ARTIGAS Y EL REVISIONISMO HISTÓRICO

Conferencia dada en 1960 en la facultad de Arquitectura (Montevideo), por José María Rosa – Prólogo de Alberto Methol Ferré

Temario01- La vuelta de Artigas

02- Revisionismo: triunfo de una política nacional

03- Artigas y el revisionismo en el Uruguay

04- La Revolución de Mayo y la unidad hispanoamericana

05- El caudillo

06- La oligarquía y el imperialismo

07- ¿Que es el revisionismo?

08- Significado de Artigas

09- Artigas y la independencia

10- El sufragio universal y las instituciones

11- Artigas y el federalismo

12- El sentido hispanoamericano de Artigas

13- El fracaso de Artigas

14- Rosas y Artigas

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ALBERTO METHOL FERRÉ

1. LA VUELTA DE ARTIGAS

¿Que nos viene a decir aquí José María Rosa? ¿Qué nos anuncia?: la vuelta de Artigas, el retorno del primer caudillo nacional, a quien nuestros pueblos, a través de la lucha de liberación latinoamericana, rescatarán para siempre, para nuestro futuro, de su éxodo.

Y así tenía que ser, así será y haremos que sea. ¿Quién puede rescatar a Artigas sino el pueblo? ¿Qué otro puede lograr que Artigas preste oídos desde su reclusión? ¿Puede volver, en su ley, de otra manera? Así lo quiso voluntariamente – sordo a los requerimientos de retorno del gobierno uruguayo – y quedó aferrado treinta años a la vida de muerto del destierro en sus selvas paraguayas, los treinta años más pobres, heroicos y mudos; víctima y testigo insobornable de la frustración de la unidad nacional. Por eso Artigas sólo retoma vigencia por la empresa de unidad nacional y popular latinoamericanas. Recién ahora el exilio de Artigas está tocando su fin. Una cosa remota, un drama que nos enseñaron como concluso, José María Rosa – aunque no lo formula extensamente, viene a decirnos que no, que todavía no tuvo desenlace y que es esta nuestra tarea. Un drama del ayer que se trasmuta en fuerza y justicia de nuestra esperanza.

Su recuerdo – y recuerdo es repasar el corazón de nuestra vida – será cada vez más presencia. Y ella nos pone de lleno en el centro de la actualidad rioplatense, en una dualidad cuyos términos se encuentran en guerra: por un lado la ausencia de una política nacional, por otro la emergencia avasallante de la conciencia histórica nacional. Esa es nuestra crisis de hoy: la contradicción entre la supervivencia de una política antinacional ascendente. Nuestra tragedia y asfixia reside en esa contradicción aún no resuelta. Una conciencia histórica eminentemente popular que todavía no se ha hecho política vigente. Una conciencia ahistórica impuesta por la oligarquía y el imperialismo, en declinación, delgada y anémica, que todavía es política. Claro que ese desencuentro entre conciencia nacional y política oficial tiene mucha mayor intensidad en Argentina que en Uruguay, pero no tengo duda, dentro de poco emparejaremos todo.

Tenemos, pues, los términos el conflicto, la batalla entre conciencia histórica popular que no genera la política total, y una política que ha perdido pie en los estratos de la creencia colectiva y aparece hoy retrospectivamente al desnudo, tal como fue: minoritaria, oligárquica, antinacional, desde su origen mismo Si, como anota Rosa, “la historia es el alma de los puebles”, nos encontramos que habíamos perdido el alma. Porque la dependencia de un pueblo, la balcanización, es derrota, es quedar forzado a una historia que hacen otros, es una pavorosa alineación colectiva padeciendo la historia desde fuera, desviviéndonos. Tal nuestra desgracia, la de Latinoamérica entera: más que vivir hemos desvivido. Historia desvivida es la que sólo cuenta con martirios (se entiende que hablo en términos políticos y no religiosos). Historia desvivida es la que encuentra en la revista Sur su expresión. Alienarse es desvivir, alienarse es exilio y éxodo. ¿Dónde se nos fue el alma? Y aquí nuestra gran paradoja: los destierros y muertes de San Martín, Artigas, Bolívar, Rosas, Solano López, Facundo, El Chacho y tantos otros, ¿fue de ellos o nuestro? ¿Quién se exiló, Artigas o el Uruguay? ¿San Martín o Argentina? Una vez dije que nuestra historia era una “dialéctica de los destierros”, de los que partían y los que quedaban, de vencedores y vencidos. Y todo ello agravado porque los hombres que encarnaron lo nacional fueron dos veces muertos, pues es sabido que la historia la escriben los vencedores, en este caso sus socios nativos. A unos los mataron enterrándolos en una presunta “barbarie”, a otros los tergiversaron y les admitieron una gloria falsa. Esto fue una obra consciente, sistemática, realizada por la oligarquía en especial a través de su más lúcido representante que fue Mitre. El mismo decía, que “historiar es gobernar”, y nos legó la más acabada interpretación antinacional de nuestra historia, que todavía obnubila al pueblo en las aulas…, aunque no en la calle.

