Abominación de la Desolación y monseñor Marcelo Sánchez Sorondo.

De Antíoco IV Epifanes al clan Rockefeller

En el siglo II a. C., el pueblo de Israel vivió una de sus experiencias más traumáticas, cuando fue sometido por el rey sirio Antíoco IV Epifanes (uno de los sucesores-herederos del imperio de Alejandro Magno), quien invadió Palestina y su capital Jerusalén, permitió la construcción de un gimnasio a la manera griega, asaltó y destruyó el Templo de Jerusalén, robándose todas las piezas de valor que se atesoraban en el mismo y que se utilizaban en el culto (el altar de oro, el candelabro con todas sus lámparas, la mesa de los panes de la ofrenda, los incensarios de oro, etc.), derramando mucha sangre inocente.

El ataque culminó con la supresión del culto israelita, el vaciamiento del Templo y la imposición de un nuevo culto pagano, para reemplazar el culto yahvista de Israel. Y en definitiva, este proceso culminó con la instauración de una estatua de Zeus-Júpiter en el Templo.

En forma por demás llamativa, muchos miembros de la clase sacerdotal (saduceos) colaboraron con este proceso, quedando bien con Yahvé-Dios y sus  enemigos. Por eso es que a partir de entonces fueron muy mal vistos por el pueblo de Israel y tuvieron muy mala fama, por su colaboracionismo sacrílego y su defección.

antioco-iv-epifanes4 Antíoco IV Epifanes

Tanto en el Libro Primero de los Macabeos (1 Mac, 1, 21-51) como en el Libro del profeta Daniel (Dn 11, 21-39) se narran en detalle estos acontecimientos, y en ambos textos se define la profanación del Templo como “la abominación de la desolación”. La abominación es el escándalo de ver la Casa que Dios había hecho suya convertida en algo indigno de la gloria divina; es el reemplazo del altar en el que conservaba el Arca de la Alianza, labrada por el mismo Dios en el monte Sinaí, por una estatua de un Dios pagano. La abominación es el sentimiento que se despierta en la conciencia del creyente al ver la Casa de Dios prostituida y bastardeada. La desolación es el estado de ausencia de la presencia divina, el sentimiento de vacío absoluto: ya no queda nada en donde Dios habitaba en medio de su pueblo.

No hay que olvidar que en los tiempos antiguos la religión y el culto constituían el centro y fundamento de la vida de un pueblo, el punto físico a partir del cual se organizaba la vida de toda comunidad humana. Por eso era tan importante la destrucción de toda referencia religiosa para poder dominar y someter a un pueblo, porque se impedía su organización social.

En los primeros siglos de su existencia, el cristianismo procedió en forma exactamente inversa: cristianizó los lugares paganos de culto, convirtiéndolos en templos cristianos, y por otro lado evangelizó las culturas, es decir, dotó de contenido cristiano los valores y virtudes que eran el sostén y soporte de la vida de los pueblos antiguos. En este sentido, el famoso Panteón romano, construido por el emperador Herodes Agripa, fue consagrado por la Iglesia primitiva como iglesia puesta bajo el patrocinio de Santa María de Todos los Mártires. La colina Vaticana, en la que se había construido el Circo de Nerón y en el que, según la Tradición, había sido crucificado san Pedro, se convirtió en la sede de la Basílica puesta bajo la advocación de San Pedro, porque se sabía que en esos terrenos había sido enterrado. Por eso el emperador Constantino, converso cristiano, edificó por primera vez la Basílica en cuestión. Fue en el año 1952 que se encontró durante una excavación un cofre pequeño con la inscripción “Petrus”, datado en el siglo I de nuestra era cristiana. Ese cofre está hoy depositado debajo del Altar mayor de la Basílica petrina.

