¿ROCKEFELLER SENTADO EN LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO?

Carta Abierta a MONSEÑOR MARCELO SÁNCHEZ SORONDO

 

 

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo

Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias

Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales

 

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Estimado monseñor:

Gracias a las enseñanzas e influencia de monseñor Michel Schooyans, desde el año 1997 me he estado ocupando de la defensa de la vida humana, sobre todo a partir del momento de la concepción. En particular, me he dedicado a desentrañar el contexto y el trasfondo político que hay detrás de las campañas sistemáticas y constantes contra la creación divina, y en especial contra los seres humanos que vienen al mundo y son condenados a morir sin poder llegar a ver la luz nunca jamás.

A lo largo de mi militancia política he trabajado en particular sobre esta temática, tan cara a la vida de los pueblos. Es por eso que me permito dirigirle estas líneas, porque he visto con gran asombro, estupor e indignación, que las Pontificias Academias de las que usted es Canciller han organizado para los días 27 de febrero-1 de marzo del corriente año un “Taller” sobre la Extinción Biológica, y que entre los expositores se cuenta uno en particular que es un paradigmático representante de los enemigos de la raza humana, en nombre del dios dinero que tanto condena el papa Francisco.

Es digno y encomiable que ambos institutos lleven a cabo una actividad sobre este tema que le compete a la Iglesia en su labor misionera, en cuanto uno de sus compromisos primordiales es el de hacerse cargo y custodiar la creación divina, junto con su misión fundamental de anunciar el Evangelio.

También es digno y encomiable que se lleve a cabo esta actividad, con el rigor y la seriedad científicos que suele ser habitual en ambas Academias, dado el excelente nivel intelectual y humano de sus miembros, que honran la labor tan importante y delicada que el Santo Padre san Juan Pablo II definió como “pastoral de la inteligencia”.

bongaarts-john2En este contexto, lo que asombra e indigna es que haya sido invitado como expositor el señor John Bongaarts, vice-presidente el Population Council, entidad fundada en el año 1952 por John Davison Rockefeller III, con el objetivo de desarrollar planes y programas a nivel mundial para llevar a cabo el control del crecimiento poblacional o el control de la natalidad.

Usted, monseñor, no puede ignorar que este señor está trabajando desde el año 1973 en la institución mencionada, ocupándose del impulso demográfico, de los determinantes de la fertilidad, del impacto de los programas de planificación familiar, las relaciones entre población y medio ambiente, etc. Usted no puede ignorar que los intereses de este señor están orientados fundamentalmente hacia el problema de la fertilidad y del impulso demográfico, para controlarlos y reducir el crecimiento poblacional global. Usted no puede ignorar que para “compensar el impulso de la población”, el señor Bongaarts recomienda “dar pasos para incrementar la edad en la que las mujeres tengan su primer hijo, mediante la inversión en educación para las niñas adolescentes”.

sanchez-sorondo-marceloUsted, monseñor, no puede ignorar estos datos, porque están presentes en la página oficial del Population Council: http://www.popcouncil.org/research/expert/john-bongaarts. Tampoco puede ignorar que hace poco tiempo, el 24 de febrero de 2016, el señor Bongaarts ha declarado con toda liviandad que el crecimiento demográfico es perjudicial para la humanidad, ya que “el potencial agregado de 4 mil millones de personas [hacia el año 2100] en las regiones más pobres del planeta es un obstáculo al desarrollo y dificulta que podamos ser optimista sobre su futuro. El rápido crecimiento poblacional, con su correspondiente consumo y derroche, tiene efectos adversos generalizados en las sociedades y en los ecosistemas mundiales. Muchos países estarían mejor con un crecimiento poblacional más bajo y con índices de nacimiento menores”. Para este “simpático” personaje, las economías de los “tigres asiáticos”, incluyendo a Corea del Sur y Taiwan, “en recientes décadas han visto rápidos incrementos per capita cuando declinaron los índices de natalidad” (http://www.popcouncil.org/news/development-slow-down-population-growth y en http://www.nature.com/news/development-slow-down-population-growth-1.19415).

Como puede apreciar, estimado monseñor, este señor sostiene que para dejar de ser pobres, los pueblos deben dejar de tener hijos. Al nivel en que se mueve, este “intelectual” no puede ignorar los informes del Credit Suisse y de la ong Oxfam, que muestran que desde el año 2000 en adelante, la concentración de la riqueza a nivel global ha sido tan violenta y brutal, que ha llegado a un nivel en el que 8 personas en el mundo tienen la misma cantidad de riqueza que las 3.500 millones de personas más pobres; que desde el 2015 el 1% más rico de la población mundial obtuvo más riqueza que el resto del planeta; que entre los años 1988 y 2011 los ingresos del 10% más pobre de la población mundial aumentó menos de 3 dólares por año, mientras que los ingresos del 1% más rico del planeta aumentaron 182 veces (OXFAM BRIEFING PAPER – SUMMARY JANUARY 2017, “An Economy for the 99%”, p. 2 y Credit Suisse, Global Wealth Databook 2016). En otras palabras: si hay pobreza y miseria generalizadas en el mundo, no es porque los pobres tengan hijos, sino porque un grupo minúsculo de personas (del que el señor Bongaarts forma parte) concentran para sí toda la riqueza.

Con este razonamiento del que hace gala, el señor Bongaarts muestra tener una mentalidad troglodita, reaccionaria en grado sumo. Afirmar que la pobreza en el mundo está causada por los hijos que tienen los pueblos es de un cinismo brutal. En el fondo, este personaje es simplemente un vocero del poder financiero anglosajón, parasitario, especulativo y depredador, cobra por ello. Lo que no se puede admitir es que un personaje de esta calaña acceda a ocupar un sitial en un encuentro o jornada organizada por la Santa Sede y que se le dé reconocimiento académico. Que alguien de esta calaña acceda a este privilegio es como pisotear la tumba de San Pedro y de tantos mártires y santos que han dado su vida por el Evangelio de Jesucristo y están enterrados en el Vaticano.

Es incomprensible e inadmisible que este vocero servil del imperialismo internacional del dinero dé cátedra sobre población ante las tumbas de Pablo VI y san Juan Pablo II, que tanto bregaron en contra de la mentalidad de personajes como el que nos ocupa. Sin temor a equivocarme, y con todo respeto, monseñor, me atrevo a asegurarle que darle lugar académico en el Vaticano al señor Bongaarts es insultar la memoria de tan magnos pontífices, y en el fondo, es denigrar el Evangelio que profesamos.

 

Pero el problema no es la personalidad individual del invitado, sino la organización que representa y de la cual es vocero y miembro activo desde hace décadas. Usted, monseñor, no puede ignorar que el Population Council, fundado en 1952 por John Davison Rockefeller III, es una de las instituciones pioneras en diseñar y llevar a cabo lo que san Juan Pablo II definió como el “holocausto demográfico planetario”, es decir, el asesinato anual a lo largo del mundo de millones de seres humanos en el vientre materno.

¿Acaso ignora usted, monseñor, que el “señor” Rockefeller III definió en 1966 al crecimiento poblacional no controlado como el “elemento” que ponía en peligro la paz mundial, y que a partir de entonces convirtió su proyecto corporativo privado de controlar la natalidad a nivel global en un problema de Estado, al asociar a 30 dirigentes políticos de varios países del mundo, entre ellos al mariscal Josef Broz (Tito), de Yugoslavia?

¿Acaso ignora usted que en el año 1969 este mismo personaje convirtió su proyecto corporativo privado antinatalista en problema que debía abordar la misma Organización de las Naciones Unidas?

¿Ignora usted que John Davison Rockefeller III definió como “derecho humano básico” la “decisión de cada individuo y de cada pareja respecto a la cantidad de hijos y el espaciamiento entre ellos”, desplazando el derecho a la vida como derecho humano básico?

¿No sabe usted que el 19 de julio de 1969 el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, dirigió al Congreso de los Estados Unidos un Mensaje especial sobre problemas del crecimiento poblacional, en el que sostenía que el crecimiento es uno de los temas más importantes que enfrentaba Estados Unidos, y que «sólo puede ser resuelto si hay un gran pacto de planificación anticipada»?