2. REVISIONISMO: TRIUNFO DE UNA POLÍTICA NACIONAL

El creciente poderío popular, su necesidad imperiosa de hacer de una vez la historia por sí y para sí, está produciendo la destrucción de la engolada historia oficial. La fuerza del pueblo – que agudiza las contradicciones de la oligarquía y hace reducir su propia ideología a retórica acudiendo sólo a los resortes de la coacción – le hace ver cada vez más claro, y por ello surge el revisionismo histórico como autoliberación de la vieja y mentida historia que servía para amansarlo y extraviarlo. José María Rasa nos recuerda que “la historia no es erudición sino hacer político”, y define por ende con justeza al revisionismo. “¿Que se propone el revisionismo? Esencialmente, quebrar el coloniaje”. Así, el revisionismo significa la primicia del triunfo de una política nacional. Luego, realzado, habrá cumplido su objeto y se habrá, derogado como “revisionismo”, haciéndose uno solo con la política concreta de los pueblos libres.

La dinámica del revisionismo histórico – vasto movimiento de emergencia, de la propia conciencia en tren de asumir el pueblo su rol protagónico – le lleva a una superación incesante de sus etapas iniciales. Yo diría que la plena reivindicación de Artigas señalará su momento más alto. La razón es sencilla, y nos explicaremos brevemente. En el siglo pasado, la nación hispanoamericana en agraz (España e Indias) es disgrega2da por el embate de dos naciones europeas más desarrolladas (Inglaterra y Francia). El proceso revolucionario de independencia de España (radicada definitivamente en Europa) y de unidad nacional americana, también se frustra por presión de Inglaterra, produciéndose un estado de descomposición nacional que dura hasta nuestros días, y con un nuevo usufructuario, los Estados Unidos. Esta descomposición forma una multitud de Estados Parroquiales, a los cuales la enajenación colonial hace creer que son Estados Nacionales. Que los Estados Parroquiales se sienten “nacionales” es la más profunda alienación colonialista. Pero hoy, con la crisis generalizada del imperialismo y el ascenso de los pueblos oprimidos, se abre el tránsito de los Estados Parroquiales, hijos de la balcanización, hacia el estado Nacional Latinoamericano.

Siempre he negado que Argentina, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Méjico, etcétera etcétera, etcétera, constituyan Estados Nacionales. ¡De ninguna manera! A Miguel de Unamuno le recordábamos bien a los Estados – ciudad de la antigua Grecia. Somos una multitud de Estados dependientes y una sola Nación, y la independencia será el magno proceso hacia la integración federal del Estado Nacional Latinoamericano.

Como es lógico, el revisionismo histórico ha tomado impulso – dentro del área balcanizada – en las zonas que más se asemejan a una Nación. Por ejemplo: Argentina, pero esto tiene sus peligros. El creer que Argentina es una Nación, justamente por ser un fragmento latinoamericano con más volumen que otros, ¡imaginación espacial!, le puede llevar a una perseverancia en una visión parroquial, de campanario, de nuestro verdadero ser nacional. La lucha contra el coloniaje exige ir a los fundamentos mismos, a no quedarse a mitad de camino. De ahí que debemos superar el encierro de los Estados Parroquiales, que ha rebajado a los precursores y héroes auténticamente nacionales a su propia estrechez. Artigas ha sido siempre uno de los más reacios a tal reducción y por ello él es de modo eminente la medida de la madurez de la conciencia nacional en el Río de la Plata.