En otras palabras: el cristianismo, a la inversa del paganismo, convirtió lugares significativos de su historia dolorosa o lugares de devoción paganos en templos en los que celebra desde entonces su culto al Dios uno y trino, al Dios hecho hombre. En este sentido, el cristianismo prefirió integrar y llevar a su plenitud los valores religiosos paganos, antes que destruirlos y pervertirlos. En el caso de los templos no cristianos, prefirió absorberlos y cristianizarlos, respetando su carácter sacro.

bongaarts-john2  John Bongaarts       sanchez-sorondo-marcelo

En este contexto, llama poderosamente la atención que un alto prelado de la Iglesia Católica, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, como funcionario vaticano responsable de las Pontificias Academias de las Ciencias y de las Ciencias Sociales, decida proceder como los sacerdotes judíos del siglo II a. C. y colabore con una “abominación de la desolación” made siglo XXI. El citado monseñor es un sacerdote formado teológica y filosóficamente y conocedor de la historia bíblica. Sorprende entonces que en estos días que corren, desde el 27/2 al 1/3 haya organizado un Taller sobre “la Extinción Biológica” y haya permitido la participación de Paul Ehrlich (Stanford University), Mathis Wackernagel (Global Footprint Network) y John Boongarts (Population Council/Rockefeller), personajes abierta y públicamente partidarios de la eliminación masiva de seres humanos antes de su nacimiento, en abierto y flagrante antagonismo contra la doctrina cristiana y el magisterio eclesial, arrogándose el derecho de decidir quién puede vivir y quién no.

No se trata de simples teóricos, sino de personajes que trabajan y se desempeñan en instituciones que impulsan activa y decididamente a escala global el control de la natalidad, eufemísticamente hablando, ya que en realidad se trata del asesinato masivo anual de millones de seres humanos.

Como los antiguos saduceos con el Templo de Jerusalén, monseñor Sánchez Sorondo abre las puertas de la Iglesia Católica para que los enemigos del Evangelio la invadan y dicten cátedra en ella, en el mismo lugar en que fue ajusticiado San Pedro y en el mismo lugar donde descansan sus restos. En un acto que se asemeja demasiado a la “abominación de la desolación”, monseñor Sánchez Sorondo deja de lado la enseñanza magisterial de los Papas para que los representantes del poder financiero mundial expongan sus doctrinas contrarias al Evangelio y a la doctrina cristiana, adquiriendo así “carta de ciudadanía vaticana”. Parece que para el monseñor pontificio la verdad sobre la Vida humana y los peligros que afronta hoy se encuentra en los planes y proyectos antinatalistas de los Rockefeller y sus voceros, ya no en san Juan Pablo II, Benedicto XVI o Francisco. En otras palabras: monseñor Sánchez Sorondo reemplaza la enseñanza magisterial de la Iglesia por los delirios antinatalistas del poder financiero mundial y sus secuaces.

En todo caso, resulta abominable que en el mismo lugar donde descansan los restos de San Pedro, de numerosos mártires cristianos y de santos pontífices como san Juan Pablo II, san Juan XXIII, Pablo VI, y santos como san Pío de Pietralcina, se les permita “dar cátedra” a los enemigos de la Fe cristiana y de la raza humana. Por algo será que el citado “Taller” será celebrado a puertas cerradas.

Los evangelios nos muestran que Jesucristo disputó con el diablo, cuando éste quiso tentarlo, no dialogó con él sino que rechazó sus afirmaciones, que no eran carentes de lógica ni de contenido teológico. Pareciera que monseñor Sánchez Sorondo se pone en un nivel superior al del Divino Maestro, ya que mezcla y pone al mismo nivel la doctrina cristiana con el pensamiento criminal de la plutocracia financiera internacional, profundamente pagano y antihumano, que hace apología del exterminio masivo de los niños antes de nacer. Parece creer que puede haber diálogo entre el Bien y el Mal.

Llama la atención que siendo tan formado y con una producción literaria tan prolífica, monseñor Sánchez Sorondo haya olvidado el pasaje evangélico, citado en estos días por el papa Francisco, en el que el mismo Jesucristo afirma que “no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero”.

Pero como afirma un viejo aforismo popular, “no hay mal que por bien no venga”. Ante la traición de los sacerdotes del Templo de Jerusalén, que colaboraron con el invasor helenístico, un grupo de sacerdotes decidió retirarse al desierto de Judea y mantener viva la memoria cultual de Yahvé mediante la lectura y el comentario de los textos bíblicos (Comunidad de Qumrán). Por su parte, un grupo de laicos decidió formar una corriente que mantuviera viva la memoria de Yahvé, ya no a través del culto (porque no hay Templo), sino a través del estudio de la Torah (los hasidim, los futuros fariseos doctores de la Ley).