¿No sabe usted que en este Mensaje el sr. Richard Nixon decía que el excesivo crecimiento poblacional en los países en desarrollo perjudicaba el desarrollo económico y empeoraba la calidad de vida? Como podrá usted apreciar o evaluar, para el autor del «Watergate» la pobreza no radica en la injusticia social, sino en la cantidad de personas que habitan en el mundo «subdesarrollado». Según él, la pobreza y la ignorancia dificultaban a las familias pobres disminuir el número de hijos.

¿No sabe usted que el sr. Nixon afirmó en ese entonces que había pedido al Secretario de Estado y al Administrador de la Agencia para el Desarrollo Internacional «dar a la planificación poblacional y familiar suprema prioridad», porque «los elevados índices de crecimiento poblacional “deteriora los derechos individuales, perturba las metas nacionales y amenaza la estabilidad internacional”»? En otras palabras: asumiendo la ideología antinatalista de John Davison Rockefeller III, el señor Nixon afirmaba que el crecimiento poblacional de los pobres es una amenaza para la paz mundial. Pero la solución propuesta no era combatir la pobreza, sino eliminar niños pobres.

¿No sabe usted que en esa oportunidad el «ético» presidente norteamericano se preguntaba de qué modo se podía ayudar a las familias americanas «a no tener más hijos que los que desean»? ¿No sabe usted que «don Ricky» sostenía en ese entonces que «el parto no querido o inoportuno es uno de los motivos que están llevando a muchas familias a la pobreza o a mantenerlos en esa condición»? De nuevo habla el mensaje troglodita pre-cavernícola: los hijos causan y mantienen la pobreza de los padres, no los salarios miserables que los ultramillonarios “pagan” a los que trabajan.

Ya se imaginará usted cuál es la solución que proponía don Nixon: la creación de una Comisión sobre crecimiento poblacional y el futuro americano, la que entre sus objetivos debía determinar los recursos en el sector público de la economía que se requerirían para tratar el crecimiento anticipado de la población. De nuevo la vieja película de las oligarquías: recursos del Estado al servicio de sus objetivos estratégicos y geopolíticos.

De regalo, otro sofisma más del responsable del caso Watergate: «mi punto de vista es que a ninguna mujer americana se le debe negar acceso a los servicios de planificación familiar a causa de su situación económica». Es decir, servicios de planificación familiar gratuitos para los pobres, de acuerdo con la voluntad del presidente norteamericano. Como podrá usted apreciar, el entonces presidente estadounidense impulsaba el proyecto genocida del clan Rockefeller, el verdadero poder que gobernaba y gobierna en Estados Unidos.

¿Ignora usted, monseñor, que el 16 de marzo de 1970 el presidente Nixon firmó la ley que instituía la creación de una Comisión sobre crecimiento poblacional y el futuro estadounidense, aprobada por ambas Cámaras del Congreso americano, con lo cual el objetivo estratégico del clan Rockefeller de controlar el crecimiento de la población mundial se convirtió en política de Estado del gobierno estadounidense? ¿Ignora usted que fue puesto al frente de esta Comisión el ya mencionado John Davidson Rockefeller III, como presidente de la misma, al ser «la persona más íntima y ampliamente identificada con este problema», según palabras del mismo Nixon?

Maravilla la perversidad de esta astucia con rasgos diabólicos: una corporación privada traslada al Estado su problema, el cual se convierte en problema de Estado, y además el dueño de la corporación es puesto al frente del organismo estatal que se ocupará del problema. Este fervoroso plutócrata tan preocupado por el crecimiento poblacional de los pobres propondrá a través de la mencionada Comisión, entre otras cosas, convertir el crecimiento poblacional en un problema educativo, educación sexual disponible para todos, deslegitimar los matrimonios legales, que los Estados eliminen las restricciones e inhibiciones legales existentes que impiden el acceso a información, procedimientos y elementos anticonceptivos, legitimar y estatuir estos últimos, que los Estados adopten legislaciones positivas que permita a los menores recibir información y servicios contraceptivos y profilácticos en ámbitos apropiados sensibles a sus necesidades y preocupaciones, que se remuevan las restricciones legales existentes que impiden el acceso a la esterilización anticonceptiva voluntaria, que se liberen las restricciones legales al aborto para que éste último sea ejecutado a petición, que los gobiernos federales y locales proporcionen fondos para respaldar los servicios de aborto, QUE EL ABORTO SEA ESPECÍFICAMENTE INCLUIDO EN LOS BENEFICIOS GENERALES DE LOS SEGUROS DE SALUD, TANTO PÚBLICOS COMO PRIVADOS. En síntesis: aborto a petición (incluye el «embarazo no deseado»), financiado con fondos públicos y protegido por los Seguros sociales.

¿Ignora usted que “cumpliendo” estas directivas del presidente estadounidense, el señor John Davison Rockefeller III afirmó en 1972 que como principio ético que “sólo deben venir al mundo los hijos deseados o queridos”? ¿Qué el aborto –matar a un ser humano en el seno materno- no es un problema moral ni una cuestión judicial, sino simplemente una “cuestión sanitaria” que sólo compete a la mujer que desea abortar y a su médico”, desplazando al padre de la creatura gestada?

¿Ignora usted que fue este mismo señor quien en 1973 definió al aborto como “el derecho de cada mujer de determinar su propia fertilidad”?

¿Ignora usted, monseñor, que a pedido del presidente Nixon, el Consejo de Seguridad Nacional, el famoso Henry Kissinger, presentó el 24 de abril de 1974 el Memorando Estudio de Seguridad Nacional 200, sobre las «Implicancias del crecimiento poblacional mundial para la seguridad de Estados Unidos y sus intereses de ultramar». Este estudio estaba enfocado sobre las consecuencias internacionales políticas y económicas del crecimiento demográfico, por eso debía determinar, entre otras cosas, la probabilidad que este crecimiento produjera «políticas extranjeras perturbadoras e inestabilidad internacional». Como se puede apreciar, el crecimiento poblacional mundial constituye a partir de entonces UN PROBLEMA… DE SEGURIDAD NACIONAL ¡PARA LOS ESTADOS UNIDOS!

Para este servidor del poder plutocrático mundial, la reducción de las tasas de natalidad en los países en desarrollo «tendrán ventajas en el corto plazo, al disminuir la demanda de alimentación, salud, educación y otros servicios», para «incrementar la capacidad para contribuir a inversiones productivas, por lo tanto acelerando el desarrollo». Brutalmente dicho: menos gastos en salud, alimentación y educación para crecer económicamente, bajando la cantidad de nacimientos.

Llama la atención esta insistencia en la ecuación menos pobres = mayor desarrollo, pero en realidad esto le servía a sir Henry Kissinger para encubrir el problema que le preocupaba: al analizar los Efectos políticos de los factores de población, sostenía que las consecuencias políticas de estos factores «son dañinas para la estabilidad interna y las relaciones internacionales de países en cuyo progreso está interesado Estados Unidos», porque crean «problemas políticos e incluso de seguridad nacional para Estados Unidos», es decir, los pobres pueden convertirse en una fuerza volátil y violenta que amenace la estabilidad política.

¿Cuál es el argumento esencial que fundamenta y sostiene todo este razonamiento? Indicar y enfatizar el derecho de los individuos y parejas a determinar libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos. Es decir, el señor Kissinger invocó el derecho inventado por John D. Rockefeller III… para proteger la seguridad nacional de Estados Unidos y sus intereses en todo el mundo.