3. ARTIGAS Y EL REVISIONISMO EN EL URUGUAY

Artigas fue el centro de la lucha nacional en el Río, de la Plata en la segunda década del siglo XIX. Baste un hecho elocuente, que relata Zum Felde: en 1883 el senado uruguayo dispuso la erección de una estatua a Artigas y, en lugar de la inscripción proyectada que decía: “La patria agradecida, al fundador de la nacionalidad Oriental del Uruguay”, la comisión senatorial estableció en su informe, aprobado por el alto cuerpo: “El general Artigas está reputado como la personalidad política más levantada de nuestro país. Pero la inscripción no armoniza con la tendencia del Prócer a propósito de la Confederación, a favor de la cual luchó hasta que abandonó el suelo de la Patria”. Por lo cual se resolvió inscribir simplemente el nombre de Artigas al frente del monumento.

Con Artigas, el revisionismo histórico argentino rompe con las ataduras parroquiales para tomar una ruta verdaderamente nacional, superando los límites intelectuales de la balcanización. Son, si, varios historiadores argentinos que se aproximan cada vez más a la comprensión de Artigas. Podría citar a Federico Ibarguren, Rodolfo Puiggrós, Ernesto Palacio y otros. Pero, en honor a la verdad, el que más lejos está llegando es José María Rosa, y es por ello que para mi uruguayo y nacionalista hasta los tuétanos, es honra escribir estas líneas introductorias. Lo que puedo expresar es la seguridad, la confianza, que esta conferencia, este ensayo, de José María Rosa, sea el preanuncio de un gran libro. Sé que ahora el tiempo corre distinto a cuando Mitre quiso – en plena juventud – hacer su primera obra sobre José Artigas y se le quedó en el tintero.

Artigas era materia resistente, y no le sirvió para sus fines. Si Mitre no pudo con Artigas si puede José María Rosa. Y para terminar estas reflexione: ya demasiado largas, quiero dejar expreso mi agradecimiento a la Fundación Raúl Scalabrini Ortiz por haberme brindado su hospitalidad. Y permitirme en cierto modo una reparación. Lo cierto es que Scalabrini Ortiz fue un desconocido en mi patria. Sobre él sólo se escribió su necrológica. Tuvo, empero, una pequeña legión de fíeles, que mucho le deben. Y el signo de mi tierra es que, día a día, la vida luminosa de Scalabrini Ortiz ensanche su memoria. Nosotros también, por Artigas, somos hijos del hombre que está solo y espera.

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JOSÉ MARÍA ROSA

4. ARTIGAS, LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y LA UNIDAD HISPANOAMERICANA

Significado de Artigas para nosotros.

Evoco esta tarde a Artigas en tierra oriental. Lo hago como argentino, y sería una frase hueca decir que lo hago en desagravio por la torpeza como trataron al prócer Mitre y López, No la hago en desagravio de Artigas, que no necesita ese desagravio. Lo hago como reivindicación de un argentino a una figura que es nuestra tanto como de vosotros: pues Artigas pertenece a ambas orillas del Plata. Es más: pertenece, por sus ideales políticos, por su acción, por su temple, a la América Hispana entera.

Artigas es la Revolución hecha pueblo. En Buenos Aires se festeja en estos momentos el sesquicentenario del pronunciamiento de Mayo. Es un hecho glorioso, pero no es aún la revolución. Falta pueblo. Es un “antecedente” de la revolución, como las invasiones inglesas de 1806 y 7, como el Cabildo abierto de Montevideo de 1808, como la tentativa porteña de 1809. Vive una inquietud el Plata que no se ha traducido aún en ‘revolución” por cuanto no ha llegado al pueblo, Pasa entre gentes de la llamada “clase principal y decente de la población”.

La Revolución llega con Artigas: en 1811 hay una insurrección de masas rurales; hay un aliento de democracia, hay turbulencias de un pueblo entero conmovido. Aquí se habla por primera vez de “independencia absoluta” porque el pueblo y el caudillo dan la tónica del movimiento. Los señores de la “clase principal” están inquietos y no saben por qué: no saben si su inquietud se calma con constituciones liberales, o con junta como en España que gobiernen a nombre de Fernando VII. Es el pueblo quien sabe adónde va, y es el caudillo del pueblo. De allí que hable de Artigas como el primer revolucionario del Plata.