Ante la defección y traición de ciertos prelados que se abrazan a los poderosos y depredadores, hoy los christifidelis laici estamos obligados a mantenernos fieles a la Verdad de Dios, que es la que siempre triunfa, y a hacer brillar su luz y su belleza, cualquiera sean los precios que se tengan que pagar.

En un famoso sermón, san Agustín dice a quienes escuchan sus enseñanzas que “para ustedes, soy obispo; con ustedes, soy cristiano”. En todo caso, no olvide monseñor Marcelo Sánchez Sorondo que “para él, y para algunos prelados como él, somos laicos; pero a pesar de él, y de algunos prelados como él, tratamos de seguir siendo cristianos”.

 

 

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EL RETORNO DE LOS FRACASADOS

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Ya es indiscutible que la actual gestión gubernamental no deja error y horror por cometer. Su ADN empresarial y la soberbia que irradian sus principales cabezas –entre ellos, los “ojos, oídos y corazón del presidente”, que en realidad muestran ser una versión criolla de una comedia de enredos- le ha hecho creer que el país puede ser gestionado como si fuera una empresa, con acciones permanentes de prueba y error. En el colmo de su ignorancia, no saben que en un establecimiento se cumplen funciones, mientras que en la política se cumplen misiones; que en un caso la meta es producir beneficios, mientras que el otro caso el objetivo es forjar la felicidad de los gobernados.

¿Hasta ahora, no parece que las autoridades nacionales han dado muestras evidentes que la tarea de gobernar un país le queda grande y excede sus capacidades? Muchos funcionarios creen que la esencia de la política es gestionar y comunicar; que a un pueblo se lo puede llevar de las narices con las redes sociales, hackers y trolls; creen que deben mandar y se olvidan de persuadir. Lo peor de todo: ignoran que en la política, al igual que en la vida, “no es la soberbia la que domina, sino la humildad la que gobierna” (Juan Domingo Perón). ¿Su elevado nivel de vida les hace carecer de la sabiduría sencilla y profunda de los sufridos y de los humildes que se han educado y formado superando adversidades, no usufructuando del Estado “ni por izquierda ni por derecha”?

Lamentablemente, llegaron al gobierno por el fracaso de un progresismo berreta, disfrazado de un “nacionalismo popular” pseudo-peronista o sutilmente antiperonista, con el delirio de creerse el mejor gobierno de la historia argentina. Primera vez en la historia nacional que un partido en esencia liberal llega a ser gobierno por la fuerza de los votos. Éste ha sido el gran fracaso del anterior gobierno “nac&pop”, que esquizofrénicamente creyó que impulsaba un “proyecto productivo de matriz diversificada con inclusión social”, pero que en realidad gobernó para beneficio del poder financiero internacional, de las multinacionales extractivas y depredadoras, de la sojización de la economía y de la entrega de la mayor empresa del país a Chevron Corporation. Mucho grito de “liberación” y “lucha contra las corporaciones”, pero dejó intacta la matriz financiera especulativa montada por Videla y Martínez de Hoz: hasta hoy sigue vigente la Ley de Entidades Financieras de 1977.

En el colmo de la hipocresía, no tuvieron ningún rubor en reconocer que llegaron a la actividad política con una mano atrás y otra adelante, y se hicieron multimillonarios. Al contrario que muchas figuras patrias de nuestra historia, que por su compromiso por la actividad política perdieron gran parte de su patrimonio personal.

