Derrota cultural del Movimiento Nacional. Culpables se hacen los distraídos

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A causa de una citación judicial, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner debió visitar uno de los tribunales federales de Comodoro Py. Muy rápida de reflejos, la ex presidente respondió con un acto político a la requisitoria judicial. Como se pudo apreciar, en dicho acto hizo gala de su tendencia a falsear la historia y manipularla a su favor, al comparar su situación actual con los derrocamientos y persecuciones sufridos por Hipólito Yrigoyen en 1930 y por Juan Domingo Perón en 1955. Ella no fue derrocada, en todo caso su candidato fue derrotado en las urnas, y a ella tampoco la están juzgando comisiones especiales anticonstitucionales, sino los juzgados naturales que han recibido denuncias –mientras ella ejercía la primera magistratura- que se han llenado de documentación respaldatoria.

Como ha hecho en ocasiones anteriores, la ex presidente se ha aferrado a la figura de Juan Domingo Perón como última tabla de salvación, cuando “las papas queman”, porque en general el gran líder argentino ha sido un convidado de piedra y un ignorado en esta “revolución imaginaria” llevada a cabo por el kirchnerismo, que después de 12 años de administración gubernamental ha dejado la economía del país en manos de las grandes corporaciones angloamericanas controladas por la dinastía Rockefeller (vía Consejo de las Américas), ha gobernado con las leyes matrices del Proceso de Reorganización Nacional, puso al Barclays Bank como organizador y garante de los canjes de deuda externa de 2005 y 2010,  y ha elevado a colaboradores de las últimas dictaduras militares –por ejemplo, Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni- a “modelos de la democracia”. La señora de Kirchner se pone al lado de Perón, pero rodeada de una dirigencia en su mayoría visceral e históricamente antiperonista, políticamente impresentable y piantavotos, cuyo único aporte a la democracia ha sido la de levantar obedientemente la mano para satisfacer los caprichos de su jefa.

Pero aún con su poder político sumamente debilitado y con un “estado mayor” que representa una armada Brancaleone del terror, la señora Cristina Elisabet de Kirchner todavía despierta sentimientos de fuerte adhesión y respaldo en gran parte de la población más castigada y postergada de nuestra comunidad nacional, y enfervoriza también a un número importante de jóvenes de nuestro sufrido conurbano.

Pero lo grave de la jornada del 13 de abril es que ante esta usurpación y apropiación de la figura y de la memoria de Juan Domingo Perón (y del ninguneo histórico al que ha sido sometida María Estela Martínez de Perón, última presidente constitucional derrocada), el supuesto “peronismo” no kirchnerista aferrado a un sarcófago electoralista no ha salido a responder esta provocación de la ex presidente. Y no ha salido a responder porque evidentemente no tiene nada para decir. ¿Qué puede decir este “peronismo” no-K si sólo encuentra su unidad en las figuras de un delegado de las mineras angloamericanas en las provincias del noroeste y de un alfonsinista-menemista reciclado en vaciador de la Provincia de Buenos Aires? Al igual que la ex presidente, este “peronismo” sólo recurre a la figura de Perón para llenar un vacío discursivo o para justificar una operación de marketing político, y nada más.

Este “peronismo” renovado y decente no convoca ni entusiasma, no le habla al pueblo ni a los jóvenes sino que sólo se preocupa de “hablarle a la gente”, de “ser pluralista, dialoguista, tolerante”, “de ser una oposición constructiva”, etc., ante un gobierno de tecnócratas tamizados por ondas de amor y de paz que sólo se ha ocupado de atender las “necesidades básicas satisfechas” de los ricos y de las corporaciones.

Esta dirigencia política y sindical no-K ha echado al olvido el mandato de Perón de prolongar en el tiempo la proyección revolucionaria de su obra. Ocupada como está en crear empresas offshore en paraísos fiscales (¿cuándo Perón y Eva necesitaron derivar fondos fuera del país?), no sólo ha olvidado sino que también se ha ocupado en impedir que el Movimiento Nacional recreara y restaurara las Escuelas de Formación Política y Sindical con las que Perón impulsaba la promoción. Creen que capacitar dirigentes es hacer cursos de liderazgo y de dinámica de grupos, o de contratar a “especialistas” afroamericanos para enseñar a jóvenes y mujeres “técnicas de empoderamiento”. A ninguno de estos dirigentes se les ocurre formar a las nuevas generaciones en Historia nacional, Historia del Sindicalismo, la Tradición cristiana y humanismo del Peronismo, ni mucho menos les interesa hacer conocer a sus dirigidos Conducción Política, Doctrina Nacional o el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. ¿Tienen miedo que Juan Perón se transforme en el conductor real de sus dirigidos?

Perón y la cultura hispánica

Frente a la defección de esta dirigencia aburguesada y envejecida espiritualmente, culpable y responsable de esta derrota cultural que sufrimos hoy los argentinos, y frente al intento imperialista de seguir manteniendo abierto el enfrentamiento fratricida, se nos plantea de nuevo la empresa de forjar la unión nacional, como condición indispensable para hacer de la Argentina una comunidad organizada e integrada, en la que todos seamos artífices del destino común. No necesitamos ni iluminados del mundo de las finanzas ni hoteleros exitosos. Todo está escrito. Sólo es cuestión de decidir ser libres o esclavos.

 

José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                       Coordinador General

MOVIMIENTO “PRIMERO LA PATRIA”

 

[Publicado en Política del Sur, 19 de abril de 2016, Año 10 No. 489]

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