¿ROCKEFELLER SENTADO EN LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO?

Carta Abierta a MONSEÑOR MARCELO SÁNCHEZ SORONDO

 

 

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo

Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias

Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales

 

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Estimado monseñor:

Gracias a las enseñanzas e influencia de monseñor Michel Schooyans, desde el año 1997 me he estado ocupando de la defensa de la vida humana, sobre todo a partir del momento de la concepción. En particular, me he dedicado a desentrañar el contexto y el trasfondo político que hay detrás de las campañas sistemáticas y constantes contra la creación divina, y en especial contra los seres humanos que vienen al mundo y son condenados a morir sin poder llegar a ver la luz nunca jamás.

A lo largo de mi militancia política he trabajado en particular sobre esta temática, tan cara a la vida de los pueblos. Es por eso que me permito dirigirle estas líneas, porque he visto con gran asombro, estupor e indignación, que las Pontificias Academias de las que usted es Canciller han organizado para los días 27 de febrero-1 de marzo del corriente año un “Taller” sobre la Extinción Biológica, y que entre los expositores se cuenta uno en particular que es un paradigmático representante de los enemigos de la raza humana, en nombre del dios dinero que tanto condena el papa Francisco.

Es digno y encomiable que ambos institutos lleven a cabo una actividad sobre este tema que le compete a la Iglesia en su labor misionera, en cuanto uno de sus compromisos primordiales es el de hacerse cargo y custodiar la creación divina, junto con su misión fundamental de anunciar el Evangelio.

También es digno y encomiable que se lleve a cabo esta actividad, con el rigor y la seriedad científicos que suele ser habitual en ambas Academias, dado el excelente nivel intelectual y humano de sus miembros, que honran la labor tan importante y delicada que el Santo Padre san Juan Pablo II definió como “pastoral de la inteligencia”.

bongaarts-john2En este contexto, lo que asombra e indigna es que haya sido invitado como expositor el señor John Bongaarts, vice-presidente el Population Council, entidad fundada en el año 1952 por John Davison Rockefeller III, con el objetivo de desarrollar planes y programas a nivel mundial para llevar a cabo el control del crecimiento poblacional o el control de la natalidad.

Usted, monseñor, no puede ignorar que este señor está trabajando desde el año 1973 en la institución mencionada, ocupándose del impulso demográfico, de los determinantes de la fertilidad, del impacto de los programas de planificación familiar, las relaciones entre población y medio ambiente, etc. Usted no puede ignorar que los intereses de este señor están orientados fundamentalmente hacia el problema de la fertilidad y del impulso demográfico, para controlarlos y reducir el crecimiento poblacional global. Usted no puede ignorar que para “compensar el impulso de la población”, el señor Bongaarts recomienda “dar pasos para incrementar la edad en la que las mujeres tengan su primer hijo, mediante la inversión en educación para las niñas adolescentes”.

sanchez-sorondo-marceloUsted, monseñor, no puede ignorar estos datos, porque están presentes en la página oficial del Population Council: http://www.popcouncil.org/research/expert/john-bongaarts. Tampoco puede ignorar que hace poco tiempo, el 24 de febrero de 2016, el señor Bongaarts ha declarado con toda liviandad que el crecimiento demográfico es perjudicial para la humanidad, ya que “el potencial agregado de 4 mil millones de personas [hacia el año 2100] en las regiones más pobres del planeta es un obstáculo al desarrollo y dificulta que podamos ser optimista sobre su futuro. El rápido crecimiento poblacional, con su correspondiente consumo y derroche, tiene efectos adversos generalizados en las sociedades y en los ecosistemas mundiales. Muchos países estarían mejor con un crecimiento poblacional más bajo y con índices de nacimiento menores”. Para este “simpático” personaje, las economías de los “tigres asiáticos”, incluyendo a Corea del Sur y Taiwan, “en recientes décadas han visto rápidos incrementos per capita cuando declinaron los índices de natalidad” (http://www.popcouncil.org/news/development-slow-down-population-growth y en http://www.nature.com/news/development-slow-down-population-growth-1.19415).