Hoy vemos que ante el fracaso al que se está encaminando el gobierno de Cambiemos, los responsables –y en algunos casos- los culpables de su llegada al gobierno pretenden volver como alternativa. Pretenden ser socialistas y antiliberales, pero tienen un ADN similar a lo que repudian, haciendo gala de una formación ideológica extraña a nuestro ser nacional. Pero no pueden dejar de exhibir una conducta hipócrita, ya que pretenden poner en un mismo nivel a Perón y Eva Perón con un especulador rentista y una hotelera exitosa. Critican a Menem, pero alaban a quienes supieron llevaron fondos oficiales de su provincia a la banca usurera internacional. Levantan las figuras de “Néstor y Cristina”, y critican a los que “ningunean a Perón”, que es justamente lo que hicieron Néstor y Cristina. Critican los ataques a Daniel Scioli por parte de Carta Abierta, que es lo que ellos también hacían. Hablan de un frente patriótico amplio en su convocatoria, pero apoyaron hasta el hartazgo una gestión gubernamental que se cansó de celebrar convenios y negocios poniendo a los tribunales de Nueva York y Londres como los ámbitos de discusión judicial, llegado el caso.

Ahora proponen acercar “al kirchnerismo” a importantes dirigentes políticos y sindicales que se alejaron de ese espacio; critican “la mala relación con gran parte del movimiento obrero, no abrir las listas para la participación efectiva de los trabajadores” y “no resolver democráticamente las candidaturas”, pero en ese momento apoyaron a rajatabla y sin cuestionamiento alguno ese accionar. Sin ponerse colorados, sostenían soberbiamente que “el kirchnerismo era una instancia superadora del peronismo”, pero ahora que quieren volver a morder cargos, pretenden aferrarse a Perón.

Perón ante la gloriaPero no quieren asumir que Perón no es una figurita ni una estampita útil para trepar políticamente. Hablan de Perón en pasado, porque no conocen en lo más mínimo su doctrina, su ideario ni su legado imperecedero. Se olvidan o desconocen que ya en 1973 Perón mismo había dicho que “ha pasado la hora de gritar la vida por Perón. Ha llegado la hora de defenderlo”, reafirmando “lo que las 20 verdades dicen”. Sabihondos engreídos, ignoran que lo que hizo grande al peronismo, gracias al ejemplo de Perón y Evita, fue el espíritu de abnegación y sacrificio con el que abrazaron el servicio a la causa del Pueblo y de la Nación. Desconocen que no se puede servir al mismo tiempo al Peronismo y al dinero, como hizo hipócritamente la anterior gestión gubernamental, que no sólo se enriqueció hasta cansarse, sino que bastardeó las grandes banderas de la Causa Nacional y se robó las esperanzas y el ideario de la revolución en paz que Perón vino a impulsar como su último aporte a la Nación.

Si quieren ser peronistas en serio, que se olviden de hacerse ricos. Si quieren ser ricos y rapiñar en el Estado, que no ensucien la memoria ni el legado de Perón

 

José A. Quarracino                                           Juan Carlos Vacarezza

Secretario Político                                                           Secretario General

Movimiento “Primero la Patria”

 

 

[Publicado en Política del Sur, 22 de febrero de 2016, Año 10 No. 524]   

¿POR QUÉ SE MERCANTILIZA Y SE CORROMPE LA POLÍTICA?

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Una máxima famosa expresada en los evangelios, en boca de Jesucristo, es que “no se puede servir a dos señores: a Dios o al dinero”. Significa que el que quiere acumular riquezas no puede vivir al servicio de Dios, y el que quiere servir a Dios no debe pretender hacerse rico.

No sólo en el mundo bíblico se piensa de esta manera. El famoso filósofo ateniense Platón escribió un famoso texto sobre la organización de la vida comunitaria, La República, en el que expresa que, para impedir que los gobernantes se corrompan y utilicen sus cargos para enriquecerse personalmente, no debían tener posesiones, propiedades ni riquezas, para no tentarse en el ejercicio de la función pública. Su subsistencia individual la garantizaba el Estado, pero no podían tener nada a su nombre ni considerarlo propio. La polis, la comunidad en su conjunto, formaba en la virtud y en la moral a los candidatos a gobernantes, para que administraran con justicia, pensando siempre en el bien de los gobernados y de la comunidad toda.