5. EL CAUDILLO

Artigas es un caudillo. Eso se ha dicho en sentido peyorativo por los liberales. Un “caudillo” es algo que no se encuentra en los libros de derecho constitucional comparado; porque los libros de derecho constitucional comparado han sido escritos para sistemas donde gobierna y detenta los privilegios una sola clase de la población. Gobiernan consejos o asamblea en público, y logias en secreto. Yo hay jefes, no puede haberlos: el “jefe” es la negación de los intereses particulares. Y Artigas es un “caudillo”, un “jefe” porque su gobierno es popular: la sola manera que tienen los pueblos de gobernar. El caudillo es la multitud misma, por ella habla y gesticula el pueblo: lo “representa” porque sabe interpretarlo, lo conduce, porque tiene sensibilidad para comprenderlo.

Artigas es lo vernáculo contra lo foráneo, la realidad contra el artificio, la Patria contra la colonia: lo nuestro, lo americano, lo auténtico, en pugna contra lo ajeno, lo importado, lo europeo. No bastaba con llamarse “revolucionario” para serlo, como ocurría en los triunviratos y directorios de Buenos Aires de mentalidad colonial e ideales puramente formales. Ellos no se llamaban “coloniales” ni se sentían así: para ellos lo colonial era lo español, y creían que dejaban de ser colonia al hacerse afrancesados o anglófilos. Porque no sentían lo nuestro. Su actitud era terriblemente colonial, porque hasta arrasaba con esa innegable raíz española que estaba en al fondo de las cosas criollas.

6. LA OLIGARQUÍA Y EL IMPERIALISMO

Artigas es el pueblo contra la oligarquía. Llamo oligarcas a quienes se consideran y obran como clase privilegiada. No solamente a los privilegiados económicamente, sino también a los falsos intelectuales – los inteligentuales que dijo alguno – que comprenden las cosas de todos los países menos del suyo, que viven de espaldas a la realidad, sordos y ciegos a su medio. Esos “inteligentuales”, aunque lo renieguen, son siempre aliados de los oligarcas: siempre son instrumentos de los imperialismos ajenos. Contra ellos está el pueblo, que es la reserva de la nacionalidad en todas partes; sobre todo en los Países coloniales o semi-coloniales donde la oligarquía obra como beneficiaria, gerente o propagandista de los imperialismos. (Uso la palabra “imperialismo” por comodidad. Entiendo el “imperialismo” al dominio comercial que Inglaterra y en menor grado Francia, querían tener de todo el mundo apenas la revolución industrial las convirtieran en emporios productores de materias manufacturadas). Esto lo digo para entenderme con quienes llaman solamente “imperialismo” al financiero de fines del siglo pasado. Antes del imperialismo financiero hubo un imperialismo comercial con características de dominio bien evidentes. Ahí tenemos las invasiones inglesas de 1806 y 1807 ahí tenemos la apertura del puerto de Buenos Aires al libre comercio en 1809, ahí tenemos la ayuda de lord Strangford a los directorios y triunviratos porteños, y ahí tendremos luego la intervención francesa de 1838-40 y la posterior anglo francesa de 1845-50).