Como puede apreciar, estimado monseñor, este señor sostiene que para dejar de ser pobres, los pueblos deben dejar de tener hijos. Al nivel en que se mueve, este “intelectual” no puede ignorar los informes del Credit Suisse y de la ong Oxfam, que muestran que desde el año 2000 en adelante, la concentración de la riqueza a nivel global ha sido tan violenta y brutal, que ha llegado a un nivel en el que 8 personas en el mundo tienen la misma cantidad de riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres; que desde el 2015 el 1% más rico de la población mundial obtuvo más riqueza que el resto del planeta; que entre los años 1988 y 2011 los ingresos del 10% más pobre de la población mundial aumentó menos de 3 dólares por año, mientras que los ingresos del 1% más rico del planeta aumentaron 182 veces (OXFAM BRIEFING PAPER – SUMMARY JANUARY 2017, “An Economy for the 99%”, p. 2 y Credit Suisse, Global Wealth Databook 2016). En otras palabras: si hay pobreza y miseria generalizadas en el mundo, no es porque los pobres tengan hijos, sino porque un grupo minúsculo de personas (del que el señor Bongaarts forma parte) concentran para sí toda la riqueza.

Con este razonamiento del que hace gala, el señor Bongaarts muestra tener una mentalidad troglodita, reaccionaria en grado sumo. Afirmar que la pobreza en el mundo está causada por los hijos que tienen los pueblos es de un cinismo brutal. En el fondo, este personaje es simplemente un vocero del poder financiero anglosajón, parasitario, especulativo y depredador, cobra por ello. Lo que no se puede admitir es que un personaje de esta calaña acceda a ocupar un sitial en un encuentro o jornada organizada por la Santa Sede y que se le dé reconocimiento académico. Que alguien de esta calaña acceda a este privilegio es como pisotear la tumba de San Pedro y de tantos mártires y santos que han dado su vida por el Evangelio de Jesucristo y están enterrados en el Vaticano.

Es incomprensible e inadmisible que este vocero servil del imperialismo internacional del dinero dé cátedra sobre población ante las tumbas de Pablo VI y san Juan Pablo II, que tanto bregaron en contra de la mentalidad de personajes como el que nos ocupa. Sin temor a equivocarme, y con todo respeto, monseñor, me atrevo a asegurarle que darle lugar académico en el Vaticano al señor Bongaarts es insultar la memoria de tan magnos pontífices, y en el fondo, es denigrar el Evangelio que profesamos.

 

Pero el problema no es la personalidad individual del invitado, sino la organización que representa y de la cual es vocero y miembro activo desde hace décadas. Usted, monseñor, no puede ignorar que el Population Council, fundado en 1952 por John Davison Rockefeller III, es una de las instituciones pioneras en diseñar y llevar a cabo lo que san Juan Pablo II definió como el “holocausto demográfico planetario”, es decir, el asesinato anual a lo largo del mundo de millones de seres humanos en el vientre materno.

¿Acaso ignora usted, monseñor, que el “señor” Rockefeller III definió en 1966 al crecimiento poblacional no controlado como el “elemento” que ponía en peligro la paz mundial, y que a partir de entonces convirtió su proyecto corporativo privado de controlar la natalidad a nivel global en un problema de Estado, al asociar a 30 dirigentes políticos de varios países del mundo, entre ellos al mariscal Josef Broz (Tito), de Yugoslavia?

¿Acaso ignora usted que en el año 1969 este mismo personaje convirtió su proyecto corporativo privado antinatalista en problema que debía abordar la misma Organización de las Naciones Unidas?

¿Ignora usted que John Davison Rockefeller III definió como “derecho humano básico” la “decisión de cada individuo y de cada pareja respecto a la cantidad de hijos y el espaciamiento entre ellos”, desplazando el derecho a la vida como derecho humano básico?

¿No sabe usted que el 19 de julio de 1969 el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, dirigió al Congreso de los Estados Unidos un Mensaje especial sobre problemas del crecimiento poblacional, en el que sostenía que el crecimiento es uno de los temas más importantes que enfrentaba Estados Unidos, y que «sólo puede ser resuelto si hay un gran pacto de planificación anticipada»?

¿No sabe usted que en este Mensaje el sr. Richard Nixon decía que el excesivo crecimiento poblacional en los países en desarrollo perjudicaba el desarrollo económico y empeoraba la calidad de vida? Como podrá usted apreciar o evaluar, para el autor del «Watergate» la pobreza no radica en la injusticia social, sino en la cantidad de personas que habitan en el mundo «subdesarrollado». Según él, la pobreza y la ignorancia dificultaban a las familias pobres disminuir el número de hijos.

