«Documento sobre Población por parte de 30 líderes mundiales» — Comentario

Comentario a la Declaración sobre Población por parte de líderes mundiales (1966). Se trata del documento fundacional del control de la natalidad a nivel planetario, impulsado por la plutocracia financiera-industrial internacional que desde mediados de la década de 1960-1970 ha iniciado el asalto sobre la riqueza que por esencia pertenece a los pueblos y que al mismo ha planificado el genocidio de los niños por nacer, en una verdadera actualización de la figura del rey Herodes, que para proteger a su reino ordenó la matanza de todos los niños que vivían en Belén.

Rockefeller John Davison IIIJohn Davison Rockefeller III                        populationCouncil

Es bien sabido que al nacer el Mesías, el rey Herodes hizo matar a todos los niños menores de 2 años de Belén de Judea y de toda la comarca aledaña, porque sentía amenazado su poder real. Esta matanza indiscriminada de quienes representaban un peligro potencial para el infautado rey de Israel es conocida como la matanza de los Santos Inocentes, a quienes la Iglesia Católica celebra y conmemora inmediatamente después de la fiesta de la Navidad, el 26 de diciembre de cada año.

Lingotes y monedas de oro20 siglos después este cuadro cruel e inhumano vuelve a repetirse, a escala planetaria. El Herodes de nuestra época ha sido John D. Rockefeller III, un personaje emblemático de los grupos que dominan actualmente el mundo a su antojo y en beneficio propio, apropiándose del mayor porcentaje de bienes y riquezas que se producen. Es así que lo encontramos ya en 1952 fundando el Population Council, para ocuparse de los problemas relacionados con la población, impactado por la gran densidad de población que se concentraba en el sur y este de Asia, la región que registraba un rápido crecimiento poblacional y donde millones de personas apenas subsistían. Pero esta preocupación no estaba fundada en sentimientos filantrópicos y en criterios de justicia social y de distribución equitativa de la riqueza, sino en evitar que peligrara la posesión de la riqueza que los grandes grupos económicos habían logrado concentrar en beneficio propio y en perjuicio de miles de millones de personas en el mundo. ¿De qué modo podían estar en paz Rockefeller y sus socios? Evitando el crecimiento no planificado de la población mundial, a través del uso de anticonceptivos que limiten el control de nacimientos y, en última instancia, mediante la despenalización del aborto. La salud reproductiva se constituye en el criterio-eje que permite coordinar la planificación familiar, la educación sexual, el consumo masivo de anticonceptivos y en última instancia el aborto, y posee además un profundo carácter imperialista y colonialista, ya que esta política antinatalista se aplica sobre todo fuera de los Estados Unidos, en tanto y en cuanto el organismo mencionado «ha dado prioridad a la salud reproductiva y al bienestar de mil millones de adolescentes de países en vías de desarrollo que están a punto de iniciar su vida reproductiva y cuyo comportamiento conformará el futuro de sus países». Por eso vemos que la primera de las actividades que el mismo Consejo promociona es la de «desarrollar anticonceptivos y otros productos para mejorar la salud reproductiva». Como se puede apreciar, para llevar a cabo esta política, pero al mismo tiempo encubriéndola, los grupos de poder no dudan en recurrir a la manipulación del lenguaje, en tanto convierten a la reproducción humana en una enfermedad y a los productos químicos que sirven para impedir la vida en medicamentos que curan (cf. http://www.popcouncil.org/esp/mision.html).   

En 1966, John D. Rockefeller III redactó un documento que fue firmado por 30 de los principales líderes del mundo. Según la perspectiva del magnate norteamericano –avalada oficialmente por algunos presidentes, reyes y primeros ministros- la población mundial constituye el problema prioritario que urge atender a nivel mundial, ya que pone en peligro la paz mundial. Visto a la distancia, llama la atención que a mediados de la década de los años 60’, en plena época de la guerra fría del capitalismo contra el comunismo, en medio de una feroz carrera armamentista, con la guerra en Vietnam en curso “para frenar la expansión marxista en Asia”, lo que realmente preocupara a Rockefeller fuese el crecimiento de la población mundial que pone en peligro la paz mundial. En esa misma época, desde una instancia neta y exclusivamente financiera, Robert McNamara (ex Secretario de Defensa de los Estados Unidos y en ese entonces presidente del Banco Mundial) proclamó la necesidad de controlar el crecimiento de la población mundial.

AFICHES_CUATROEn otras palabras, para el grupo Rockefeller y para los «dueños del mundo» las poblaciones numerosas son las que ponen en peligro la paz mundial. ¿Por qué? Porque el crecimiento poblacional de un país «dificulta enormemente que se puedan promover niveles superiores de vida, además de la educación, así como mejorar la salud y el sistema sanitario, proporcionar mejores viviendas y transportes y fomentar oportunidades culturales y recreativas –e inclusive en algunos países asegurar alimentos suficientes». Quiere decir entonces que no es la injusticia social –magros salarios, intercambio comercial desigual entre los países, los gastos irracionales en armamentos, etc.- la que impide que las personas puedan ser felices y tener una vida digna: si la mayoría de las personas en el mundo no tienen condiciones dignas de vida, ni acceso a la educación, ni salud ni asistencia médica y en muchos casos se mueren de hambre, la culpa es de la supuesta gran cantidad de personas que hay en el mundo, razón por la cual los niños se han convertido en los enemigos de la paz mundial.