Refiriéndonos solamente a nuestra historia patria, tenemos numerosos ejemplos de varones y mujeres de nuestra tierra que vivieron en forma acorde a lo expresado líneas arriba. José Artigas, Manuel Belgrano, José de San Martín, Juan Manuel de Rosas, Manuel Dorrego, María de la Paz y Figueroa, Juana Azurduy de Padilla, Manuela Pedraza, Martina Céspedes, Ángel Vicente Peñaloza, Felipe Varela, Juan Bautista Alberdi, Leandro Alem, Lisandro de la Torre, Hipólito Yrigoyen, Arturo Illía, Juan Domingo Perón, entre otros. En todos estos casos, estas grandes personalidades históricas terminaron su vida pública con mucha menos riqueza que la que tenían al comienzo de su actividad política. Ejemplo paradigmático fue el Brigadier General Juan Manuel de Rosas, quien ya era muy rico al llegar al cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, a la que administró sin desviar un solo peso en beneficio personal suyo, tal como constataron sus enemigos luego de la derrota en Caseros en 1852.

En líneas generales, todas estas figuras nacionales recibieron como pago por su servicio a la patria la muerte, la pérdida de sus bienes y el exilio.

Distinta fue la actitud de un sector minúsculo –la oligarquía vernácula- pero poderoso de la sociedad argentina, subordinado históricamente al poder económico internacional angloamericano y que supo adueñarse del manejo del Estado para someter servilmente la Argentina a los intereses políticos-económicos de ese poder extranjero imperialista.

Para decirlo suavemente, uno de los mayores déficits que presenta la democracia post-Proceso, a partir de 1983, ha sido el predominio directo e indirecto de este sector oligárquico en la vida política nacional, que ha provocado la restauración de la condición colonial de nuestro país, el saqueo del Estado en beneficio de unos pocos y el empobrecimiento de la mayoría del pueblo, gran parte del mismo viviendo en condiciones miserables, a pesar de las “bondades” de una democracia “renga” o falsa. Decimos democracia “renga” o falsa ya que no sólo ha sido incapaz de extirpar la matriz económico-financiera instaurada por el Proceso cívico-militar iniciado en 1976, sino que además ha dejado intacto el corpus jurídico-legal que lo sustentó. Prueba de ello es que en los 32 años de vida “democrática” sigue vigente, vivita y coleando la Ley de Entidades Financieras 21526/77, sancionada el 14 de febrero de 1977 por Jorge Videla, José A. Martínez de Hoz y Julio Gómez. Democracia “renga” o falsa que ha elevado a niveles catastróficos e inverosímiles, imposible de pagar, una deuda pública externa e interna que consume todos los años el trabajo, la riqueza y el ahorro de todo el pueblo argentino.

Salvo honrosas y mínimas excepciones, la dirigencia política “nacional y popular”, “democrática” y progresista se ha sometido a las delicias crematísticas que el poder oligarca sabe compartir, en mínimas cantidades cuando se las compara con las cifras que saben rapiñar de las arcas públicas. En vez de combatir la injusticia social y el neocolonialismo instaurados estas últimas décadas, esa dirigencia se asoció en lo que podría calificarse como administración de la decadencia. No hay ningún dato económico que muestre una mejoría respecto al nivel de vida de las décadas 1970-1980: desde 1983 a la fecha nunca se logró que el salario real alcanzara el nivel de 1974; en los dorados años “nac&pop” los asentamientos-villas miserias se centuplicaron, a pesar del crecimiento económico declamado; el cacareado “modelo productivo de matriz diversificada con inclusión social” vivió exclusivamente de los ingresos de la soja y del endeudamiento externo.

En nombre del radicalismo y del peronismo la Argentina ha retrocedido a la condición que padecía en los años previos al surgimiento del peronismo. El mismo juicio formulado por Raúl Scalabrini Ortiz en 1936 (Política británica en el Río de la Plata) respecto a la Argentina sigue vigente hoy, 80 años después: menos de diez empresas manejan el comercio exterior argentino, los argentinos no somos dueños de nada, más de la mitad del país está en manos de empresas e individuos extranjeros (mayormente británicos) y los que habitamos en este suelo patrio ignoramos totalmente lo que pasa realmente en la vida económica nacional. En palabras de Scalabrini Ortiz, está sabiamente organizada la ignorancia de lo que nos pasa y de hacia dónde vamos. Por eso hoy, casi en su totalidad, la dirigencia nacional no piensa en una revolución que vuelva a dignificar a los trabajadores, forjar una nueva independencia económica y reinstaurar una nueva Justicia social. Sólo piensa en “gestionar”, que en buen romance significa muchas veces hacer negocios desde la administración pública. Por eso muchos “gestionadores” han alcanzado en la función pública un nivel de ingresos y de vida increíble e inexplicable.