¿No sabe usted que el sr. Nixon afirmó en ese entonces que había pedido al Secretario de Estado y al Administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional «dar a la planificación poblacional y familiar suprema prioridad», porque «los elevados índices de crecimiento poblacional “deteriora los derechos individuales, perturba las metas nacionales y amenaza la estabilidad internacional”»? En otras palabras: asumiendo la ideología antinatalista de John Davison Rockefeller III, el señor Nixon afirmaba que el crecimiento poblacional de los pobres es una amenaza para la paz mundial. Pero la solución propuesta no era combatir la pobreza, sino eliminar niños pobres.

¿No sabe usted que en esa oportunidad el «ético» presidente norteamericano se preguntaba de qué modo se podía ayudar a las familias americanas «a no tener más hijos que los que desean»? ¿No sabe usted que «don Ricky» sostenía en ese entonces que «el parto no querido o inoportuno es uno de los motivos que están llevando a muchas familias a la pobreza o a mantenerlos en esa condición»? De nuevo habla el mensaje troglodita pre-cavernícola: los hijos causan y mantienen la pobreza de los padres, no los salarios miserables que los ultramillonarios “pagan” a los que trabajan.

Ya se imaginará usted cuál es la solución que proponía don Nixon: la creación de una Comisión sobre crecimiento poblacional y el futuro americano, la que entre sus objetivos debía determinar los recursos en el sector público de la economía que se requerirían para tratar el crecimiento anticipado de la población. De nuevo la vieja película de las oligarquías: recursos del Estado al servicio de sus objetivos estratégicos y geopolíticos.

De regalo, otro sofisma más del responsable del caso Watergate: «mi punto de vista es que a ninguna mujer americana se le debe negar acceso a los servicios de planificación familiar a causa de su situación económica». Es decir, servicios de planificación familiar gratuitos para los pobres, de acuerdo con la voluntad del presidente norteamericano. Como podrá usted apreciar, el entonces presidente estadounidense impulsaba el proyecto genocida del clan Rockefeller, el verdadero poder que gobernaba y gobierna en Estados Unidos.

¿Ignora usted, monseñor, que el 16 de marzo de 1970 el presidente Nixon firmó la ley que instituía la creación de una Comisión sobre crecimiento poblacional y el futuro estadounidense, aprobada por ambas Cámaras del Congreso americano, con lo cual el objetivo estratégico del clan Rockefeller de controlar el crecimiento de la población mundial se convirtió en política de Estado del gobierno estadounidense? ¿Ignora usted que fue puesto al frente de esta Comisión el ya mencionado John Davidson Rockefeller III, como presidente de la misma, al ser «la persona más íntima y ampliamente identificada con este problema», según palabras del mismo Nixon?

Maravilla la perversidad de esta astucia con rasgos diabólicos: una corporación privada traslada al Estado su problema, el cual se convierte en problema de Estado, y además el dueño de la corporación es puesto al frente del organismo estatal que se ocupará del problema. Este fervoroso plutócrata tan preocupado por el crecimiento poblacional de los pobres propondrá a través de la mencionada Comisión, entre otras cosas, convertir el crecimiento poblacional en un problema educativo, educación sexual disponible para todos, deslegitimar los matrimonios legales, que los Estados eliminen las restricciones e inhibiciones legales existentes que impiden el acceso a información, procedimientos y elementos anticonceptivos, legitimar y estatuir estos últimos, que los Estados adopten legislaciones positivas que permita a los menores recibir información y servicios contraceptivos y profilácticos en ámbitos apropiados sensibles a sus necesidades y preocupaciones, que se remuevan las restricciones legales existentes que impiden el acceso a la esterilización anticonceptiva voluntaria, que se liberen las restricciones legales al aborto para que éste último sea ejecutado a petición, que los gobiernos federales y locales proporcionen fondos para respaldar los servicios de aborto, QUE EL ABORTO SEA ESPECÍFICAMENTE INCLUIDO EN LOS BENEFICIOS GENERALES DE LOS SEGUROS DE SALUD, TANTO PÚBLICOS COMO PRIVADOS. En síntesis: aborto a petición (incluye el «embarazo no deseado»), financiado con fondos públicos y protegido por los Seguros sociales.