7. EL REVISIONISMO HISTÓRICO ¿QUE ES EL REVISIONISMO?

Mis palabras tal vez chocarán a algunos porque pertenezco a la escuela revisionista de la historia Argentina, que bien puede llamarse de la historia latinoamericana ¿Que es el “revisionismo histórico? Ante todo es emplear el método histórico en la investigación del pasado: reconstruir los hechos lo más aproximadamente posible a su veracidad. Y enseñar públicamente esa verdad: en la escuela, en los colegios, en la universidad. Y si no se puede allí, en conferencias, en plazas públicas: porque nuestra auténtica historia ha sido escamoteada deliberadamente por la oligarquía para mantenernos en un estado de mediatización colonial para ser colonias pacíficas y tranquilas. La historia es el alma de los pueblos, y se nos ha querido quitar el alma para que no seamos jamás un pueblo. Pero además de este restablecimiento de la veracidad histórica por la auténtica reconstrucción de los hechos históricos, el revisionismo hace otra cosa. Los interpreta No los interpreta como la historia liberal desde las conveniencias del liberalismo, ni desde las vaguedades de la humanidad, la libertad, la civilización, etc. Nosotros los interpretamos desde aquí, desde el suelo que pisamos, y si me apuran mucho diré que desde la hora que vivimos. Porque la historia no es algo muerto: es algo vivo, algo que enseña el camino a un pueblo. Aquello que carece de actualidad no nos interesa: interesa a los eruditos, La historia no es erudición: es quehacer político. Interpretamos a la historia. Es decir valoremos los hombres y las cosas del pasado desde las conveniencias de Hispanoamérica como unidad nacional. No nos interesa que sus gobernantes hubieran sido constitucionales o inconstitucionales, “tiranos” o libertadores (para usar la terminología liberal que llama “tiranos” a los gobernantes populares). Nos interesa si fueron patriotas y sobre todo si obraron con patriotismo. Todo lo demás lo consideramos no sustancial, adjetivo. ¿Qué se propone el revisionismo? Esencialmente quebrar al coloniaje. Al coloniaje político, económico y sobre todo cultural lo quebrará mostrando donde está la “patria”, borrando a los falsos próceres que hoy se muestran como ejemplo y que hicieron de la Argentina (no quiero hablar sino de las cosas de mi tierra) esa colonia sin alma que hoy es. Que hicieron de toda Latinoamérica (aquí si puedo hablar) ese mercado de materias primas y víveres de los grandes imperialismos cuyos ideales se nos dice son la “libertad” (la libertad para que nos exploten: la libertad para pocos: la libertad del zorro libre en el gallinero libre que dijo alguno) y la “democracia” sin demos, la democracia controlada, conducida, engañada por los dueños de ultramar.

8. SIGNIFICADO DE ARTIGAS

Me he extendido demasiado, y os pido disculpas. He querido fijar nuestra posición ante la historia y el objeto da mis palabras a vosotros. He dicho que Artigas significa la revolución echa pueblo, la independencia; y además un sentido heroico de la vida, la idea del federalismo, y el concepto de la unidad americana, de la “unidad hispanoamericana”.

9. INDEPENDENCIA

Me es muy fácil demostrar estas proposiciones. La idea de independencia latente en el grito de Asencio encuentra su exteriorización escrita el 13 de abril de 1813 en la primera de las famosas Instrucciones del Año XIII. Allí habla Artigas (el primero, juntamente con otro americano llegado hace poco de España, José de San Martín) de independencia absoluta. Cuando los triunviratos, directorios y asambleas de Buenos Aires hablaban de incorporación lisa y llana a Inglaterra (como Alvear en 1815 con la misión de Manuel José García ante lord Strangford o a Juan VI de Portugal (como el congreso de Tucumán) o más tarde del protectorado francés con la coronación del príncipe de Luca protegido (contra Artigas precisamente) por un fuerte ejército francés.

Quiero leer con vosotros unos párrafos de la Oración de abril remitida el 5 de abril de 1813 por Artigas al congreso de la Provincia Oriental. Es el reconocimiento de la supremacía del pueblo. Artigas es el Jefe de los Orientales por reconocimiento implícito de los suyos, y confirmado en 1811 al iniciarse el Éxodo en octubre de 1811. Pero devuelve esa autoridad en abril de 1813, al Congreso porque “los pueblos deben ser libres”: porque él se inclina ante el “voto sagrado de la voluntad general”. Solamente un Caudillo puede hablar así; un caudillo que sabe al pueblo por encima de sí.

 

10. EL SUFRAGIO UNIVERSAL Y LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS PLATENSES

Podrán algunos profesores de historia constitucional comparada criticar la suma de poderes que tuvo Artigas como “gobernador militar” de su provincia, primero, y como Protector de los Pueblos Libres después, No era la suya la concepción tripartita de los poderes de Montesquieu. Y no lo era, porque Artigas no traía nada de afuera, no era un “inteligentual”. Algunos han encontrado libros leídos por el Protector, escritos por Payne y traducidos por García de Sena y se entusiasman porque creen haber rastreado el origen de sus ideas populares y federales. Que un hombre lea un libro no significa que ese libro sea su guía. Artigas habrá leído a Payne y muchos más, pero su concepción política es totalmente criolla. No tomaba el federalismo norteamericano sino los municipios indianos como modelo. Mejor dicho, tomaba la misma realidad “plasmándola de acuerdo a las circunstancias, como debe hacerlo, un auténtico político.

