriz de la que se nutre su ideología mundialista y contraria a la soberanía nacional de los pueblos y los Estados. Esta organización fue creada inmediatamente después de la finalización de la Segunda Guerra mundial, en 1947 en la ciudad de Montreaux (Suiza), con la finalidad de promover la “realización de la paz global y de la justicia a través del desarrollo de instituciones democráticas y la aplicación de la ley internacional”, razón por la cual “trabaja asociada con las Naciones Unidas, con gobiernos y otras instituciones internacionales y regionales en todo el mundo” para promover “una misión de paz, prosperidad y seguridad para todos”.
En la Declaración de Montreaux (documento fundacional) se explicita el carácter mundialista-internacionalista del movimiento, acorde con el objeto de la plutocracia financiera anglosajona de instituir un nuevo orden mundial: “nosotros, federalistas mundiales, estamos convencidos que el establecimiento de un gobierno federal mundial es el problema crucial de nuestro tiempo”. El conflicto de fondo, para este mundialismo, es entre el federalismo y los poderes políticos, porque “sólo el federalismo puede asegurar la supervivencia del hombre”. En este contexto, estos federalistas mundiales sostienen que “la humanidad puede liberarse a sí misma de la guerra sólo a través de un gobierno federal mundial”. En tal sentido, uno de sus principios fundamentales es la de “limitar la soberanía nacional, y transferir al gobierno federal mundial los poderes legislativo, ejecutivo y judicial en relación con los asuntos mundiales” (Principio n. 2). Otro de sus principios es la “creación de fuerzas armadas supra-nacionales capaces de garantizar la seguridad del gobierno federal mundial y de sus Estados miembros” y el “desarme de las naciones miembros al nivel de sus requerimientos políticos internos” (Principio n. 4). Una de las líneas de acción que se propone en esta Declaración es la de “presionar a gobiernos y asambleas legislativas para transformar la ONU en un gobierno federal mundial, mediante el aumento de su autoridad y recursos”.
Entre las organizaciones que aportan fondos para el trabajo mundialista anti-nacional de este movimiento se cuenta la Fundación Ford (clan Rockefeller y Departamento de Estado norteamericano), la John D. and Catherine T. MacArthur Foundation, la Open Society Foundation (de George Soros), la Samuel Rubin Foundation, la Herman Goldman Foundation, la Unión Europea, el gran Ducado de Luxemburgo, el Reino de Bélgica, el Reino de Dinamarca, el Reino de Holanda, el Reino de Noruega, el Reino de Suecia, el gobierno de Nueva Zelanda, las repúblicas de Austria y Finlandia, el principado de Liechtenstein y la Confederación Suiza.
Se entiende ahora el antiperonismo del señor Fernando Iglesias, en función de su pertenencia a un movimiento mundialista que busca limitar las soberanías nacionales, en coincidencia con el objetivo de la plutocracia financiera mundial de raíz anglosajona de instituir un nuevo orden mundial. Ataca la figura de Perón y al peronismo porque constituyen justamente la expresión más acabada de la nacionalidad argentina, contraria al imperialismo anglosajón que ha perturbado la historia argentina y el desarrollo nacional hasta nuestros días.
También se entiende por qué el señor Fernando Iglesias exhala un profundo sentimiento antiperonista: no sólo reencarna el espíritu fundacional antiperonista de Spruille Braden, sino que expresa también una coincidencia absoluta con David Rockefeller (“Perón les hizo muchísimo daño a los argentinos”, 12/10/2004) y con su discípula Condolezza Rice, funcionaria de Chevron Corp., miembro del Council on Foreing Relations y ex secretaria de Estado en el gobierno de Bill Clinton (“Perón fue un populista cuya demagogia no hizo bien a su país”, 12 de mayo de 2005).
En realidad, el señor Fernando Iglesias se muestra como un verdadero experto en la ignorancia de la historia argentina y como fiel vocero de David Rockefeller y el imperialismo financiero-industrial anglosajón que este representa. Por eso se le puede recomendar a este neo-Braden nacido accidentalmente en Argentina que agarre los libros que no muerden, estudie y se instruya, porque confunde y pone al mismo nivel a Juan Domingo Perón y al peronismo con las últimas expresiones de neo-peronismo pejotista y kirchnerista, que han olvidado y exiliado históricamente a Perón, de quien se creen superiores y superadores. Esperemos que el señor Fernando Iglesias se dé cuenta que “esto no es el peronismo, estúpido”.