¿Ignora usted que “cumpliendo” estas directivas del presidente estadounidense, el señor John Davison Rockefeller III afirmó en 1972 que como principio ético que “sólo deben venir al mundo los hijos deseados o queridos”? ¿Qué el aborto –matar a un ser humano en el seno materno- no es un problema moral ni una cuestión judicial, sino simplemente una “cuestión sanitaria” que sólo compete a la mujer que desea abortar y a su médico”, desplazando al padre de la creatura gestada?

¿Ignora usted que fue este mismo señor quien en 1973 definió al aborto como “el derecho de cada mujer de determinar su propia fertilidad”?

¿Ignora usted, monseñor, que a pedido del presidente Nixon, el Consejo de Seguridad Nacional, el famoso Henry Kissinger, presentó el 24 de abril de 1974 el Memorando Estudio de Seguridad Nacional 200, sobre las «Implicancias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad de Estados Unidos y sus intereses de ultramar». Este estudio estaba enfocado sobre las consecuencias internacionales políticas y económicas del crecimiento demográfico, por eso debía determinar, entre otras cosas, la probabilidad que este crecimiento produjera «políticas extranjeras perturbadoras e inestabilidad internacional». Como se puede apreciar, el crecimiento poblacional mundial constituye a partir de entonces UN PROBLEMA… DE SEGURIDAD NACIONAL ¡PARA LOS ESTADOS UNIDOS!

Para este servidor del poder plutocrático mundial, la reducción de las tasas de natalidad en los países en desarrollo «tendrán ventajas en el corto plazo, al disminuir la demanda de alimentación, salud, educación y otros servicios», para «incrementar la capacidad para contribuir a inversiones productivas, por lo tanto acelerando el desarrollo». Brutalmente dicho: menos gastos en salud, alimentación y educación para crecer económicamente, bajando la cantidad de nacimientos.

Llama la atención esta insistencia en la ecuación menos pobres = mayor desarrollo, pero en realidad esto le servía a sir Henry Kissinger para encubrir el problema que le preocupaba: al analizar los Efectos políticos de los factores de población, sostenía que las consecuencias políticas de estos factores «son dañinas para la estabilidad interna y las relaciones internacionales de países en cuyo progreso está interesado Estados Unidos», porque crean «problemas políticos e incluso de seguridad nacional para Estados Unidos», es decir, los pobres pueden convertirse en una fuerza volátil y violenta que amenace la estabilidad política.

¿Cuál es el argumento esencial que fundamenta y sostiene todo este razonamiento? Indicar y enfatizar el derecho de los individuos y parejas a determinar libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos. Es decir, el señor Kissinger invocó el derecho inventado por John D. Rockefeller III… para proteger la seguridad nacional de Estados Unidos y sus intereses en todo el mundo.

¿Ignora usted, monseñor, que el presidente Gerald Ford rubricó el 26 de noviembre de 1975 este informe del Dr. K., como Memorando Decisión de Seguridad Nacional 314, ratificando que «el liderazgo de los Estados Unidos es esencial para combatir el crecimiento poblacional […] y para promover la seguridad de los Estados Unidos y sus intereses de ultramar». Es claro y evidente entonces que ya en 1974 Estados Unidos declaró una guerra contra los pueblos pobres del mundo, para proteger su seguridad nacional y sus intereses de ultramar. Para librar esta guerra, el señor Ford formuló como estrategia básica de los Estados Unidos:

  1. «trabajar de cerca con otros, en vez de imponer su punto de vista», es decir, buscar cipayos que promuevan su proyecto de seguridad nacional;
  2. «enfatizar la relación entre una reducción del crecimiento poblacional y las ganancias económicas y sociales resultantes para las naciones más pobres», es decir, convencer que los culpables de la pobreza son los hijos;
  3. «reconocer la dignidad básica del individuo y su derecho para escoger libremente sus objetivos familiares y las alternativas de planificación familiar», es decir, establecer como axioma y dogma el principio formulado por John Rockefeller III que los padres son propietarios de la vida de los hijos, es decir, instituir la ley del más fuerte.

 

¿No sabe usted, monseñor, que toda esta ideología antinatalista y el control de la natalidad llevado a cabo a nivel global constituye la razón de ser del Population Council, como institución pionera responsable del holocausto demográfico llevado a cabo en las últimas décadas?

¿No sabe usted, monseñor, que se pretendió darle estatus oficial internacional a esta ideología antinatalista, a través de las Naciones Unidas, en las Conferencias sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994), sobre la Mujer (Pekín 1995) y Hábitat (Estambul 1996).