Yo encuentro que la esencia política del artiguismo es el “sufragio universal”. Como quiso establecerlo por el Reglamento de 1815, como lo establecieron en sus constituciones o estatutos de los Pueblos Libres creados por él de Santa Fe y de Entre Ríos. Y eso no lo tomó de Payne ni de ninguna parte: porque en tiempos de Artigas no había sufragio universal en Estados Unidos, ni en Francia, ni en Inglaterra, Lo había sí en la provincia Oriental, en Entre Ríos, Santa Fe y en Corrientes.

¿De dónde sale el “sufragio universal’, que podemos llamar la institución básica política del Plata? Sale de la milicia; es decir de la formación de todos los hombres en edad de llevar armas con la obligación de defender su municipio. Cuando el pueblo irrumpe en la historia del Plata lo hace formando en milicias comandado por su Jefe o caudillo (así se llame al jefe de las milicias en las antiguas leyes españolas). Elige en la plaza a este caudillo y le da los poderes suficientes para defender a la comunidad. “El primer derecho y deber del pueblo es elegir un Caudillo” dice el Estatuto de Santa Fe de 1819 dado por Estanislao López, cuando Santa Fe era un “Pueblo Libre” federado a la Liga de la Purificación. Que el caudillo tuviera todos los poderes, que mandara el ejercito, dictara las leyes por su cuenta, y conciencia, o hiciere justicia en definitiva apelación les puede horrorizar a muchos; pero a mí me gusta que el caudillo fuese emanación del pueblo y pudiera hacer todo eso mientras interpretara al pueblo; es decir que fuera el mismo pueblo gobernando. Después de 1819 la provincia de Santa Fe habrá tenido muchas constituciones muy perfectas, con sus poderes divididos y reglamentados. Pero me temo que nunca estuvo el pueblo tan presente como en 1819.

11. ARTIGAS Y EL FEDERALISMO

Artigas es el creador del federalismo argentino. Al decir “creador” no quiero decir que lo inventara él. Pero tuvo el acierto de encontrarlo en el fondo de los viejos cabildos indianos; y lo hizo realidad de la conducción política de la Revolución.

Nuestro federalismo es municipal esencialmente. Comunas que se consideran iguales en derechos y resisten la imposición de aquella gran comuna sin sentido nacional que es Buenos Aires. No lo resisten por desamor a Buenos Aires, sino porque Buenos Aires (o mejor dicho los hombres que gobernaban a Buenas Aires pertenecientes a la oligarquía) no tenían sentido nacional. En cambio las comunas de los Pueblos Libres, cuyos gobernantes surgían del pueblo sí lo tenían. De allí que la voz de Artigas hablando de independencia absoluta gobiernos Populares y federalismo, se extendiera más allá del Uruguay. En Buenos Aires se decían que la prepotencia o ambición de Artigas lo hacía extender su dominio. No lo podían comprender Era la suya la verdadera patria aflorando en el litoral: en los “Pueblos Libres” estaba en germen la Confederación Argentina de 1831.

Artigas hacía la unión por simple ejemplo, sin inmiscuirse en las cosas internas de las otras provincias, sin prepotencias inútiles e inconducentes. “Yo, adorador eterno de la soberanía de los pueblos – dice al cabildo de Corrientes que le reclama su protección en 1814 – solo me he valido de la obediencia con que me han nombrado para ordenarles que sean Libres.” ¡Ordenarles que sean Libres! Ese es el lenguaje de los grandes. “Ellos sólo tienen el derecho de darse la forma que gusten” – agrega – Formalizarán su Liga preciosa entre sí mismos y con nosotros, declarándome yo su Protector”.

12. EL SENTIDO HISPANOAMERICANO EN ARTIGAS

¿Cuál era la Patria de Artigas? ¿Era solamente su amada, provincia, su “patria chica” por la que tanto luchó? ¿Era la Liga de los Pueblos Libres? ¿Eran las provincias Unidas del Plata? Sí. Todo eso, y algo más también. Artigas era oriental y por ser muy oriental era muy argentino (no hablo de “argentino” como sinónimo de porteño, y pido que se me entienda; argento es el habitante de las provincias del Plata como lo dice la etimología). Pero no se detenía allí su idea de patria: por ser muy argentino era muy americano, muy hispanoamericano.

Para él su patria era la unión de todas las porciones de América Española. Unirán en un mismo Estado o Confederación de Estados, o una misma fraternidad, que para el caso es lo mismo. Lo importante no es lo formal, sino lo esencial: que haya conciencia de unidad de origen y unidad de destino.

