RETORNO DEFINITIVO DE JUAN DOMINGO PERÓN. 1973 – 21 DE JUNIO – 2019

Hoy se cumplen 46 años del regreso definitivo del general Juan Domingo Perón a la Argentina, ocasión en la que pronunció el discurso que transcribimos a continuación, en el que expresa con toda claridad un conjunto de definiciones y consideraciones, ante las circunstancias turbulentas y confusas, no exentas de acciones contrarias al ideario justicialista y llevadas a cabo no tanto por parte de los adversarios políticos del gobierno de entonces, sino fundamentalmente por fuerzas internas del Movimiento Peronista que pretendían desviar y sabotear la estrategia y la táctica políticas trazadas por el Líder indiscutido de la Nación.

En medio de la degradación que hoy padece la política argentina, y en especial, el exilio histórico al que una dirigencia “pegotista” condena hoy a nuestro querido General, es fundamental conmemorar el mensaje que Perón dirigiera al conjunto del Pueblo, en el marco de su retorno definitivo al país.

Esperamos que esta conmemoración nos sirva a los argentinos de bien a permitir que Perón vuelva a ingresar a nuestra historia patria y nos siga mostrando el camino de grandeza que él trazo para que la Argentina sea definitivamente libre, justa, digna y feliz.

“Deseo comenzar estas palabras con un sa­ludo muy afectuoso al Pueblo Argentino.

Llego del otro extremo del mundo con el corazón abierto a una sensibilidad patriótica que sólo la larga ausencia y la distancia pueden avivar hasta su punto más alto. Por eso, al hablar a los ar­gentinos lo hago con el alma a flor de labio y deseo que me escuchen también con el mismo estado de ánimo.

Llego casi desencarnado. Nada puede per­turbar mi espíritu porque  retorno sin rencores ni pasiones, como no sea la pasión que animó toda mi vida: servir lealmente a la Patria. Y sólo pido a los argentinos que tengan fe en el Gobierno justicialista, porque ése ha de ser el punto de partida para la larga marcha que iniciamos. Tal vez la iniciación de nuestra acción pueda parecer indecisa o imprecisa, pero hay que tener en cuenta las circunstancias en las que la iniciamos.

La situación del país es de tal gravedad que nadie puede pensar en una reconstrucción en la­ que no debe participar y colaborar. Este proble­ma como ya lo he dicho muchas veces, o lo arreglamos entre todos los argentinos o no lo arregla nadie. Por eso, deseo hacer un llamado a todos, al fin y al cabo hermanos, para que comencemos a ponernos de acuerdo.

Una deuda externa que sobrepasa los 6.000 millones de dólares y un  déficit cercano á los tres billones de pesos, acumulados en estos años, no han de cubrirse en meses sino en años. Nadie ha de ser unilateralmente perjudicado, pero tampoco ninguno ha de pretender medrar con el perjuicio o la desgracia ajena. No son estos días para enriquecerse desaprensivamente, sino para reconstruir la riqueza común, realizando a una comunidad en la que cada uno tenga la posibilidad de realizarse.

El Movimiento Justicialista, unido a todas las fuerzas políticas, sociales, económicas y militares que quieran acompañarlo en su cruzada, de liberación y reconstrucción del país, jugará su destino dentro de la escala de valores establecida primero la Patria, después el Movimiento  y luego los  hombres en un gran movimiento nacional y popular que pueda respaldarlo.

Tenemos una revolución que realizar, pero para que ella sea válida ha de ser de construcción pacífica y sin que cueste la vida de un solo argentino. No estamos en condiciones de seguir destruyendo frente a un destino preñado de acechanzas y peligros. Es preciso volver a lo que en su hora fue el apotegma de nuestra creación: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Sólo el trabajo podrá redimirnos de los desatinos pasados.