El Population Council, con su fundador John Davison Rockefeller III, ha sido una de las instituciones-madre de toda esta política criminal, propulsora del asesinato masivo de seres humanos en el vientre materno. El señor John Boongarts, empleado del Population Council ha sido uno de los principales funcionarios impulsores de esta política antinatalista global.

Contra este proyecto criminal se enfrentaron Pablo VI, san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Con su actitud tolerante hacia esta organización criminal y hacia uno de sus más encumbrados voceros, usted le da estatus vaticano y eclesial a esta política homicida y criminal, que sólo pretende darle paz y seguridad a la oligarquía plutocrática internacional que se está robando el mundo en provecho propio.

Por un lado el papa Francisco condena al sistema económico actual impuesto en el mundo y que sólo siembra hambre y muerte para la mayor parte de la población mundial, y además llama a combatir sus efectos deshumanizadores. Pero por otro lado usted invita a los voceros de ese mismo poder económico inhumano a “dar cátedra” sobre los problemas que afronta la población mundial actual. Para ello usted convoca a uno de los principales responsables de la extinción masiva de seres humanos en las últimas décadas. Con todo respeto, monseñor, en el fondo esto resulta ser una actitud esquizofrénica de la Santa Sede: criticar por un lado las desigualdades e injusticias económicas, y por otro lado darle autoridad a los socios y responsables de esas desigualdades y del genocidio que las acompañan.

Estimado monseñor: para tratar las cuestiones referidas al narcotráfico y al consumo de estupefacientes, a usted no se le ocurrió invitar a los jefes del Cartel de Sinaloa para que dieran cátedra en el Vaticano. Pero para afrontar el problema de las amenazas a la vida natural y a la vida humana usted convoca a uno de los principales ideólogos de la política criminal implementada en las últimas décadas. ¿Cómo se entiende? Más que una pastoral de la misericordia, ¿no parece que estaríamos en presencia de una pastoral de la esquizofrenia o de una pastoral de la hipocresía? ¿Qué tiene que ver el genocidio implementado por el clan Rockefeller en estas últimas décadas con el mensaje de Jesucristo? ¿Con qué derecho el señor Bongaarts y el Population Council van a transmitir su mensaje de muerte en el seno de la Iglesia de Cristo? ¿A nombre de qué?

Los evangelios sinópticos nos muestran que Jesucristo sólo “dialogó” con el tentador para resistir sus embates. San Agustín enseña que el Señor se dejó tentar por Satanás para mostrarnos y enseñarnos cómo se le resiste. Si somos fieles seguidores de Jesucristo, no podemos pretender ser superiores a él y invitar a dialogar a aquéllos que son transmisores de un mensaje diabólico, como es el de justificar el asesinato de seres humanos por el hecho que no se desea su existencia, poniéndose en el lugar de Dios.

En última instancia, monseñor, la Iglesia de Cristo no merece que ingresen en ella los enemigos de la raza humana para transmitir su mensaje de muerte contra los seres humanos más inocentes e indefensos de todos. En última instancia, ¿no es una actitud esquizofrénica pretender una “Iglesia pobre para los pobres” y al mismo tiempo pretender que dé cátedra en ella quien representa al poder financiero internacional y su proyecto diabólico de asesinar a voluntad a millones de seres humanos?

Estimado monseñor, da toda la impresión que los esfuerzos del papa Francisco de impulsar la dignificación de los pueblos y la extirpación de las injusticias que padecen van a contramano de la política tolerante que usted impulsa, acogiendo y sentando en la cátedra de Pedro a los responsables del terrible y abominable holocausto implementado por los ricos del mundo, para gozar en paz de las riquezas que le han robado a los pueblos y naciones del mundo a lo largo de todos estos años, y que sus mismos organismos ponen a la vista de todos en los informes que hemos mencionado.

En pocas palabras: NO SE PUEDE HACER SENTAR EN LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO A LA FAMILIA ROCKEFELLER Y SUS SECUACES.

 

Lo saludo atte., y quedo a su entera disposición.

 

José Arturo Quarracino

ESQUIZOFRENIA FEMINISTA y el GENOCIDIO ROCKEFELLER

Días pasados las mujeres argentinas se expresaron condenando la ola de violencia mortal que hoy agobia al conjunto de la sociedad argentina, a través de la consigna “Ni una menos”. Pero extrañamente, en medio de esa manifestación y reclamo justos, grupos feministas y progresistas introdujeron el reclamo del “aborto legal, seguro y gratuito”, reflejando una clarísima actitud de esquizofrenia moral y política: por un lado, protestan contra la muerte de las mujeres y por otro lado justifican la aplicación de la pena de muerte contra mujeres y varones en el seno materno, contra seres humanos que son absolutamente inocentes e indefensos.