¿Ignora usted, monseñor, que el presidente Gerald Ford rubricó el 26 de noviembre de 1975 este informe del Dr. K., como Memorando Decisión de Seguridad Nacional 314, ratificando que «el liderazgo de los Estados Unidos es esencial para combatir el crecimiento poblacional […] y para promover la seguridad de los Estados Unidos y sus intereses de ultramar». Es claro y evidente entonces que ya en 1974 Estados Unidos declaró una guerra contra los pueblos pobres del mundo, para proteger su seguridad nacional y sus intereses de ultramar. Para librar esta guerra, el señor Ford formuló como estrategia básica de los Estados Unidos:

  1. «trabajar de cerca con otros, en vez de imponer su punto de vista», es decir, buscar cipayos que promuevan su proyecto de seguridad nacional;
  2. «enfatizar la relación entre una reducción del crecimiento poblacional y las ganancias económicas y sociales resultantes para las naciones más pobres», es decir, convencer que los culpables de la pobreza son los hijos;
  3. «reconocer la dignidad básica del individuo y su derecho para escoger libremente sus objetivos familiares y las alternativas de planificación familiar», es decir, establecer como axioma y dogma el principio formulado por John Rockefeller III que los padres son propietarios de la vida de los hijos, es decir, instituir la ley del más fuerte.

 

¿No sabe usted, monseñor, que toda esta ideología antinatalista y el control de la natalidad llevado a cabo a nivel global constituye la razón de ser del Population Council, como institución pionera responsable del holocausto demográfico llevado a cabo en las últimas décadas?

¿No sabe usted, monseñor, que se pretendió darle estatus oficial internacional a esta ideología antinatalista, a través de las Naciones Unidas, en las Conferencias sobre Población y Desarrollo (El Cairo 1994), sobre la Mujer (Pekín 1995) y Hábitat (Estambul 1996).

El Population Council, con su fundador John Davison Rockefeller III, ha sido una de las instituciones-madre de toda esta política criminal, propulsora del asesinato masivo de seres humanos en el vientre materno. El señor John Boongarts, empleado del Population Council ha sido uno de los principales funcionarios impulsores de esta política antinatalista global.

Contra este proyecto criminal se enfrentaron Pablo VI, san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Con su actitud tolerante hacia esta organización criminal y hacia uno de sus más encumbrados voceros, usted le da estatus vaticano y eclesial a esta política homicida y criminal, que sólo pretende darle paz y seguridad a la oligarquía plutocrática internacional que se está robando el mundo en provecho propio.

Por un lado el papa Francisco condena al sistema económico actual impuesto en el mundo y que sólo siembra hambre y muerte para la mayor parte de la población mundial, y además llama a combatir sus efectos deshumanizadores. Pero por otro lado usted invita a los voceros de ese mismo poder económico inhumano a “dar cátedra” sobre los problemas que afronta la población mundial actual. Para ello usted convoca a uno de los principales responsables de la extinción masiva de seres humanos en las últimas décadas. Con todo respeto, monseñor, en el fondo esto resulta ser una actitud esquizofrénica de la Santa Sede: criticar por un lado las desigualdades e injusticias económicas, y por otro lado darle autoridad a los socios y responsables de esas desigualdades y del genocidio que las acompañan.

Estimado monseñor: para tratar las cuestiones referidas al narcotráfico y al consumo de estupefacientes, a usted no se le ocurrió invitar a los jefes del Cartel de Sinaloa para que dieran cátedra en el Vaticano. Pero para afrontar el problema de las amenazas a la vida natural y a la vida humana usted convoca a uno de los principales ideólogos de la política criminal implementada en las últimas décadas. ¿Cómo se entiende? Más que una pastoral de la misericordia, ¿no parece que estaríamos en presencia de una pastoral de la esquizofrenia o de una pastoral de la hipocresía? ¿Qué tiene que ver el genocidio implementado por el clan Rockefeller en estas últimas décadas con el mensaje de Jesucristo? ¿Con qué derecho el señor Bongaarts y el Population Council van a transmitir su mensaje de muerte en el seno de la Iglesia de Cristo? ¿A nombre de qué?

Los evangelios sinópticos nos muestran que Jesucristo sólo “dialogó” con el tentador para resistir sus embates. San Agustín enseña que el Señor se dejó tentar por Satanás para mostrarnos y enseñarnos cómo se le resiste. Si somos fieles seguidores de Jesucristo, no podemos pretender ser superiores a él y invitar a dialogar a aquéllos que son transmisores de un mensaje diabólico, como es el de justificar el asesinato de seres humanos por el hecho que no se desea su existencia, poniéndose en el lugar de Dios.

En última instancia, monseñor, la Iglesia de Cristo no merece que ingresen en ella los enemigos de la raza humana para transmitir su mensaje de muerte contra los seres humanos más inocentes e indefensos de todos. En última instancia, ¿no es una actitud esquizofrénica pretender una “Iglesia pobre para los pobres” y al mismo tiempo pretender que dé cátedra en ella quien representa al poder financiero internacional y su proyecto diabólico de asesinar a voluntad a millones de seres humanos?

Estimado monseñor, da toda la impresión que los esfuerzos del papa Francisco de impulsar la dignificación de los pueblos y la extirpación de las injusticias que padecen van a contramano de la política tolerante que usted impulsa, acogiendo y sentando en la cátedra de Pedro a los responsables del terrible y abominable holocausto implementado por los ricos del mundo, para gozar en paz de las riquezas que le han robado a los pueblos y naciones del mundo a lo largo de todos estos años, y que sus mismos organismos ponen a la vista de todos en los informes que hemos mencionado.

En pocas palabras: NO SE PUEDE HACER SENTAR EN LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO A LA FAMILIA ROCKEFELLER Y SUS SECUACES.

 

Lo saludo atte., y quedo a su entera disposición.

 

José Arturo Quarracino

¿QUÉ TE PASA, ARGENTINA, QUE NO ENCONTRÁS EL RUMBO?

En su retorno en 1972, luego del infame exilio que sufrió durante 18 años, Juan Domingo Perón sostuvo que el problema más grave que enfrentaba la Argentina de ese entonces era la destrucción del hombre, y después la destrucción del Estado. Para el gran estadista que era, el problema de fondo no eran los datos políticos ni económicos, sino la degradación espiritual y cultural que habían sufrido los argentinos y sus instituciones fundamentales.

Esa destrucción fue el fruto de las acciones que el poder político y económico británico –el verdadero autor y promotor de la contrarrevolución de 1955- había llevado a cabo para destruir la obra de gobierno peronista, que no sólo había promovido el crecimiento económico del país sino también su desarrollo social con justicia, todo ello sin endeudarse en lo más mínimo con el poder financiero internacional. Ese intento destructor británico resultó infructuoso en su aspecto material, de tal forma que el historiador anglo-canadiense Henry Stanley Ferns sostuvo que “sólo una guerra civil devastadora podía derribar la obra revolucionaria de Perón” (La Argentina, Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1969, pp. 246-247). Pero sí fue exitoso en el debilitamiento cultural y espiritual de muchos miembros de la comunidad nacional, al sembrar incertidumbre, escepticismo en las propias fuerzas y olvido de las grandes causas que ennoblecen al ser humano y a los pueblos.

Para solucionar esa destrucción humana y estatal Perón propuso la unión nacional y la revolución en paz “sin que cueste la vida de un solo argentino” para reencauzar a la Argentina a su destino histórico. Aún habiendo obtenido el 62,9% de los votos del padrón electoral en las elecciones de setiembre de 1973, convocó a tal fin a la casi totalidad de las fuerzas políticas nacionales para que colaboraran con la tarea de liberación y reconstrucción de la Nación, resaltando, entre otras cosas, que “para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino”.

Perón ante la gloria

Luego de la muerte de Perón, el “matrimonio” entre el capital industrial-financiero multinacional y la ultraizquierda antiperonista en sus distintas versiones dio paso al nefasto Proceso cívico-militar de 1976, cuya autoría y paternidad corresponde al clan Rockefeller y al sistema de poder mundial que impulsó en 1973 con la conformación de la Comisión Trilateral. Este Proceso encaró con éxito la profecía del historiador citado, retrotrayendo a la Argentina a la situación neocolonial imperante hasta el 3 de junio de 1943 y encarando sin éxito la desaparición del Peronismo.