Eso era el pensamiento de los hombres de la primera década revolucionaria. La artiguista provincia de Santa Fe en su mencionado Estatuto considera “ciudadano de Santa Fe” a todos los nacidos en América, española. Pero luego vinieron otras cosas, Nos perdieron entre constituciones y recelos: fraccionaron en veinte partes insondables la fraternidad hispanoamericana ¿Lo hicimos nosotros? Si… los gobiernos oligarcas eran tesoneramente separatistas: en Buenos Aires había un Rivadavia que nada quería saber con Bolívar, Fueron los gobiernos de la oligarquía orientados y dirigidos desde afuera. Es el “dividir para reinar” clásico, de los hábiles. Cuando ocurre eso, Artigas ya no existe políticamente. Yo veo en su retiro de Curuguaty, en su muerte política voluntariamente impuesta, en su soledad y abandono, una protesta por la pérdida de la Patria Grande, porque América no tomaba el rumbo que él señalara. Aquí tengo un documento de Artigas. Es el oficio que manda el 7 de diciembre de 1811 desde orillas del Dayman al cabildo de Paraguay, Pongámonos en el momento. Artigas encabeza el Éxodo: se dirige al Ayuí con todo su pueblo, en protesta del armisticio con Elío y para sustraer a los orientales del dominio español. En el Ayuí va a prepararse para recuperar la Banda Oriental. Y pide ayuda a Paraguay, entre otros.

Habla de su éxodo. Es una hazaña gigante: “yo llegaré muy en breve a mi destino con este pueblo de héroes” dice. Pero no la considera patrimonio oriental solamente; no ha hecho sino repetir el éxodo de La Paz en 1809. Primera manifestación de solidaridad americana. Hay más. Pide la ayuda paraguaya porque Asunción se defiende a sí misma defendiendo a los orientales. “Fuera cual fuere la suerte de la Banda Oriental, deberá trasmitirse hasta esa parte del norte de nuestra América”. La guerra de la independencia era una sola. Yo les llamo la atención sobre la fecha de este documento: 7 de diciembre de 1811. Ocurre un año antes que Bolívar hiciera su conocido manifiesto de Cartagena – como lo recalcara el profesor oriental Petit Muñoz – solicitando la ayuda de Nueva Granada para a recuperar Caracas. Porque la defensa de Nueva Granada estaba más allá de sus límites formales. La América española era una sola, pese a sus límites administrativos.

13. EL FRACASO DE ARTIGAS

Artigas no triunfó. Tuvo poderosos enemigos que acabaron por arrojarlo fuera de su Banda Oriental, vencido. No son esos enemigos ni Francisco Ramírez, ni Otorgués, ni los directoriales de Buenos Aires que engañaron a Ramírez con el inicuo tratado del Pilar. Artigas no triunfó porque no había llegado su hora: porque se había adelantado a su Hora. Porque la unidad de América hispana con gobiernos populares (sola manera de lograr esa unidad) no se podía hacer ante un enemigo tan poderoso como era Inglaterra entonces. Y con una oligarquía fuerte y sin desmantelar adentro.

Después de Cepeda, el 1º de febrero de 1820, Artigas debió entrar en Buenos Aires y extender los Pueblos Libres por todo el territorio occidental; Con los recursos de Buenos Aires, arrojar de la Banda Oriental a los portugueses; y erigirse él desde Buenos Aires (al fin y al cabo centro geográfico del Plata) en Jefe o Protector de la agrandada federación. Ayudar a San Martín y tenderle la mano a Bolívar, Otra seria la historia americana entonces. Pero no fue así. Ocurrió (culpa de los de afuera más que de José Miguel Carrera, o de la logia porteña, o de las ambiciones de Ramírez) la baja traición del Pilar y se eliminó a Artigas y a la Provincia Oriental de la argentinidad. Es decir se le eliminó la posibilidad de integrar la unión Hispanoamericana.

Artigas se fue y no volvió más. Pero dejó su espíritu en ambas márgenes del Plata. Los 33 tomaron el sentido heroico del artiguismo para defender la “patria chica”, y Juan Manuel de Rosas tomó el espíritu de Artigas para reconstruir la Confederación.

14. ARTIGAS Y ROSAS

Acerco las figuras de Artigas y Rosas, que para algunos parecerá herejía, Artigas tiene estatua y Rosas aún no. Pero para mí Rosas fue el continuador de Artigas.