Siguiendo con su actitud esquizofrénica, estos grupos justificadores del aborto como derecho se reivindican generalmente como progresistas, latinoamericanistas e indigenistas, pero su discurso es una repetición literal en español de los argumentos antinatalistas de la feroz y cruel plutocracia angloamericana que domina el mundo, de la cual el clan Rockefeller ha sido su vocero y operador político por excelencia. Se jactan de ser “indigenistas y latinoamericanos”, perosu lengua materna es el inglés.

Suponen estas abortistas que la despenalización del aborto y su legalización –aunque se trate de un crimen- permite brindar «servicios de aborto seguro» a quienes desean eliminar a los hijos gestados y todavía presentes en el vientre materno. Dicen que la penalización del aborto hace que las mujeres de escasos recursos acudan a prácticas clandestinas e ilegales que ponen en riesgo su vida y en algunos casos termina con el fallecimiento de la mujer abortante. Según quienes “enarbolan” este argumento, la penalización del aborto no afecta a las mujeres que cuentan con recursos para pagar un aborto en clínicas privadas, donde aparentemente abortan “en forma segura”. Por eso deducen que como las mujeres pudientes violan la ley, hay que permitirles a las mujeres pobres que obren igual que las mujeres ricas, pero sólo en este caso en particular de matar a sus hijos en el vientre materno.

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Se presumen «progresistas», pero esta argumentación “progre” es una repetición textual de la que ya ha hecho en 1972 John Davison Rockefeller III, al afirmar dogmáticamente que «cuando el aborto es prohibido, las mujeres recurren a abortos ilegales para prevenir nacimientos indeseados. Abortos médicamente seguros han estado siempre a disposición de las mujeres ricas, para las que pueden afrontar los elevados costos de doctores y viajes al extranjero; pero la mujer pobre se ha visto obligada a arriesgar su vida y salud con remedios caseros y practicantes con mala fama»[1]. Además de su matriz oligarca y plutocrática, es evidente que este pensamiento adolece de un grave defecto de irracionalidad jurídica y política, en cuanto sostiene que una ley es inútil o no sirve… porque los pudientes o ricos la violan e incumplen (???). Curiosa reivindicación que hacen los progresistas no sólo del “derecho” de los ricos de violar la ley y no ser castigados por ello, sino que además le conceden a los pobres el mismo “derecho”.

Estas progresistas “latinoamericanas” no tienen problemas en coincidir en forma total y absoluta con los dueños del capitalismo internacional, genocida y depredador. Repiten sus mismos argumentos en clave “revolucionaria”: «[…] la anticoncepción es el método de elección para prevenir un nacimiento no deseado. Creemos que el aborto no debe ser considerado un sustituto para el control de la natalidad, sino más bien como un elemento en un sistema general de cuidado de la salud materno-infantil»[2]. Clarísimo: el aborto no es considerado un crimen ni asesinato, sino un “problema de salud pública”. Lo mismo repiten desde hace tiempo los y las progresistas, al igual que muchos liberales.

Esto se complementa con otros argumentos siempre citados por el progresismo izquierdoso y que se articulan con el argumento anterior: “[…] las mujeres deben tener la libertad de determinar su propia fertilidad, la cuestión del aborto debe ser dejado a la conciencia de la mujer involucrada, en consulta con su médico, […] los Estados deben ser alentados a aprobar estatutos objetivos que creen un marco claro y positivo para la práctica del aborto a petición”[3]. Es decir:

  1. a) el aborto es una decisión libre de la mujer
  2. b) el aborto es una cuestión que sólo involucra a la mujer y al médico (desaparición de los esposos y padres)
  3. c) el Estado es garante de la ejecución de ese “derecho”.

Llamativamente, esta concepción antinatalista y abortista de los imperialistas yanquis es la misma que repiten en español los “progres”: Aborto como derecho y acto libre – Involucra solamente a la mujer y a un médico – Estado garante del ejercicio de ese “derecho”.