ORDENEMOS PRIMERO NUESTRAS CABEZAS Y NUESTROS ESPÍRITUS. Reorganicemos al país y dentro de él al Estado que preconcebidamente se ha pretendido destruir y que debemos aspirar a que sea lo mejor que tengamos para corresponder a un pueblo que ha demostrado ser maravilloso Para ello elijamos los mejores hombres, provengan de donde provinieren, acopiemos la mayor cantidad de materia gris, todo juzgado por sus genuinos valores en plenitud y no por subalternos intereses políticos, influencias personales o bastardas concupiscencias.

Cada argentino ha de recibir una misión en este esfuerzo de conjunto. Esa misión será sagrada para cada uno y su importancia estará más que nada en su cumplimiento. En situaciones como la que vivimos, todo puede tener influencia decisiva y así como los cargos honran al ciudadano, éste también debe ennoblecer los cargos.

Si en las Fuerzas Armadas de la República, cada ciudadano, de general a soldado, está dispuesto a morir tanto en defensa de la soberanía nacional como del orden constitucional establecido, tarde o temprano han de integrarse al pueblo que ha de esperarlas con los brazos abiertos como se espera a un hermano que retorna al hogar solidario de los argentinos.

NECESITAMOS UNA PAZ CONSTRUCTIVA SIN LA CUAL PODEMOS SUCUMBIR COMO NACIÓN. Que cada argentino sepa defender esa paz salvadora por todos los medios, y si alguno pretendiera alterarla con cualquier pretexto, que se le opongan millones de pechos y se alcen millones de brazos para sustentarla con los medios que sean. Sólo así podremos cumplir nuestro destino.

Hay que volver al orden legal y constitucional como única garantía de libertad y justicia. En la función pública no ha de haber cotos cerrados de ninguna clase y el que acepte la responsabilidad ha de exigir la autoridad que necesita para defenderla dignamente. Cuando el deber está  por medio, los hombres no cuentan sino en la medida en que sirvan mejor a ese deber. La responsabilidad no puede ser patrimonio de los amanuenses.

Cada argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en seguridad y pacíficamente. El Gobierno tiene la insoslayable  obligación de asegurarlo. Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata.

Conozco perfectamente lo que está ocurriendo el país. Los que crean lo contrario se equivocan. Estamos viviendo las consecuencias de una post-guerra civil que, aunque desarrollada embozadamente no por eso ha dejado de existir. A ello se le suma las perversas intenciones de los factores ocultos que, desde la sombra, trabajan sin cesar tras designios no por inconfesables menos reales.

Nadie puede pretender que todo esto cese de la noche a la mañana pero todos tenemos el deber ineludible de enfrentar activamente a esos enemigos, si no querernos perecer en el infortunio de nuestra desaprensión o incapacidad culposa.

Pero el Movimiento Justicialista, que tiene una trayectoria y una tradición, no permanecerá  frente a tales intentos y nadie podrá cambiarlas a espaldas del Pueblo que las ha afirmado en fecha muy reciente y ante la ciudadanía que comprende también cuál es el camino que mejor conviene a la Nación Argentina. CADA UNO SERÁ LO QUE DEBA SER O NO SERÁ NADA.

Así como antes llamamos a nuestros compatriotas en “La Hora del Pueblo”. “El Frente Cívico de Liberación” y “El Frente Justicialista de Liberación”, para que mancomunando nuestros ideales y nuestros esfuerzos pudiéramos pujar por una Argentina mejor, el Justicialismo, que no ha sido nunca ni sectario ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que todos solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea de la reconstrucción nacional, sin la cual estaremos todos perdidos. Es preciso llegar así, y cuanto antes, a una sola clase de argentinos: los que luchan por la salvación de la Patria, gravemente comprometida en su destino por los enemigos de afuera y de adentro.

Los Peronistas tenemos que retornar a la conducción de nuestro Movimiento. Ponerlo en marcha y neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba. NOSOTROS SOMOS JUSTICIALISTAS.  Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los im­perialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doc­trina ni a nuestra ideología: SOMOS LO OUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN. No es gritando la vida por Perón que se hace Patria, sino MANTENIENDO EL CREDO POR EL CUAL LUCHAMOS.

Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos que levantan nuestras banderas revolucionarias. Los que pretextan lo inconfesable, aunque cubran sus falsos designios con gritos engañosos, o se empeñen peleas descabelladas, no pueden  engañar a nadie. Los que no comparten nuestras premisas, si se subordinan al veredicto de las urnas tienen un camino honesto para seguir en la lucha que ha de ser para el bien y la grandeza de la Patria, no para su desgracia.

Los que ingenuamente piensan que pueden copar a nuestro Movimiento o tomar el poder que el Pueblo ha reconquistado se equivocan.

Ninguna simulación o encubrimiento, por ingeniosos que sean, podrán engañar a un pueblo que ha sufrido lo que el nuestro y que está animado por una firme voluntad de vencer. Por eso, deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal.

Así, aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables. Nadie puede ya escapar a la tremenda experiencia que los años y el dolor y los sacrificios han grabado a fuego en nuestras almas y para siempre.

Tenemos un país que a pesar de todo no han podido destruir.  Rico en hombres y rico en bienes. Vamos a ordenar el Estado y todo lo que de el dependa que pueda haber sufrido depredaciones y olvidos.  Esa será la principal tarea del gobierno. El resto lo hará el Pueblo Argentino, que en los años que corren ha demostrado una madurez y una capacidad superior a toda ponderación.

En el final de este camino está la Argentina potencia, plena de prosperidad, con habitantes que puedan gozar del más alto “standard” de vida, que la tenemos en germen y que sólo debemos realizar. Yo quiero ofrecer  mis últimos años de vida a un logro que es toda mi ambición.  Sólo necesito que los argentinos nos crean y nos ayuden a cumplirla.

La inoperancia, en los momentos que tenemos que vivir, es un crimen de lesa Patria. Los que estamos en el país tenemos el deber de producir, por lo menos, lo que consumimos. Esta no es hora de  vagos  ni de inoperantes. Los científicos, los técnicos, los artesanos y los obreros que estén fuera del país deben retornar a él a fin de ayudarnos en la reconstrucción que estamos planificando y que hemos de poner en ejecución en el menor plazo.

Finalmente, deseo exhortar a todos mis compañeros peronistas para que, obrando con la mayor grandeza, echen a la espalda los malos recuerdos y se dediquen a pensar en el futuro y en la grandeza de la Patria, que bien puede estar desde ahora en nuestras propias manos y en nuestro propio esfuerzo.

A los que fueron nuestros adversarios, que acepten la soberanía  de pueblo, que es la verdadera soberanía, cuando se quiere alejar el fantasma de los vasallajes foráneos, siempre más  indignos y costosos.

A los enemigos, embozados, encubiertos o disimulados, les aconsejo que cesen, en sus intentos, porque cuando los pueblos agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento.

Dios nos ayude, si somos capaces de ayudar a Dios. La oportunidad suele pasar muy quedo. ¡Guay de los que carecen de sensibilidad e imaginación para no percibirla!

Un grande y cariñoso abrazo para todos mis compañeros, y un saludo afectuoso y lleno de respeto para el resto de los argentinos”.

 

Mensaje de Juan Domingo Perón al país

Por la cadena nacional de radiodifusión

Día 21 de Junio de 1973

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¿Aborto y “justicia social”? Plutocracia abortista – Carta abierta a Mariana Carbajal

Temperley, 3 de junio de 2019

Estimada Mariana Carbajal ¿de Rockefeller):

Le escribo estas líneas, para comentar algunos aspectos de su artículo “Aborto y justicia social”, publicado el 29 de mayo en el diario Pagina12 (en https://www.pagina12.com.ar/196889-aborto-y-justicia-social?cx_testId=2&cx_testVariant=cx_1&cx_artPos=2#cxrecs_s), dado que usted une dos conceptos absolutamente antagónicos entre sí, porque matar a un hijo antes de nacer nunca puede ser un acto de justicia social, más bien es la máxima injusticia de todas. Llamativamente, en esta cuestión usted piensa en forma idéntica al padre y patriarca del genocidio abortista, John Davison Rockefeller III, y repite textualmente sus mismas palabras[1]. En este sentido, es paradójico y contradictorio lo que usted plantea, porque aunque se pretenda progresista y de avanzada usted piensa igual que los oligarcas híper capitalistas estadounidenses.