La restauración “democrática” de 1983 en adelante y en sus diversas variantes social-demócratas y liberales fue impotente e incapaz de recuperar la Argentina industrial y soberana instaurada por el Peronismo, más bien “se asoció” al gerenciamiento neocolonial impuesto a nuestra Patria. Prueba de ello es que las leyes ultraliberales implementadas por el Proceso (por ejemplo, la Ley de Entidades Financieras promulgada por Videla-Martínez de Hoz en 1977), las políticas desindustrializadoras y privatizadoras, la concentración y extranjerización económicas, nunca fueron revertidas, a pesar de los 32 años “democráticos” transcurridos. En última instancia, el “progreso revolucionario” impulsado se limitó a reemplazar el pleno empleo por la limosna clientelar, a promover asentamientos humanos en basurales contaminados e infectados, a asegurar ganancias extraordinarias a las multinacionales petroleras y mineras, a darle independencia plena de acción al poder financiero (local e internacional), a incrementar la deuda pública externa a niveles impagables, etc. Pero mucho peor fue la impotencia de gran parte de la dirigencia política (a veces acompañada de complicidad) de impedir la degradación de los valores morales y éticos fundantes del obrar político, la intención de imponer un falso conflicto ideológico entre “izquierda” y “derecha” y la pasividad frente a la agresión del narcotráfico y de su invasión en todos los sectores de la sociedad.

Todo esto contribuyó a que se agravara el diagnóstico de Perón respecto a la destrucción del hombre y del Estado. Una muestra visible de ello es que frente a los 12 años de gobierno peronista que erradicaron la miseria institucionalizada impuesta por gobiernos liberales extranjerizantes y edificaron una Argentina próspera, justa y digna, los últimos 32 años de gobiernos “democráticos” no han transformado ni erradicado la Argentina recolonizada por el poder financiero internacional, sino que la han consolidado en forma por demás paradójica, con un 30% de pobreza prácticamente estructural, pero con dirigentes políticos y testaferros enriquecidos a más no poder en el lapso de muy pocos años, ante la mirada cómplice y la pasividad culposa de gran parte de la comunidad argentina.

De muchas maneras se destruye espiritualmente al ser humano: Quitándole toda esperanza de progreso posible, convirtiéndolo en un ser individualista ajeno e indiferente al destino común, desarraigándolo de sus raíces históricas. De la misma manera se destruye o degrada el alma de un pueblo.

En este contexto, la Argentina parece haber perdido el rumbo y el sentido de su destino histórico, al verse maltratada por gerenciadores de la política y por advenedizos sin escrúpulos que la llevan a padecer constantemente crisis recurrentes, cada 10-11 años. Pero esta decadencia no es irreversible. Bien podemos los argentinos y nuestra Patria vivir una vida digna, fieles a nuestra tradición histórica, rescatando y recreando los principios y postulados doctrinales que sustentaron la obra de gobierno peronista y la planificación que la hizo posible. Así como en 1945 el pueblo se hizo presente en la historia rescatando a Perón de la prisión, hoy se impone rescatar a Perón de la prisión histórica a la que lo ha sometido una dirigencia incapaz de toda grandeza. O los argentinos nos abrazamos a una Causa que nos permita recorrer un camino de grandeza o nos veremos condenados a sufrir el destino que otros decidan para nosotros.

José A. Quarracino                                               Juan Carlos Vacarezza

Subcoordinador general                                         Coordinador General

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[Publicado en Política del Sur, 4 de octubre de 2016, Año 10 No. 511]

ESQUIZOFRENIA FEMINISTA y el GENOCIDIO ROCKEFELLER

Días pasados las mujeres argentinas se expresaron condenando la ola de violencia mortal que hoy agobia al conjunto de la sociedad argentina, a través de la consigna “Ni una menos”. Pero extrañamente, en medio de esa manifestación y reclamo justos, grupos feministas y progresistas introdujeron el reclamo del “aborto legal, seguro y gratuito”, reflejando una clarísima actitud de esquizofrenia moral y política: por un lado, protestan contra la muerte de las mujeres y por otro lado justifican la aplicación de la pena de muerte contra mujeres y varones en el seno materno, contra seres humanos que son absolutamente inocentes e indefensos.

Siguiendo con su actitud esquizofrénica, estos grupos justificadores del aborto como derecho se reivindican generalmente como progresistas, latinoamericanistas e indigenistas, pero su discurso es una repetición literal en español de los argumentos antinatalistas de la feroz y cruel plutocracia angloamericana que domina el mundo, de la cual el clan Rockefeller ha sido su vocero y operador político por excelencia. Se jactan de ser “indigenistas y latinoamericanos”, perosu lengua materna es el inglés.

Suponen estas abortistas que la despenalización del aborto y su legalización –aunque se trate de un crimen- permite brindar «servicios de aborto seguro» a quienes desean eliminar a los hijos gestados y todavía presentes en el vientre materno. Dicen que la penalización del aborto hace que las mujeres de escasos recursos acudan a prácticas clandestinas e ilegales que ponen en riesgo su vida y en algunos casos termina con el fallecimiento de la mujer abortante. Según quienes “enarbolan” este argumento, la penalización del aborto no afecta a las mujeres que cuentan con recursos para pagar un aborto en clínicas privadas, donde aparentemente abortan “en forma segura”. Por eso deducen que como las mujeres pudientes violan la ley, hay que permitirles a las mujeres pobres que obren igual que las mujeres ricas, pero sólo en este caso en particular de matar a sus hijos en el vientre materno.

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Se presumen «progresistas», pero esta argumentación “progre” es una repetición textual de la que ya ha hecho en 1972 John Davison Rockefeller III, al afirmar dogmáticamente que «cuando el aborto es prohibido, las mujeres recurren a abortos ilegales para prevenir nacimientos indeseados. Abortos médicamente seguros han estado siempre a disposición de las mujeres ricas, para las que pueden afrontar los elevados costos de doctores y viajes al extranjero; pero la mujer pobre se ha visto obligada a arriesgar su vida y salud con remedios caseros y practicantes con mala fama»[1]. Además de su matriz oligarca y plutocrática, es evidente que este pensamiento adolece de un grave defecto de irracionalidad jurídica y política, en cuanto sostiene que una ley es inútil o no sirve… porque los pudientes o ricos la violan e incumplen (???). Curiosa reivindicación que hacen los progresistas no sólo del “derecho” de los ricos de violar la ley y no ser castigados por ello, sino que además le conceden a los pobres el mismo “derecho”.

Estas progresistas “latinoamericanas” no tienen problemas en coincidir en forma total y absoluta con los dueños del capitalismo internacional, genocida y depredador. Repiten sus mismos argumentos en clave “revolucionaria”: «[…] la anticoncepción es el método de elección para prevenir un nacimiento no deseado. Creemos que el aborto no debe ser considerado un sustituto para el control de la natalidad, sino más bien como un elemento en un sistema general de cuidado de la salud materno-infantil»[2]. Clarísimo: el aborto no es considerado un crimen ni asesinato, sino un “problema de salud pública”. Lo mismo repiten desde hace tiempo los y las progresistas, al igual que muchos liberales.

Esto se complementa con otros argumentos siempre citados por el progresismo izquierdoso y que se articulan con el argumento anterior: “[…] las mujeres deben tener la libertad de determinar su propia fertilidad, la cuestión del aborto debe ser dejado a la conciencia de la mujer involucrada, en consulta con su médico, […] los Estados deben ser alentados a aprobar estatutos objetivos que creen un marco claro y positivo para la práctica del aborto a petición”[3]. Es decir:

  1. a) el aborto es una decisión libre de la mujer
  2. b) el aborto es una cuestión que sólo involucra a la mujer y al médico (desaparición de los esposos y padres)
  3. c) el Estado es garante de la ejecución de ese “derecho”.

Llamativamente, esta concepción antinatalista y abortista de los imperialistas yanquis es la misma que repiten en español los “progres”: Aborto como derecho y acto libre – Involucra solamente a la mujer y a un médico – Estado garante del ejercicio de ese “derecho”.

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“Nuestras” feministas dicen que el aborto es un derecho. Creen que dicen una novedad, pero quien ha inventado este derecho no ha sido la ONU, ni tampoco ha sido consagrado en ningún tratado internacional. El que inventó que el aborto es un derecho ha sido el yanqui John Davison Rockefeller III en 1973, al afirmar que “el aborto es el derecho que tiene la mujer para determinar su fertilidad”[4]. ¿Sobre qué principio se funda este derecho? Según Rockefeller, en el principio ético básico [inventado por él] que afirma que “sólo se traen al mundo los hijos deseados”[5]. Según este siniestro personaje, existe el “derecho” de eliminar al hijo no deseado. Lo mismo piensan las progresistas antiimperialistas, porque en realidad son feministas que repiten los argumentos de un macho yanqui. Son antiimperialistas que le dan estatus democrático al ideario genocida del imperialismo angloamericano.