¿Cuáles son los dogmas que propone Rockefeller como “credo” para fomentar mundialmente el control de la natalidad y el crecimiento de la población?

a) que el control del crecimiento poblacional es la base para el desarrollo económico de los pueblos;

b) que decidir cuantos hijos tener es un derecho humano básico;

b) que controlar el crecimiento poblacional es la condición prioritaria para lograr la paz mundial duradera y significativa;

c) que muchos hijos obstaculizan que se pueda tener una vida digna y en plenitud (es decir, para no ser pobres y ser dignos, hay que tener muy pocos hijos, y mejor si no se tiene ninguno).

 

Como se puede apreciar en esta propuesta rockefelleriana, estamos en presencia de auténticos dogmas, porque son principios o puntos de partida que no se discuten ni se analizan, en ellos «se debe creer» como verdad absoluta. El «filántropo» John D. Rockefeller III no explica ni fundamenta por qué los hijos son los enemigos de la paz, de la justicia y del progreso, simplemente lo postula como verdad indiscutible, razón por la cual propone el camino de la despoblación mundial como vía para la paz (de los ricos). A partir de estos dogmas, como han anunciado y proclaman oficialmente, la preocupación fundamental –trasladada a los distintos gobiernos del mundo- es la de educar sexualmente, difundir en forma masiva el uso y consumo de elementos anticonceptivos (mal llamados medicamentos, porque no curan nada, sólo impiden la gestación de nuevas vidas) y por último despenalizar el aborto.

 

No es de extrañar –aunque asombra su inhumanidad cruel- que los poderosos y los ricos del mundo vean a los niños pobres como los enemigos que amenazan su paz y su tranquilidad, y que en consecuencia se propongan combatir el crecimiento de la población mundial en forma integral, a través de los procedimientos recién mencionados. Lo que realmente sorprende y maravilla es que los postulados y los principios que constituyen la base de la propuesta de Rockefeller y del Population Council sean los mismos que están presentes en las propuestas de nuestros autóctonos difusores de la salud reproductiva (organizaciones no-gubernamentales progresistas, legisladores «revolucionarios», «progresistas», «izquierdistas democráticos», ministros de “Salud”, etc.). Sobre todo sorprende e indigna que los criterios y postulados del «paradigma» Rockefeller estén presentes en las propuestas de los funcionarios públicos que hasta se atreven a proponer impúdica e impunemente la despenalización del aborto (incurriendo en un delito penal que ningún funcionario judicial se ocupa de reprimir). Como se puede comprobar fácilmente, la difusión masiva de los métodos anticonceptivos y el suministro a granel de elementos anticonceptivos, decidir la cantidad de hijos que se quiere tener y el momento para hacerlo como derecho humano básico, el mismo concepto de salud reproductiva, son todos conceptos ya elaborados por el «gran hermano» norteamericano, magnate financiero y petrolero entre otras cosas, que nuestros progresistas y democráticos repiten al pie de la letra, con escasa o nula originalidad.

Evidentemente, como lo expresa sin tapujos el grupo Rockefeller, el control de la natalidad (anticoncepción, esterilización quirúrgica y despenalización del aborto) es la política que las grandes corporaciones mundiales promueven como el instrumento de dominación de los pueblos y naciones del mundo, en particular de los llamados países en vías de desarrollo como el nuestro. A tal fin, en un doble juego de pinzas, se sirven de sectores autóctonos sometidos ideológica y culturalmente, los que con una supuesta actitud revolucionaria con veleidades de izquierda legitiman sus criterios y su combate contra el crecimiento poblacional mundial.

Es decir, los progresistas “críticos” de la globalización critican el capitalismo salvaje, pero en el fondo miran al mundo y a nuestros pueblos con los ojos del imperio, y toman por valioso lo que éste propone e intentan implantarlo en nuestras comunidades y en nuestra Patria, con lo cual dejan intacto el problema de fondo: el saqueo económico financiero, el empobrecimiento de nuestro pueblo y la postración política de la Nación. En este sentido, es significativo ver a las máximas autoridades de nuestra Argentina y a gran parte del arco político “opositor” promover políticas en función de la estrategia del grupo Rockefeller, encubiertas bajo la prédica vocinglera de los derechos humanos.

Es significativo ver que desde las esferas oficiales, gubernamentales y legislativas, se ataca y degrada a instituciones fundacionales de la Patria, para poder ejecutar a rajatabla los postulados y estrategias antinatalistas y criminales del grupo Rockefeller. Con muchos de nuestros gobernantes, legisladores y jueces a la cabeza, los progresistas constituyen la quinta columna de los ricos y poderosos del mundo que dueños de las riquezas del mundo pretenden ahora el despoblamiento de nuestro planeta, para tener paz y seguridad.

En una verdadera muestra de esquizofrenia política, se pretende darle estatus democrático a la ideología antinatalista e imperialista de la plutocracia financiera mundial. ¿Pero servir a los intereses foráneos y ajenos al pueblo, a la Nación y a la cultura autóctona no constituye un delito de traición a la Patria, en este caso promoviendo un verdadero infanticidio cruel, cobarde e inhumano para beneplácito del grupo Rockefeller y sus amigos plutócratas?

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