En primer lugar, usted habla del “derecho al aborto legal”, etc., ¿pero podría informarnos cuál es la fuente jurídica en la que esté estipulado que matar al hijo antes de que nazca es un derecho, es decir, que el aborto es un derecho? Es cierto que a nivel internacional se habla mucho del derecho a matar (aborto), pero no existe ningún documento oficial de organismos supranacionales -ONU, por ejemplo,- , por ejemplo,- , en el que se proclame el aborto como derecho.

En este caso, lamento informarle que, a falta de un pronunciamiento oficial, hubo quien ya en la esfera privada proclamó en el año 1972 que el aborto -matar al propio hijo antes de que nazca- es un derecho: fue el Rockefeller mencionado líneas arriba, al afirmar que “las mujeres deben tener la libertad de determinar su propia fertilidad, la cuestión del aborto debe ser dejado a la conciencia de la mujer involucrada, en consulta con su médico, [… y] los Estados deben ser alentados a aprobar estatutos objetivos que creen un marco claro y positivo para la práctica del aborto a petición”[2]. Al año siguiente, en 1973, este mismo personaje reiteró que “el aborto es el derecho que tiene la mujer de determinar su propia fertilidad”[3], sobre la base del supuesto “principio ético” según el cual “sólo deben ser traídos al mundo los hijos deseados”[4].

En definitiva, usted piensa igual que los Rockefeller, en el sentido que el aborto es el derecho de matar al hijo. ¿Por qué entonces usted se considera progresista y ve en el aborto un avance y un progreso, si es idea y ejercicio político de la plutocracia financiera internacional que el clan Rockefeller representa?

En segundo lugar, usted afirma que el aborto es “un problema de salud pública y además, de justicia social”, ya que es una práctica que “atraviesa todos los sectores sociales”, en el sentido que “las mujeres y personas con capacidad de gestar más ricas y las más pobres abortan”, pero con diferencias, ya que “quienes no tienen recursos, quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, son las que pagan con su cuerpo y con su vida las consecuencias de la clandestinidad”.

Pero de nuevo usted coincide con la ideología abortista oligarca y con el señor Rockefeller III: que el aborto no es un crimen infame cometido contra el ser más indefenso e inocente de todos, sino que es un problema de salud pública también lo dijo en el año 1972 John Davison Rockefeller III, junto con su séquito de plutócratas: “[Creemos que el aborto no debe ser considerado un sustituto del control de la natalidad, sino (que se lo debe considerar) como un elemento en un sistema general de cuidado de la salud materna e infantil][5].

Sorpresa, estimada: de nuevo, por segunda vez, usted piensa igual que los Rockefeller, por lo tanto vale pregunta: ¿en qué sentido usted es progresista, si piensa igual que la plutocracia parasitaria yanqui que encarnan los Rockefeller?

     

En tercer lugarque el aborto es un problema de justicia social y que perjudica la libertad de las mujeres al no poder disponer del propio cuerpo ni de la propia vida es lo mismo que piensa el señor John Davison Rockefeller III y la plutocracia financiera angloamericana: “las diversas prohibiciones contra el aborto en todo el país son como obstáculos para el ejercicio de la libertad individual: la libertad de las mujeres para tomar decisiones morales difíciles basadas en sus valores personales, la libertad de las mujeres para controlar su propia fertilidad y finalmente, la libertad respecto a los pesos de la maternidad no deseada. Los estatutos restrictivos también violan la justicia social, porque cuando el aborto está prohibido, las mujeres recurren a abortos ilegales para prevenir nacimientos no deseados. Los abortos médicamente seguros siempre han estado disponibles para los ricos, para aquellos que podrían afrontar los costos elevados de los médicos y los viajes al extranjero; pero la mujer pobre se ha visto obligada a arriesgar su vida y su salud con remedios populares y profesionales de dudosa reputación”[6].