Paradójica o esquizofrénicamente, “nuestras” feministas reclaman contra la violencia, pero al mismo tiempo hacen apología de la pena de muerte contra los nascituros, impulsada por el imperialista Rockefeller.

[1] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11: «[…] when abortion is prohibited, women resort to illegal abortions to prevent unwanted births. Medically safe abortions have always been available to the wealthy, to those who could afford the high costs of physicians and trips abroad; but the poor woman has been forced to risk her life and health with folk remedies and disreputable practitioners».

[2] Rockefeller Commission Report, Op. cit., ibidem: «[…] contraception is the method of choice for preventing an unwanted birth. We believe that abortion should not be considered a substitute for birth control, but rather as one element in a comprehensive system of maternal and infant health care. For many, the very need for abortion is evidence of a social and personal failure in the provision and use of birth control».

[3] Rockefeller Commission Report, Op. cit., ibidem: «women should be free to determine their own fertility, that the matter of abortion should be left to the conscience of the individual concerned, in consultation with her physician, and that states should be encouraged to enact affirmative statutes creating a clear and positive framework for the practice of abortion on request».

[4] John Davison Rockefeller III, The Second American Revolution. Some personal observations, Harper & Row, Publishers, New York 1973, p. 64: the abortion is «a woman’s right to determine her own fertility».

[5] Rockefeller Commission Report, Population and the American Future, Chapter 11: «only wanted children are brought into the world».

Joseph cardenal Ratzinger, “Versus Deum per Iesum Christum”

«La orientación última de la acción litúrgica, jamás expresada por entero en las formas externas, es la misma para el sacerdote y el pueblo: hacia el Señor» (Introducción del decano del Sacro Colegio Cardenalicio al libro di Uwe Michael Lang)

Eucaristía2

Para el católico practicante son dos los resultados que aparecen como los más evidentes de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II: la desaparición del latín y el altar orientado hacia el pueblo. Quien lee los textos conciliares podrá constatar con estupor que en ellos no se encuentran presentes ni una cosa ni la otra.

Es cierto que según las intenciones del Concilio (cf. Sacrosanctum Concilium 36,2) se debería dar espacio a la lengua vulgar, sobre todo en el ámbito de la Liturgia de la Palabra, pero en el texto conciliar la norma general inmediatamente anterior sostiene que «se conservará en los ritos latinos el uso de la lengua latina, salvo un derecho particular» (ib., 36, 1).

De la orientación del altar hacia el pueblo no se hace mención en los textos conciliares, sí en instrucciones postconciliares. La más importante de ellas es la Institutio generalis Missalis Romani, la introducción general al nuevo Misal Romano de 1969, donde en el número 262 se lee: «el altar mayor debe estar construido separado del muro, de modo que se pueda dar vueltas fácilmente alrededor del mismo y celebrar, sobre él, hacia el pueblo [versus populum]». La introducción a la nueva edición del Misal Romano de 2002 ha retomado literalmente este texto, pero al final ha hecho el siguiente agregado: «es recomendable allí donde es posible». Este agregado ha sido leído en muchas partes como un endurecimiento del texto de 1969, en el sentido que él mismo nos obligaría en general a construir -«allí donde es posible»- los altares orientados hacia el pueblo. Pero esta interpretación ha sido rechazada por la competente Congregación para el Culto Divino ya el 25 de setiembre de 2000, cuando explicó que la palabra «expedit» [es recomendable] no expresa una obligación sino una recomendación. Sostiene la Congregación que la orientación física debería ser distinta de la espiritual. Cuando el sacerdote celebra versus populum, su orientación espiritual debería ser de todos modos siempre versus Deum Iesum Christum (hacia Dios a través de Jesucristo). Así como los ritos, los signos, los símbolos y las palabras no pueden agotar jamás la realidad última del misterio de la salvación, de la misma manera hay que evitar posiciones unilaterales y absolutas al respecto.

Ésta es una aclaración importante, porque clarifica el carácter relativo de las formas simbólicas externas, con lo cual se opone al fanatismo que, lamentablemente en los últimos cuarenta años, no han sido infrecuentes en el debate en torno a la liturgia. Pero al mismo tiempo ilumina también la dirección última de la acción litúrgica, jamás expresada por entero en las formas externas y que es la misma para sacerdote y pueblo (hacia el Señor, es decir, hacia el Padre a través de Jesucristo en el Espíritu Santo). Es por eso que la respuesta de la Congregación debería crear también un clima más distendido para la discusión, un clima en el cual se puedan buscar los mejores modos para la acción práctica de la salvación sin condenas recíprocas, escuchando atentamente a los otros, pero sobre todo escuchando las indicaciones últimas de la misma liturgia. Ya no se debería admitir más en la discusión que se rotule apresuradamente ciertas posiciones como «preconciliares», «reaccionarias», «conservadoras», o si no como «progresistas» o «extrañas» a la fe. Más que nada, esta discusión debería dejar un espacio para un nuevo y sincero esfuerzo común para cumplir, de la mejor manera posible, la voluntad de Cristo.

Este pequeño libro de Uwe Michael Lang, oratoriano residente en Inglaterra, analiza la cuestión de la orientación de la oración litúrgica desde el punto de vista histórico, teológico y pastoral. Al proceder de este modo, me parece que vuelve a encender en un momento oportuno un debate que, no obstante las apariencias incluso después del Concilio, jamás ha concluido realmente.

El liturgista de Innsbruck, Josef Andreas Jungmann, quien fue uno de los arquitectos de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II, se había opuesto firmemente desde el comienzo al polémico lugar común, según el cual el sacerdote, hasta ahora, habría celebrado «volviendo las espaldas al pueblo». Por el contrario, Jungmann había subrayado que no se trataba de un volver las espaldas al pueblo, sino de asumir la misma orientación del pueblo. La Liturgia de la Palabra tiene carácter de proclamación y de diálogo, ya que es un dirigir la palabra y responder, y en consecuencia, debe ser un dirigirse recíproco de quien proclama hacia quien escucha y viceversa. Por el contrario, la Oración Eucarística es la oración en la que el sacerdote hace las veces de guía, pero junto al pueblo y al igual que el pueblo, está orientado hacia el Señor. Es por eso que, según Jungmann, la misma orientación del sacerdote y del pueblo pertenece a la esencia de la acción litúrgica. Posteriormente, uno de los principales liturgistas del Concilio, Louis Bouyer, y Klaus Gamber, cada uno a su modo, retomaron la cuestión. No obstante su gran autoridad, al principio tuvieron algunos problemas para hacerse oír, tan fuerte era la tendencia a resaltar el elemento comunitario de la acción litúrgica y a considerar por eso al sacerdote y al pueblo recíprocamente orientados el uno hacia el otro.

Sólo recientemente el clima se ha distendido, razón por la cual ya no estalla la sospecha que nutre sentimientos «anticonciliares» aquél que plantea preguntas como las de Jungmann, de Bouyer y de Gamber. Los progresos de la investigación histórica han hecho que el debate sea más objetivo, y los fieles intuyen cada vez más lo discutible de una solución en la que se advierte a duras penas la apertura de la liturgia hacia lo que la espera y hacia lo que la trasciende. En esta situación, el libro de Uwe Michael Lang, tan agradablemente objetivo y de ninguna manera polémico, puede revelarse como una ayuda preciosa. Sin la pretensión de presentar nuevos descubrimientos, ofrece con mucho cuidado los resultados de las investigaciones de las últimas décadas, proporcionando las informaciones necesarias para poder alcanzar un juicio objetivo. Muy apreciable es el hecho que se pone en evidencia en tal sentido, no sólo la contribución de la Iglesia en Inglaterra, poco conocida en Alemania, sino también el debate respecto al Movimiento de Oxford en el siglo XIX, en cuyo contexto maduró la conversión de John Henry Newmann. Es sobre esta base que se desarrollan luego las respuestas teológicas.