Aunque no se diera cuenta, aunque no valorara a Artigas en su justa medida (que no es el caso). Rosas es el triunfo de la idea de los Pueblos Libres” en la margen occidental del Plata. La Confederación se forma en 1831) y su Pacto del 4 de enero es un eco de las instrucciones del XIII. Esa liga de gobiernos populares, confederados, con un Encargado de Negocios Extranjeros: esa formación sólida, de granito que es el Pacto Federal que Rosas hace aprobar a todas las provincias argentinas y de donde nace la Confederación Argentina, es la vieja idea de Artigas. El Restaurador ha tomado la bandera del Protector. Hasta su color punzó luce en su divisa.

Y no es solamente en los gobiernos populares y confederados como Rosas se asemeja Artigas. Así como éste lucha contra los portugueses, Rosas lo hace contra los ingleses y los franceses: la defensa de la soberanía es común a ambos.

Y finalmente el “americanismo”. El “sistema americano” de Rosas ha sido mal comprendido por muchos. Han creído en una prepotencia de Buenos Aires sobre el Plata. No fue así. Rosas quería la unidad del Plata, y algo más que la unidad del Plata: la unidad hispanoamericana. Pero la quería como Artigas a base de una propia decisión de los pueblos, sin prepotencias inconducentes por una política de mutuo respeto y común defensa. Esa unidad tal vez no llegaría a asumir la forma de una Confederación o de un Estado Federal, sino de una “fraternidad”. Eso bastaba, la fraternidad sellada con sangre entre argentinos y orientales cuando las intervenciones extranjeras de 1838 a 1850 mostraba con elocuencia el común destino de ambos.

Para muchos, la palabra “Rosas” es mala palabra. Es que Rosas – como Artigas – ha sido muy calumniado. La calumnia que encuentra eco en la gente de mentalidad colonial. O en los interesados en mantener el orden colonial bajo un manto de sonoras palabras.

Pero yo quiero recordar a vosotros, aquí y sean estas mis últimas palabras, dos títulos de gratitud de la Banda Oriental hacia Rosas. No hablo de las intervenciones, ni del sitio, ni de la invasión brasileña de 1851 y los inicuos tratados de octubre de ese año donde siempre se encuentra a Rosas junto a los orientales. Hablo de otras cosas, generalmente ignoradas.

La primera es la intervención de Rosas en la expedición de los Treinta y Tres Orientales. La preparó visitando la Banda Oriental con el pretexto de la compra de unos campos, como era un estanciero que no intervenía aparentemente en política, los portugueses lo dejaron recorrer la tierra. Hablo, con los jefes artiguistas y les anunció el arribo a la playa de la Agraciada. Y después él, junto con otros, financió la expedición de Lavalleja y Oribe.

La segunda es la actitud de Rosas ante el tratado proyectado por Brasil el 24 de marzo de 1843. Brasil le entrega allí prácticamente el dominio de la Banda Oriental a condición de la ayuda de Rosas para concluir con la, revolución independiente de Río Grande.

Aquellos que creen que Rosas tenía “ambiciones territoriales argentinas” no pueden comprender por qué Rosas rechazó ese tratado. Que lo venía a salvar de la intervención anglo-francesa (que no se haría si Brasil y la Confederación presentaban un bloque unido), y le daría a la Banda Oriental.

Es que Rosas era mucho más ambicioso que eso. No quería dominarla con prepotencias, quería por propia y decidida voluntad de todos llegar a una unidad definitiva Haría la unidad americana como hizo la unidad Argentina: sin dominio de Buenos Aires sobre el interior, en perfecta igualdad las provincias, hasta quitando privilegios de Buenos Aires (como el librecambio que obstaban al desarrollo de la economía del interior).

Porque Rosas, estanciero porteño, no gobernó para los estancieros ni para Buenos Aires; sino para una América libre de dominios foráneos y unida por gobiernos populares.

Como Artigas, nacido en Montevideo y militar de profesión, no gobernó para su ciudad natal ni para su clase militar.

No triunfó, como no triunfó Rosas, pero nos dejaron la lección que hemos de recoger en este siglo. Siglo de nacionalidades, donde se baten en retirada los imperialismos y sus servidores conscientes e inconscientes, con su fárrago de palabras huecas y de esquemas falsos.

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