José Arturo Quarracino Juan Carlos Vacarezza
Sub-coordinador general Coordinador general

SOMOS ANTICAPITALISTAS, PERO CON LOS BANCOS NOS PORTAMOS BIEN. El Socialismo “Financiero” latinoamericano

Más allá de las críticas y diatribas contra el capitalismo y contra la globalización impulsada por el mal llama-do neo-liberalismo (que en realidad es un neo-imperialismo), en su gran mayoría los gobiernos latinoamericanos auto-promocionados como progresistas han sido socios y benefactores del poder financiero angloamericano que domina e impera en la economía mundial.
En una nota anterior (“Rockefeller y el Che, ¿un solo corazón?”) destacamos la concordancia política que se ha institucionalizado entre el mencionado poder, comandado por la corporación Rockefeller como coordinador y aglutinante de las empresas multinacionales que logran grandes ganancias en sus operaciones comerciales con los países iberoamericanos, y los mencionados gobiernos que se presentan como críticos feroces del capitalismo y reivindican un “socialismo” que en muchos casos respeta a rajatabla la matriz económico-financiera especulativa impulsada a nivel mundial durante las décadas ’80 y ’90.
El acuerdo y la concordancia no han sido solamente políticos, sino también económicos y financieros. Por ejemplo, tal como destaca una nota publicada por la agencia Bloomberg en marzo de 2013, los bonos internacionales emitidos durante los 14 años de gobierno del fallecido comandante Hugo Chávez Frías en Venezuela produjeron a los inversores un 692% de rendimiento (Juan Barreto, “Nicolás Maduro. Con Chávez, su mentor, Venezuela nunca incumplió un pago”, Clarín, 10 de marzo de 2013). Destaca la nota que en esos años el ex presidente venezolano nunca incumplió un pago de esos bonos, lo cual “produjo retornos de más del doble del promedio regional”. La ganancia obtenida fue equivalente a un 14,7% anualizado, “mayor a la de los países con grado de inversión como Brasil, cuya deuda rindió un 656%”, y superó “promedio del 370% del mercado de emergentes durante ese período”. En definitiva, el socialismo bolivariano del siglo XXI hizo muy buena letra y cumplió a rajatabla con el poder financiero angloamericano globalista, definido por Alfredo Jalife Rahme como “los Amos del universo”.
También el ex dirigente sindical y líder del Partido de los Trabajadores brasileño, Ignacio Lula da Silva, y su sucesora, la ex combatiente marxista Dilma Roussef, han sabido ser generosos con el poder financiero internacional en su relación con Brasil, en sus gestiones como presidentes. El sector bancario ha sido el más beneficiado con las políticas económicas implementadas en el país hermano por los gobernantes “socialistas”. Según el periodista y analista Dan Horch, “los beneficios anuales combinados de los cuatro bancos más grandes del Brasil han crecido más del 850%, de 2.100 millones de dólares a más de 20.000 millones, en los 12 años del Partido de los Trabajadores gobernante” (Dan Horch, “In Good Times or Bad, Brazil Banks Profit” [En los buenos o malos tiempos, los bancos en Brasil ganan], New York Times, 14 de agosto de 2015).
En el mercado de créditos, excluidos los préstamos subsidiados por el gobierno, los consumidores brasileños pagan en promedio un 58% de interés, mientras que las empresas pagan un 27,5% por el dinero que piden prestado. La brecha entre el interés que los bancos pagan para atraer capitales y el interés que cargan en los préstamos que otorgan es del 30% en promedio.
Cuando Lula da Silva asumió la presidencia, en el año 2003, los cuatro bancos más grandes tenían “el 53% de los activos totales del sistema bancario”, mientras que en la actualidad “tienen más del 70%”, obligando a muchos de los bancos más pequeños operan “sólo en segmentos limitados del mercado”. Por otra parte, la deuda del sector privado “se ha elevado a casi el 70% de la economía, del 30% que abarcaba cuando Lula da Silva asumió su cargo” en el 2003.
También nuestro país se ve infectado por este servicio que el progresismo brinda a los bancos nacionales e internacionales. Si entre el 2001 y el 2005 los bancos acumularon un quebranto de casi 23.600 millones de pesos, entre el 2006 y el 2011 esos mismos “quebrados” obtuvieron una ganancia de casi 32.000 millones de pesos. Casi un tercio de este total lo lograron los bancos en un solo año, el 2010 (Javier Blanco, “la banca argentina cerró su mejor año en toda la década”, en La Nación, 8 de enero de 2011). En el año 2014 los bancos lograron una ganancia de 45.937 millones de pesos en comparación con el año anterior, es decir, un 57,6%. Los patrimonios netos de los bancos en Argentina se elevaron de $ 41.380 millones en el año 2008 a $ 168.134 millones en el año 2014. El re-torno obtenido sobre el capital fue de 7 puntos en el año 2005 y se fue incrementado sin parar, hasta llegar a 32,7 puntos en el 2014, es decir, aumentó 4 veces y media (Juan Pablo de Santis, “el 2014 fue un buen año para ser dueño de un banco privado en Argentina”, en La Nación, 4 de marzo de 2015).
Este festival de negocios de los bancos en Argentina está amparado por la vigencia ininterrumpida, durante más de 38 años, de la Ley de Entidades Financieras n. 21.526/77 sancionada por Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz el 14 de febrero de 1977. Es decir, la elevada rentabilidad financiera y bancaria en Argentina está amparada por la vigencia de una ley del Proceso de Reorganización Nacional. ¿No resulta llamativo y raro que el gobierno auto-proclamado como el más transformador de nuestra historia se sustente en leyes de la dictadura cívico-militar de 1976, sobre todo en el campo económico-financiero, vital para el desarrollo de un país? A partir de 1943, entre otras medidas de carácter revolucionario, Perón y el GOU impulsaron la nacionalización del comercio exterior, la nacionalización del Banco Central y la nacionalización de los depósitos bancarios, para sustentar la independencia económica de nuestra Patria. Por el contrario, los gobiernos democráticos posteriores al Proceso mantuvieron la matriz económico-financiera impuesta por José A. Martínez de Hoz y sus Chicagos boys, a punta de bayonetas. Curiosa contradicción: el auto-titulado “proceso más transformador de la historia argentina” se sustenta en las leyes de la sangrienta y servil dictadura de 1976. Es que, muchachos, no hay que exagerar, ni ser tremendistas ni pasarse de rosca: la “revolución” debe hacerse sin molestar ni perjudicar en lo más mínimo al imperialismo internacional del dinero.