Espero que este libro de un joven estudioso pueda revelarse como una ayuda en el esfuerzo -necesario para cada generación- de comprender correctamente y de celebrar dignamente la liturgia. Mi augurio es que pueda encontrar muchos lectores atentos.

 

El libro

El texto del cardenal Joseph Ratzinger publicado en estas páginas, inédito en Italia, es el prefacio que el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe ha escrito al libro de Uwe Michael Lang, Conversi ad Dominum. Zu Geschichte und Theologie der christlichen Gebetsrichtung, editado el año pasado en Suiza por Johannes Verlag, de Einsiedeln. En estos momentos se está publicando la versión en inglés de este volumen (Turning towards the Lord: Orientation in Liturgical Prayer) por la editorial Ignatius Press de San Francisco (Usa), la cual detenta el copyright de la obra.

Uwe Michael Lang es miembro de la Congregación del Oratorio de san Felipe Neri, en Londres, ha estudiado teología en Viena y en Oxford, y ha publicado numerosos textos sobre temas patrísticos.

El texto original en italiano fue publicado originalmente en http://www.30giorni.it/articoli_id_3277_l1.htm

BENEDICTO XVI, un santo viviente

El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios. En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.

(Sal 92, 13-16)

Benedicto XVI ante el Altar

Este salmo es recitado en el Oficio de Lectura del 2º sábado de Cuaresma. En estos versículos citados no podemos dejar de aplicar lo que allí se dice al venerado Pontífice emérito Benedicto XVI, en estos momentos en que celebra su 65º aniversario de vida sacerdotal.

Nadie puede desconocer que Joseph Ratzinger ha vivido, como sacerdote, una vida ejemplar al servicio de Cristo y de su Iglesia. No podemos olvidar que el lema de su escudo episcopal fue el de “Cooperadores de la Verdad”, porque es la esencia del oficio sacerdotal que él vivió a lo largo de toda su vida: servidor de la Verdad, siervo de Nuestro Señor Jesucristo y del Dios trinitario.

Su sacerdocio fue una de las expresiones más plenas y acabadas de lo que significa ser sacerdote: hacerse humanamente nada para que Cristo pueda ser todo a través de la persona que se consagra a Él. Tal como él mismo lo expresó en su oportunidad: “El ministerio de la Palabra exige del sacerdote la participación en la kénosis de Cristo, el manifestarse y el humillarse en Cristo. El hecho que el sacerdote no habla más de sí mismo, sino que lleva el mensaje de otro, de ninguna manera significa indiferencia personal, sino más que nada lo contrario: el perderse en Cristo que retoma el camino de su misterio pascual, y así lleva a encontrarse verdaderamente a sí mismo y a la comunión con Aquél que es el Verbo de Dios en persona. Esta estructura pascual del no-yo y, sin embargo, de mi verdadero yo muestra en definitiva la finalidad del ministerio de la Palabra más allá de todo lo que es funcional, penetra dentro del ser y supone el sacerdocio como sacramento”[1].

 

Su renuncia al ejercicio activo del papado el 11 de febrero del año 2013 significó justamente la plenificación de su vocación sacerdotal, aunque suene paradójico o contradictorio. El querido papa Benedicto XVI no renunció al sacerdocio, sino que en definitiva y en última instancia hizo lo que el Señor le debe haber pedido en esas horas dramáticas para él, para la Iglesia y para el mundo. Los hechos posteriores –fundamentalmente, la elevación al papado de Francisco- muestran que el papa Ratzinger supo humillarse para dar paso a quien el Señor ha querido poner al frente de su Iglesia en este momento de la historia: el papa Ratzinger no hizo lo que quiso, sino lo que Cristo le pidió, al precio de su humillación “mundana”, como lo puede ser su renuncia por cansancio físico o espiritual. Si hoy el mundo presencia el papado de Francisco es gracias al renunciamiento y humillación de Benedicto XVI.

Nuestro Santo Padre emérito no renunció al papado, sino a su ejercicio activo, ya que sigue trabajando y cooperando con su Señor (nuestro Señor) con su vida actual consagrada a la oración y a la meditación. Como Moisés en la batalla del pueblo de Israel contra los amalecitas, Benedicto XVI sostiene el combate espiritual de la Iglesia toda y la labor petrina de Francisco con su vida hecha oración. Sin temor a equivocarnos, podemos decir totalmente convencidos que si Jorge Mario Bergoglio es hoy Francisco, puede serlo gracias al testimonio sacerdotal y sacrificial de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI.

Su renuncia al ejercicio activo del papado no significó un acto de debilidad ni cobardía, sino todo lo contrario: sólo un hombre valiente y dotado de coraje viril podía aceptar la voluntad del Señor y hacerse cargo de la herencia de Juan Pablo II, y sólo un hombre valiente y de coraje como él podía dar un paso al costado para que otro –con más fuerzas físicas- tomara el timón de la nave de la Iglesia y librara los combates que hoy está librando: sin la humillación de Benedicto XVI, hoy no habría Francisco. Y más importante aún: sin la vida de oración y meditación de Benedicto XVI, hoy Francisco no podría hacer lo que está haciendo. Detrás del esfuerzo de Francisco por mostrar al mundo la belleza del mensaje de Jesús y de su amor, está la oración silenciosa e invisible de Benedicto XVI. Francisco hoy habla al mundo con su verba florida, piadosa y evangélica que acerca a cada uno de los oyentes a Dios. Y Benedicto también habla hoy al mundo con su silencio orante.

Esta etapa final de la vida terrenal de Benedicto es el broche más hermoso que alcanza la vida de quien como sacerdote es un verdadero “alter Christus”, un eximio profesor y docente, un pastor cariñoso como pocos y un cabal maestro y doctor de la Fe cristiana.

Hoy los cristianos damos gracias a Dios no sólo porque nos ha dado un “obispo de Roma”, hijo de san Ignacio de Loyola, sino también porque nos ha regalado un Santo Padre que nos ha mostrado que como sucesor de Pedro ha sido y sigue siendo cabeza de la Iglesia y piedra fundamental de ella. Como bien muestra el evangelio según san Mateo, Cristo ha hecho de Pedro la piedra sobre la cual ha edificado su Iglesia a lo largo de los siglos y la cabeza visible de su Cuerpo. Desde hace un año, Benedicto XVI ha dignificado plenamente su ministerium petrinum como base fundamental del edificio de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, piedra que no se ve pero que sostiene el edificio entero.

Como sostiene el Salmo que citamos, en su silencio orante e invisible Benedicto XVI es el hombre justo que florece como palmera, trasplantado en la Casa de Dios (donde san Pedro dio testimonio de su ministerio) y dando frutos, manteniéndose fresco, sereno, fructífero y alegre en su vejez, para mostrarnos inequívocamente que Cristo el Señor es la Roca que nos sostiene y fortalece per saecula saeculorum.

Gracias Benedicto XVI, por tu ejemplo sacerdotal sin igual. Gracias Benedicto XVI, por tu sabiduría humilde y por tu humildad sabia, por haber sabido ser humilde en tu grandeza y ser grande en tu humildad. No sólo has hecho teología de rodillas, sino que has dejado que la Palabra de Dios te moldee a imagen suya, irradiando la Paz que viene de Dios. Gracias por tu hermosa vida sacerdotal, a través de la cual dejaste que sea Jesucristo quien hable a través de tu palabra y de tu ejemplo. En definitiva, danke Heiligen Vater Benedikt: wir leben dich, weil Gottes Angesicht bist du in der Welt [Gracias, Santo Padre Benedicto: te amamos, porque eres el rostro de Dios en el mundo].

[1] Card. Joseph Ratzinger, «El ministerio y vida de los Presbíteros», publicado en el Nº 1/96 de la Revista Sacrum Ministerium (traducción por José Arturo Quarracino).