En definitiva, estimada Mariana, por más que usted se pretenda progresista y considere que “despenalizar y legalizar el aborto es un tema de salud pública, derechos humanos y sin, dudas, justicia social”, ¿la realidad no muestra que lo que usted promueve y promociona es la ideología genocida de la gran plutocracia oligarca internacional, la ideología genocida de los multimillonarios dueños y patrones del infame capitalismo especulador y depredador?

En última instancia, ¿no es evidente que usted estaría colaborando con los multimillonarios del mundo a favor de su política genocida, ya que repite literalmente sus argumentaciones criminales? ¿Usted piensa como los Rockefeller y cree que está promoviendo una política progresista? ¿De qué progreso está hablando?

En cuarto lugar, ¿usted es miembro-socia del CELS, que preside el señor Horacio Verbitsky? En tal caso, ¿usted no está enterada que a este organismo lo subvencionan, entre otros, la Embajada Británica en Buenos Aires, el Foreign Office, la Fundación Ford, la National Endowment for Democracy, la International Planned Parenthood Federation (Región del Hemisferio Occidental), la
International Women’s Health Coalition, la Open Society Foundations (George Soros/Banca Rothschild)? ¿No está enterada usted que las tres últimas instituciones mencionadas son activos acompañantes y donantes de cuantiosos fondos para imponer la pena de muerte a los niños por nacer? Usted se “sentirá” muy progresista y de avanzada, pero en realidad lo que usted hace es funcional y favorable al genocidio abortista implementado en casi todo el mundo? ¿A título de qué progreso usted promueve la pena de muerte abortista, en absoluta coincidencia con el plan genocida de los “ricos del Universo”? ¿Es a título oneroso o gratuito que usted colabora con instituciones multinacionales británicas y estadounidenses para imponer el genocidio demográfico para que el capitalismo financiero internacional, depredador y criminal, pueda “gozar en paz de su rapiña?

¿Le parece que usted puede reivindicarse como “progresista”, si trabaja en absoluta armonía con los depredadores de la riqueza mundial y promotores del más grande genocidio que ha conocido la historia humana? ¿Se puede ser “progresista” y estar al servicio de políticas que promueven el capital financiero internacional y el Imperio Británico?

My lady, la saludo atte.

 

José Arturo Quarracino

DNI: 10.801.385

[1] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11, New York, 1972.

[2] Ibidem: “women should be free to determine their own fertility, that the matter of abortion should be left to the conscience of the individual concerned, in consultation with her physician, and that states should be encouraged to enact affirmative statutes creating a clear and positive framework for the practice of abortion on request”.

[3] John Davison Rockefeller III, The Second American Revolution, New York 1973, Harper & Row Publisher, p. 64; La Segunda Revolución Norteamericana, p. 55.

[4] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11: “[,,,] all Americans, regardless of age, marital status, or income, should be enabled to avoid unwanted births. Major efforts should be made to enlarge and improve the opportunity for individuals to control their own fertility, aiming toward the development of a basic ethical principle that only wanted children are brought into the world”.

[5] Ibidem: “We believe that abortion should not be considered a substitute for birth control, but rather as one element in a comprehensive system of maternal and infant health care. For many, the very need for abortion is evidence of a social and personal failure in the provision and use of birth control”.

[6] Ibidem: “the various prohibitions against abortion throughout the United States stand as obstacles to the exercise of individual freedom: the freedom of women to make difficult moral choices based on their personal values, the freedom of women to control their own fertility, and finally, freedom from the burdens of unwanted childbearing. Restrictive statutes also violate social justice, for when abortion is prohibited, women resort to illegal abortions to prevent unwanted births. Medically safe abortions have always been available to the wealthy, to those who could afford the high costs of physicians and trips abroad; but the poor woman has been forced to risk her life and health with folk remedies and disreputable practitioners”.