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“Nuestras” feministas dicen que el aborto es un derecho. Creen que dicen una novedad, pero quien ha inventado este derecho no ha sido la ONU, ni tampoco ha sido consagrado en ningún tratado internacional. El que inventó que el aborto es un derecho ha sido el yanqui John Davison Rockefeller III en 1973, al afirmar que “el aborto es el derecho que tiene la mujer para determinar su fertilidad”[4]. ¿Sobre qué principio se funda este derecho? Según Rockefeller, en el principio ético básico [inventado por él] que afirma que “sólo se traen al mundo los hijos deseados”[5]. Según este siniestro personaje, existe el “derecho” de eliminar al hijo no deseado. Lo mismo piensan las progresistas antiimperialistas, porque en realidad son feministas que repiten los argumentos de un macho yanqui. Son antiimperialistas que le dan estatus democrático al ideario genocida del imperialismo angloamericano.

Paradójica o esquizofrénicamente, “nuestras” feministas reclaman contra la violencia, pero al mismo tiempo hacen apología de la pena de muerte contra los nascituros, impulsada por el imperialista Rockefeller.

[1] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11: «[…] when abortion is prohibited, women resort to illegal abortions to prevent unwanted births. Medically safe abortions have always been available to the wealthy, to those who could afford the high costs of physicians and trips abroad; but the poor woman has been forced to risk her life and health with folk remedies and disreputable practitioners».

[2] Rockefeller Commission Report, Op. cit., ibidem: «[…] contraception is the method of choice for preventing an unwanted birth. We believe that abortion should not be considered a substitute for birth control, but rather as one element in a comprehensive system of maternal and infant health care. For many, the very need for abortion is evidence of a social and personal failure in the provision and use of birth control».

[3] Rockefeller Commission Report, Op. cit., ibidem: «women should be free to determine their own fertility, that the matter of abortion should be left to the conscience of the individual concerned, in consultation with her physician, and that states should be encouraged to enact affirmative statutes creating a clear and positive framework for the practice of abortion on request».

[4] John Davison Rockefeller III, The Second American Revolution. Some personal observations, Harper & Row, Publishers, New York 1973, p. 64: the abortion is «a woman’s right to determine her own fertility».

[5] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11: «only wanted children are brought into the world».

DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO = CRIMEN SIN CASTIGO (Apología de las mujeres como asesinas de sus hijos)

En una muestra cabal de irracionalidad y barbarie, cierta dirigencia política pretende instaurar la pena de muerte en nuestro país, para que sea aplicada sobre los seres humanos más indefensos e inocentes de todos. Pretende que sean las propias mujeres las que sean las ejecutoras de tamaña atrocidad, invocando un derecho absolutamente inexistente, inventado como tal por la oligarquía financiera imperialista, de raíz angloamericana.

En diciembre del 2011 hemos asistido al triste espectáculo de ver al Parlamento nacional convertido en caja de resonancia y tribuna de la oligarquía financiera mundial, que desde hace algunas décadas ha decidido impulsar el control de la natalidad a nivel planetario, inclusive a través del asesinato de los niños en el vientre materno, para poder “gozar en paz” del saqueo de las riquezas y recursos naturales que pertenecen a toda la humanidad.
Este poder depredador ha llevado a cabo ambos planes –saqueo y expoliación de la riqueza y control de la natalidad- a través de políticas imperialistas que han consagrado de hecho la postración neo-colonial de los pueblos y naciones del mundo en su conjunto, cuyos gobiernos ejercen una soberanía política y una independencia económica meramente formales, actuando como simples administradores y ejecutores de las políticas que se diseñan y deciden en los centros internacionales de poder.
Para asegurarse el control del crecimiento poblacional, este poder no sólo ha desarrollado técnicas e instrumentos como la mutilación genital (masculina y femenina), el envenenamiento femenino mediante la ingesta de píldoras anticonceptivas y el aborto criminal (quirúrgico y químico), sino también una mutación radical en el sistema político y de valores, convirtiendo a los hijos por venir en causa de la pobreza y en frustración de la felicidad de los padres, para darle sustento, fundamento y proyección al asesinato masivo de los niños.