La vida en Cristo_Benedicto XVI

DIOS ESCRIBE DERECHO EN RENGLONES TORCIDOS Y ABRE EL CAMINO

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Desde la perspectiva histórica, está profusamente documentada la presencia del cristianismo como fundamento de la conformación social y política de la América española a lo largo de todo su devenir. Es bien conocida la profunda devoción religiosa que animó a los Padres de la Patria –José Artigas, Santiago de Liniers, José de san Martín, Manuel Belgrano, Martín Miguel de Güemes, Manuel Dorrego, Guillermo Brown, Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, los constituyentes de Tucumán, etc.- y a los pueblos del Interior en sus luchas por forjar una Argentina independiente.

Fiel a esta tradición histórica, el peronismo significó la expresión más concreta y lograda de esa unidad de la fe religiosa con la vida política, al ser configurado por su fundador como una “nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista”.

En la perspectiva de la Iglesia Católica, desde el papado de León XIII en adelante hasta nuestros días ha sido sistemática la ratificación efectuada por todos los pontífices, en su magisterio, de la proyección de la doctrina cristiana en la esfera pública, como sustento de la vida política de las comunidades humanas. Basta recordar las célebres palabras del papa Pío XII al decir que la acción política es la forma más excelsa de practicar la caridad, o las más actuales de Francisco, al decir que la política es una “altísima vocación, una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común” (Evangelii Gaudium n. 205).

La criminal conducta del ex secretario de Obras Públicas de la Nación, el “señor” José Francisco López, al pretender esconder en un monasterio una millonaria cantidad de dinero del cual no podía justificar su posesión, no sólo constituyó un bochornoso (¿y pornográfico?) espectáculo que casi convirtió a una casa religiosa en un tugurio o un aguantadero. Significó también un acto de prostitución de la política, al convertir a ésta en muestra evidente e innegable de una actividad criminal al más alto nivel, la apropiación de fondos públicos nacionales en un “sistema recaudatorio de acumulación” (Jorge Asís dixit).

Con esta acción criminal prostituyente, el señor López ha confirmado que el “proyecto político” por él invocado ha sido en esencia un progresismo trucho, una forma sutil de antiperonismo o la antiperonización del peronismo. Confirma que el auto-proclamado “mejor gobierno de la historia argentina” ha prostituido las banderas más nobles de la historia nacional y ha dejado en el más absoluto ridículo a toda una franja del pueblo argentino que creyó realmente que estaba en presencia de un liderazgo “revolucionario” nac&pop, que en realidad sólo es un fenómeno delictivo (nuevamente Jorge Asís dixit), una versión siglo XXI de la política liberal-oligarca de apropiación, apoderamiento y uso del Estado para enriquecimiento de un minúsculo grupo de incultos, soberbios y vulgares patrones de estancia.

Pero como dice la sabiduría popular, no hay mal que por bien no venga. Frente a un gobierno de vocación liberal que ha encarado un ajuste económico, que si bien era necesario hace recaer todo el esfuerzo y el peso de la carga en quienes son los eslabones más débiles de la comunidad (al mismo tiempo que posibilita el enriquecimiento de los más ricos, muchos de ellos funcionarios de gobierno, y reforzando el crónico endeudamiento externo esclavizante), y frente al derrumbe de un seudo-peronismo saqueador del Estado, se abre un amplio camino de posibilidad de reconstrucción nacional, en la que todos los argentinos de bien nos unamos firmemente y luchemos por la salvación de nuestra querida Argentina, gravemente comprometida en su destino por la depredación y el saqueo a la que la ha sometido ininterrumpidamente el imperialismo internacional del dinero desde el año 1976 hasta ahora, mediante un electoralismo que sólo ha promovido administradores de nuestra decadencia y de la entrega de nuestros recursos, salvo alguna que otra excepción.

 

 

José Arturo Quarracino                    Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general           Coordinador General

MOVIMIENTO “PRIMERO LA PATRIA”

 

[Publicado en Política del Sur, 21 de junio de 2016, Año 10 No. 498]

VIRGEN de LUJÁN – Oración de Juan Domingo Perón

En esta fecha tan cara al pueblo argentina, consagrada a la Virgen de Luján como Patrona de la Patria y de la Nación Argentina, queremos rendir nuestro homenaje con la oración que el General Juan Domingo Perón, en su carácter de Presidente de la República, le ofrendara a la Santísima Virgen el 15 de noviembre de 1953, oración con la que supo expresar el agradecimiento a la Virgen por su amparo a los humildes en nuestra historia patria y el compromiso de luchar por la Paz y la Justicia para cumplir con nuestro destino histórico de Nación

Virgen de Luján2

La oración del Presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón

 

“Señora Nuestra de Luján: Muchas veces he levantado mis ojos hacia vuestra imagen que ha sido permanentemente compañía de mi fe por todos los caminos de mi vida.

“Pero en esta solemne ocasión extraordinaria se elevan hacia vuestro corazón las miradas y las voces que quieren expresar por mi intermedio los sentimientos y los pensamientos del Pueblo Argentino, que es la Patria, cuya representación humildemente invisto.

“El pueblo argentino, sus hombres y sus mujeres, sus niños y sus ancianos, sus pobres y también sus ricos de buena voluntad, sus obreros y también sus empresarios, sus fuerzas espirituales, sus fuerzas armadas, el pueblo argentino, con todos sus hijos, los que viven en los campos, en los pueblos y en las ciudades de la Patria, los que tienen nuestra Fe y aún los que sin tenerla, os respetan, señora de Luján, como símbolo de la unidad espiritual de la Nación, que vuestra pequeña imagen representa…todo el Pueblo Argentino os agradece, antes que nada, vuestra compañía permanente y humilde, cumplida desde vuestra villa de Luján a través de todas las jornadas y a través de todas las vicisitudes de nuestra historia.

“Os lo agradece como solemos agradecer los hijos, tarde o temprano, esa compañía espiritual que representa la inquietud de nuestras madres siguiéndonos, desde cerca o desde lejos, desde la tierra o desde el cielo, por todos los caminos de la vida.

CORONA~1“Desde la humildad de vuestra imagen, materializada en vuestra pequeñez y en vuestro rostro tostado por el sol de nuestra tierra criolla, y desde vuestra propia historia, que ensalzó la de los humildes y humilló a los soberbios para enseñarles el camino de la humildad, desde vuestra imagen donde fueron grabadas para siempre con divina inspiración, nos llegan vuestras dos consignas maternales: la paz y la justicia.

CORONA~2“En esta fecha extraordinaria os prometemos mantenernos dentro de nuestras posibilidades humanas y con vuestra ayuda, fieles a vuestro mandato.

Queremos la paz de todos los argentinos, de todos los pueblo de América y de todos los pueblos del mundo. Pero no la queremos si no es justa, según vuestra consigna.

CORONA~3“Precisamente para que se cumpla vuestro anhelo infinito de paz, nos proponemos y os prometemos, madre de los argentinos, a luchar por la justicia entre los hombres y entre los pueblos.

Os pedimos en cambio, la compañía eterna de vuestra humildad ejemplar, para que humildemente sepamos cumplir nuestro destino sin que jamás nos domine la soberbia”.

“Y os pedimos la ayuda de Dios para que mirando vuestra imagen nunca olvidemos que solamente los humildes salvarán a los humildes, y que para ser fieles a nuestra vocación de paz y de justicia, nos mantengamos todos unidos y en la humildad, la única y tal vez la última fuerza que Dios ha querido dejar sobre la tierra para que volvamos a la Fe, a la esperanza y al amor, donde reside la auténtica felicidad de los hombres y la grandeza fundamental de los pueblos”.

Derrota cultural del Movimiento Nacional. Culpables se hacen los distraídos

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A causa de una citación judicial, Cristina Elisabet Fernández de Kirchner debió visitar uno de los tribunales federales de Comodoro Py. Muy rápida de reflejos, la ex presidente respondió con un acto político a la requisitoria judicial. Como se pudo apreciar, en dicho acto hizo gala de su tendencia a falsear la historia y manipularla a su favor, al comparar su situación actual con los derrocamientos y persecuciones sufridos por Hipólito Yrigoyen en 1930 y por Juan Domingo Perón en 1955. Ella no fue derrocada, en todo caso su candidato fue derrotado en las urnas, y a ella tampoco la están juzgando comisiones especiales anticonstitucionales, sino los juzgados naturales que han recibido denuncias –mientras ella ejercía la primera magistratura- que se han llenado de documentación respaldatoria.