EL CHE Y ROCKEFELLER, ¿UN SOLO CORAZÓN?

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Llama la atención el extraño maridaje y compañerismo que se ha establecido explícitamente desde hace algu-nos años entre la oligarquía financiera-industrial angloamericana, con David Rockefeller a la cabeza, y la social-democracia iberoamericana. Ésta última hace alarde de su carácter “progresista” y de criticar al neoliberalismo y al proceso de globalización que impulsa la mencionada oligarquía, pero por otro lado no duda en dejarse agasajar to-dos los años por ésta y de mantener una fluida relación de amistad con ella.
David Rockefeller fundó en 1965 el Consejo de las Américas, para impulsar “el libre comercio” y “la ini-ciativa privada” a lo largo de todo el continente americano (Norte, Centro y Sur). Inicialmente constituida exclusi-vamente por las multinacionales estadounidenses, con el paso del tiempo pasaron a formar parte del Consejo las principales empresas multinacionales norteamericanas, europeas, iberoamericanas y asiáticas, todas controladas por la familia Rockefeller, con Chevron Corp como empresa corporativa patrón. Actualmente son miembros del Con-sejo, empresas Pymes y cooperativas obreras como American Express Company, Archer-Daniels-Midland Compa-ny, Bank of America, Bank of New Scotia, Barrick Gold Corporation, BlackBerry, Bank of New York-Mellon, Bunge Limited, Cargill Incorporated, Cisco Systems, Citigroup Inc., The Coca-Cola Company, Direct TV Lati-noamerican, Exxon Mobil Corp., Federal Express, Financial Times, Ford Motor Company, General Electric Com-pany, Goldman Sachs, Google Inc., Hewlett Packard Company, IBM Corp., J. P. Morgan-Chase, Johnson & John-son, Kraft Foods International, Marriot International, Mc Donald Corporation, MetLife Inc., Microsoft Corpora-tion, Monsanto Company, Pepsico, Visa International, Wal-Mart Stores Inc., Western Union Company, Aeropuer-tos Argentina 2000, Bridas Corporation, Banco de la Ciudad de Buenos Aires, Banco de la Nación Argentina, IR-SA, Banco do Brasil, Camargo Correa, Itaú Unibanco Holdings, Odebrecht, Petrobras, Grupo Prisa, Credit Suisse Bank, Deustche Bank, Repsol, Shell, Telefónica Internacional.
Esta guarida de multinacionales a la Rockefeller se ha constituido en el ámbito en el que se efectivizan anual-mente los vínculos del imperialismo internacional del dinero con los representantes del progresismo revolucionario latinoamericano, con indigenismo incluido. Quien lo desee puede comprobar esta extraña amistad entre quienes concentran la riqueza del mundo en sus manos y nuestros “líderes” críticos del imperialismo yanqui, consultando la página web del mencionado Consejo (http://www.as-coa.org/), así como también los respectivos Informes Anuales que se editan detallando las actividades del organismo y las visitas que recibe.
En esas páginas se puede constatar que los “camaradas proletarios” David Rockefeller, Susan Segal, John Negroponte, Thomas Shannon, William Rhodes, Alan Stoga, etc., confraternizan y se abrazan anualmente con Mi-chelle Bachelet, Rafael Correa, Evo Morales, Lula, José Mujica, Juan Manuel Urtubey, Alejandro Bulgheroni, Néstor y Cristina Kirchner, Ollanta Humala, Juan Manuel Santos, Marcelo Midlin, Eduardo Elsztain, Miguel Gallucio, Axel Kicillof, Ricardo Lagos, etc. Pero ni uno ni otros se equivocan o cometen un error. Se trata de una amistad política sólida.