Por primera vez en la historia argentina, la oligarquía portuaria y prebendaria llegó al gobierno por medio de los votos, gracias a los desastres seriales provocados por la “guerrilla nac&pop” de Puerto Madero-El Calafate y sus “comandantes de la obra pública y de la evasión fiscal”. Gracias a ello, hoy nos gobierna un presidente nacido en cuna de oro, que nunca pasó necesidades, cuya familia creció gracias a los negocios del Proceso y de la Democracia, que nos dice que “para salir de la pobreza hay que crecer durante 20 años”, cosa que no han hecho sus amigos y parientes, enriquecidos con la obra pública en menos de una década. Gobiernan los gerentes de multinacionales y las familias con empresas formadoras de precios, que subsidian a empresarios siempre oficialistas (presentes en todos los gobiernos, desde el Proceso hasta ahora, privatistas a la hora de los negocios con beneficios pero estatistas cuando sufren pérdidas), mientras les imponen ajustes a la mayoría del pueblo. Una muestra de cómo “cuidan la transparencia”: mientras el proyecto del muro Estados Unidos-México tiene un costo de 40 mil millones de dólares para una extensión de 1.600 km., el proyecto del soterramiento del tren Sarmiento nos costará 10 mil millones de dólares, para una extensión de 40 km. ¿Hace falta decir que la principal empresa beneficiaria de esta obra es aquélla cuyo dueño es el primo presidencial? En el ajuste tarifario de la luz de estos días, tanto Clarín como La Nación destacaron que “las empresas recibieron un aumento mayor al que esperaban” y que así “mejoraron sus balances”. ¿Hace falta decir que el socio y administrador de la fortuna presidencial, el señor Nicolás Caputo, es accionista de Edesur, y que el señor Marcelo Midlin, con su empresa Pampa Energy (socia del Consejo de las Américas), es uno de los dueños de Edenor? Y después nos quieren hacer creer que no gobiernan para los ricos.

Para no ser menos, varios ministros y sus empresas familiares se quedan con los mejores negocios de exportación (por ejemplo, la familia Braun, con la cuota Hilton de exportación de carne) o con grandes empresas productora de alimentos (por ejemplo, la familia Bosch, flamante dueña de la pollera Cresta Roja).

Como se puede apreciar, el Estado de Bienestar ha estado y está siempre presente: o a favor del pueblo (cuando gobernó Perón) o a favor de la oligarquía portuaria (ya sea con gobiernos neoliberales o progresistas, lo mismo da).

¿Qué hacer ante tanta mediocridad reinante? La misma situación padeció en el siglo I a. C. el imperio romano, en el cual muchas veces gobernaban los incapaces, los mediocres y los ineptos. Ante el pretexto del no compromiso en la vida pública, a causa del predominio de personajes no dignos de ejercer cargos públicos, el gran escritor y político Marco Tulio Cicerón responde que “los hombres honestos, enérgicos y dotados de valor no tienen causa más justa para participar en la vida política que el no vivir sometidos a los canallas, y no permitir que el Estado [la Patria] sea deshecho por ellos”. Pero esta participación rechaza el obrar impulsivo, reclama la capacitación y la formación serias: “no se puede acudir de improviso y cuando se quiere en defensa del Estado, aunque se vea cercado de peligros, si no estás en condiciones de hacerlo” (Sobre la República, Libro I).

Es que en última instancia, “un pueblo en el que se debilita la idea mística de patria, desaparece de la historia sin ni siquiera tener tiempo de recorrer las etapas de su decadencia”, tal como afirma el sociólogo y físico francés Gustave Le Bon.

 

José A. Quarracino                                           Juan Carlos Vacarezza

Secretario Político                                                           Secretario General

Movimiento “Primero la Patria”

 

[Publicado en Política del Sur, 15 de febrero de 2016, Año 10 No. 523]