Pretender legitimar el asesinato de niños inocentes es la expresión más cabal y completa de este proyecto inhumano, verdadero holocausto demográfico al servicio del imperialismo internacional del dinero.
Mollmann MarianneLamentablemente, quienes deberían legislar a favor del pueblo y de la Patria no han tenido mejor idea que dar muestra de un consumado servilismo neo-colonial, convocando a una cabal representante de la oligarquía financiera internacional, Marianne Mollmann, especialista en ignorancia sobre las cuestiones básicas de la vida (ha confesado que no sabe cuándo comienza la vida humana), a pesar de lo cual fue convocada como “experta en derechos humanos” para justificar la implementación de la pena de muerte contra los niños por nacer.
Hitler Adolf2Pero además de expresar un cipayismo neo-colonial indigno, esta iniciativa “parlamentaria” pretende darle estatus democrático a la ideología nazi, que afirmaba el derecho de eliminar a los seres humanos indeseados. Llamativamente, los pretendidos “progresistas” comparten este pensamiento hitleriano.
Esta iniciativa también pretende darle estatus constitucional a la ideología plutocrática de la oligarquía angloamericana, al invocar que “sólo deben ser traídos al mundo los hijos deseados o queridos”, razón por la cual “el aborto es un derecho”, como afirmó hace casi 50 años John Davison Rockefeller III al diseñar el genocidio infantil planetario. Llamativamente también, los pretendidos “progresistas” comparten la ideología de la oligarquía yanqui y anglófila.
Lo grave de este intento de impulsar y darle estatus democrático a un holocausto infantil de honda raíz nazi, plutocrática y racista, es que este proyecto de ley pro-abortista vulnera la Constitución Nacional, que no sólo afirma explícitamente el comienzo de la vida humana desde el momento de la concepción, sino que además prohíbe la aplicación de la pena de muerte en los países donde no rige, como así también la aplicación de la pena de muerte contra los menores de 18 años (Convención Americana de Derechos Humanos -1969-, arts. 1 a 4).

En vez de escuchar voces extrañas a nuestra tradición cultural e histórica, bien podrían los pretendidos “progresistas” -vulgares voceros de las altas finanzas internacionales y de sus organizaciones satélites- aprender humildemente de una verdadera revolucionaria, mártir y abanderada de los humildes de nuestra Patria, que la misión y el destino de la mujer no es matar a sus hijos, sino que «la misión sagrada que tiene la mujer no sólo consiste en dar hijos a la Patria, sino hombres a la Humanidad. Hombres en el sentido cabal y caballeresco de la hombría, que es cuna del sacrificio cotidiano para soportar las contrariedades de la vida y base del valor que inspira los actos sublimes del heroísmo cuando la Patria lo reclama»(1). Aprenderían también que «la mujer es la piedra básica sobre la que se apoya el hogar. Como madre, como esposa y como hija», de ninguna manera es o debe ser su esencia el asesinato de sus hijos(2).
Esto último es lo que pretende la radical mutación política y de valores que promueven los “amos del universo”, idólatras del dinero y las finanzas y enemigos de la raza humana y de los pueblos, para despojar a las mujeres de su femineidad irradiadora de amor y convertirlas así en asesinas de sus propios hijos.
Lamentablemente, todavía perviven en el Parlamento nacional ciertos legisladores que reniegan de nuestras tradiciones históricas, políticas y culturales, para adoptar proyectos exógenos, extraños a nuestra idiosincrasia popular-nacional y profundamente afines a la ideología nazi del imperialismo financiero transnacional, para imponer leyes que implantan la pena de muerte y vulneran nuestra Constitución nacional. Lo paradójico es que promueven la ideología antinatalista e infanticida de la familia Rockefeller, de la mano del Che Guevara.

Frente a esta barbarie “ilustrada” reivindicamos la concepción profundamente humanista y profundamente cristiana que nos permite reafirmar que los argentinos estamos llamados a promover un orden político, jurídico y social en el que no sólo los niños vuelvan a ser los únicos privilegiados y aprendan a sonreír desde la infancia, sino que además aprendan a sonreír desde el vientre materno y que la mujer siga siendo templo y santuario de la vida y del amor, no una criminal como pretenden los voceros y voceras de la pena de muerte contra niños inocentes
SÍ A LA VIDA, A LA MUJER Y A LA FAMILIA, NO a la ideología nazi en nuestras leyes!!!
SÍ A LA VIDA, A LA MUJER Y A LA FAMILIA, NO al holocausto demográfico!!!

(1) Eva Perón, «Discurso radiofónico», 26 de febrero de 1947.
(2) Escribe Eva Perón, «El deber actual de la mujer argentina», Buenos Aires 1951, p. 20.