Esa misma oligarquía plutocrática, con David Rockefeller a la cabeza, durante la década del 70 apadrinó los golpes militares contra las democracias iberoamericanas, para imponerles a nuestros pueblos el endeudamiento externo crónico, el modelo económico monoproductivo-dependiente y la matriz financiera especuladora y predado-ra. Posteriormente, a partir de 1982, comenzó a reemplazar los gobiernos militares por gobiernos “democráticos” presididos por representantes de la social-democracia vernácula, congregados por David Rockefeller, McGeorge Bundy, Cyrus Vance y Henry Kissinger en Diálogo Inter-americano. Esos nuevos gobiernos desarrollaron gestio-nes políticamente correctas y respetaron el esquema económico-financiero, extranjerizante y depredador impuesto por los gobiernos militares, y canalizaron sus anteriores ínfulas guerrilleras y revolucionarias exclusivamente en lo cultural, en temas afines a la ideología de la plutocracia financiera dominante.
De este maridaje oligarca-revolucionario no se salvó ni siquiera el “Patriarca cubano de la revolución socialis-ta latinoamericana”. El 19 de octubre de 1995, durante la celebración del 50º aniversario de la creación de la ONU, David Rockefeller recibió y agasajó a Fidel Castro en Nueva York, en la Harold Pratt House, la mismísima sede del Council on Foreign Relations, el “think tank” con el que la oligarquía angloamericana gobierna Estados Unidos y su política de relaciones exteriores.
Y el 19 de febrero de 2001, el mismo David Rockefeller visitó en La Habana a Fidel Castro, junto con 19 miembros del Council on Foreign Relations. Luego de ese viaje encomió a Fidel Castro como una persona “muy carismática, llena de entusiasmo y muy amable”, y que estaba “contento porque ese grupo había viajado a la isla”. Si bien afirmó que estaba en presencia de “un gobierno totalitario, básicamente socialista, que a mí no me genera muchas simpatías”, no dejó que afirmar que el régimen castrista “fue en muchos sentidos, exitoso y que uno debe reconocer que hicieron una cantidad de cosas positivas” (1).
Rockefeller, Videla y Martínez de Hoz
Rockefeller – Videla – Martínez de Hoz (1979)
Rockefeller-Castro
Rockefeller – Fidel Castro (1995)

Ante estas evidencias, cabe preguntarse si en todos estos años, desde ambos lados del espectro político, nos han hecho creer que estábamos frente a una guerra a muerte entre el capitalismo y el comunismo-socialismo en sus diversas expresiones, aunque en realidad se trataba de una simulación. ¿Creen los representantes del progresismo latinoamericano que a través de su amistosa sumisión al poder financiero internacional podrán llevar a cabo la con-figuración de un mundo más justo y solidario que nuestros pueblos anhelan? ¿Esta extraña alianza entre el capitalismo financiero internacional y el progresismo latinoamericano no contradice las viejas consignas “la sangre derramada no será negociada” y “hasta la victoria siempre”? ¿La victoria de quién?
Rockefeller-Bachelet Michelle
con Michelle Bachelet (2007)
cfk-rockefeller
Rockefeller tupamaro
con Pepe Mujica (2014)

(1) “Rockefeller: por qué visité a Fidel Castro”, en La Nación, 23 de febrero de 2001, nota de María O´Donnell, corresponsal del diario en Estados Unidos (ver http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=53452). Para más datos, se puede consultar el in-forme oficial de esta visita publicado en Granma Internacional, edición del 19 de febrero de 2001 (en http://www.latinamericanstudies.org/us-cuba/cfr-cuba.htm).