Como ha hecho en ocasiones anteriores, la ex presidente se ha aferrado a la figura de Juan Domingo Perón como última tabla de salvación, cuando “las papas queman”, porque en general el gran líder argentino ha sido un convidado de piedra y un ignorado en esta “revolución imaginaria” llevada a cabo por el kirchnerismo, que después de 12 años de administración gubernamental ha dejado la economía del país en manos de las grandes corporaciones angloamericanas controladas por la dinastía Rockefeller (vía Consejo de las Américas), ha gobernado con las leyes matrices del Proceso de Reorganización Nacional, puso al Barclays Bank como organizador y garante de los canjes de deuda externa de 2005 y 2010,  y ha elevado a colaboradores de las últimas dictaduras militares –por ejemplo, Horacio Verbitsky, Eugenio Zaffaroni- a “modelos de la democracia”. La señora de Kirchner se pone al lado de Perón, pero rodeada de una dirigencia en su mayoría visceral e históricamente antiperonista, políticamente impresentable y piantavotos, cuyo único aporte a la democracia ha sido la de levantar obedientemente la mano para satisfacer los caprichos de su jefa.

Pero aún con su poder político sumamente debilitado y con un “estado mayor” que representa una armada Brancaleone del terror, la señora Cristina Elisabet de Kirchner todavía despierta sentimientos de fuerte adhesión y respaldo en gran parte de la población más castigada y postergada de nuestra comunidad nacional, y enfervoriza también a un número importante de jóvenes de nuestro sufrido conurbano.

Pero lo grave de la jornada del 13 de abril es que ante esta usurpación y apropiación de la figura y de la memoria de Juan Domingo Perón (y del ninguneo histórico al que ha sido sometida María Estela Martínez de Perón, última presidente constitucional derrocada), el supuesto “peronismo” no kirchnerista aferrado a un sarcófago electoralista no ha salido a responder esta provocación de la ex presidente. Y no ha salido a responder porque evidentemente no tiene nada para decir. ¿Qué puede decir este “peronismo” no-K si sólo encuentra su unidad en las figuras de un delegado de las mineras angloamericanas en las provincias del noroeste y de un alfonsinista-menemista reciclado en vaciador de la Provincia de Buenos Aires? Al igual que la ex presidente, este “peronismo” sólo recurre a la figura de Perón para llenar un vacío discursivo o para justificar una operación de marketing político, y nada más.

Este “peronismo” renovado y decente no convoca ni entusiasma, no le habla al pueblo ni a los jóvenes sino que sólo se preocupa de “hablarle a la gente”, de “ser pluralista, dialoguista, tolerante”, “de ser una oposición constructiva”, etc., ante un gobierno de tecnócratas tamizados por ondas de amor y de paz que sólo se ha ocupado de atender las “necesidades básicas satisfechas” de los ricos y de las corporaciones.

Esta dirigencia política y sindical no-K ha echado al olvido el mandato de Perón de prolongar en el tiempo la proyección revolucionaria de su obra. Ocupada como está en crear empresas offshore en paraísos fiscales (¿cuándo Perón y Eva necesitaron derivar fondos fuera del país?), no sólo ha olvidado sino que también se ha ocupado en impedir que el Movimiento Nacional recreara y restaurara las Escuelas de Formación Política y Sindical con las que Perón impulsaba la promoción. Creen que capacitar dirigentes es hacer cursos de liderazgo y de dinámica de grupos, o de contratar a “especialistas” afroamericanos para enseñar a jóvenes y mujeres “técnicas de empoderamiento”. A ninguno de estos dirigentes se les ocurre formar a las nuevas generaciones en Historia nacional, Historia del Sindicalismo, la Tradición cristiana y humanismo del Peronismo, ni mucho menos les interesa hacer conocer a sus dirigidos Conducción Política, Doctrina Nacional o el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional. ¿Tienen miedo que Juan Perón se transforme en el conductor real de sus dirigidos?

Perón y la cultura hispánica

Frente a la defección de esta dirigencia aburguesada y envejecida espiritualmente, culpable y responsable de esta derrota cultural que sufrimos hoy los argentinos, y frente al intento imperialista de seguir manteniendo abierto el enfrentamiento fratricida, se nos plantea de nuevo la empresa de forjar la unión nacional, como condición indispensable para hacer de la Argentina una comunidad organizada e integrada, en la que todos seamos artífices del destino común. No necesitamos ni iluminados del mundo de las finanzas ni hoteleros exitosos. Todo está escrito. Sólo es cuestión de decidir ser libres o esclavos.

 

José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                       Coordinador General

MOVIMIENTO “PRIMERO LA PATRIA”

 

[Publicado en Política del Sur, 19 de abril de 2016, Año 10 No. 489]

PERONISMO O KIRCHNERISMO, ESA ES LA CUESTIÓN

Movimiento Primero la Patria_Logo-BannerDías pasados, el dirigente político Fernando “Chino” Navarro declaró que la fuerza política que él integra “está obligada a construir unidad” entre el peronismo y el kirchnerismo, porque “el peronismo sin el conjunto del kirchnerismo no va a volver a ser mayoría, y que el kirchnerismo sin el peronismo no construirá tampoco mayoría”.

Evidentemente, el señor Navarro sabe que el peronismo y el kirchnerismo son dos realidades absolutamente distintas, que deberían unirse para “volver a ser mayoría” y así ganar elecciones. Pero con esto confunde lo táctico –lo electoral- con lo estratégico –el proyecto revolucionario que transforma a una sociedad. En esa confusión, pretende unir dos realidades que se han mostrado distintas y antagónicas, más allá de la “unidad” forjada en estos últimos 12 años a golpes de látigo y chequera por un lado, y sumisión rastrera por parte de cierta dirigencia política, que convirtió al peronismo en una franquicia para hacer negocios millonarios.

Perón y Evita liberaron al país de las garras de la dominación económica, financiera y política llevada a cabo por Gran Bretaña durante más de un siglo; consolidaron la industrialización nacional; forjaron la unidad del movimiento obrero; dignificaron a los trabajadores; promovieron la movilidad social ascendente; rescataron la deuda externa; se mantuvieron fuera de las garras del poder financiero internacional e hicieron del arte de la conducción política un acto de servicio sagrado, a favor de la Nación y del pueblo argentino, hasta el último minuto de sus vidas. No se hicieron millonarios trabajando en la función pública, sino todo lo contrario.

Perón ante la gloriaEn forma totalmente inversa, en sus 12 años de gestión el kirchnerismo gobernó apoyándose en las leyes económico-financieras del Proceso de 1976, concentró y extranjerizó la economía como en los peores momentos de nuestra historia (como lo ha reconocido en estos días su “vocero” Página12), avaló y duplicó la fraudulenta deuda pública externa, utilizando las reservas del Banco Central, afianzó el esquema agro-exportador dependiente de insumos industriales extranjeros, hizo del subsidio y clientelismo una política de Estado, incrementó la existencia de asentamientos urbanos, etc. Y sus dos máximos dirigentes hicieron de la función pública la fuente de su descomunal e inexplicable enriquecimiento personal. Pretendieron ser los jefes máximos de un movimiento superador del peronismo, promoviendo dirigentes extraños al movimiento nacional o decididamente antiperonistas (Amado Boudou, Martín Sabatella, Carlos Zanini, Carlos Heller, Diana Conti, Axel Kicillof, etc.), para terminar siendo los gestores de una derrota electoral sin atenuantes frente a una fuerza política local de reciente formación, mientras que Perón se cansó de ganar elecciones, incluso desde el exilio.

Al poner en paralelo un discurso de Perón y otro del matrimonio santacruceño, se percibe muy bien la diferencia entre la doctrina de vida predicada por un conductor político que sigue enseñando desde la eternidad y la vanidosa actitud auto-referencial vacía de contenido de quienes se creyeron los gestores de una revolución que sólo existió en su imaginación.

Señor Navarro: el peronismo no es un movimiento conservador que encajona la doctrina en formas rígidas, ni tampoco es un movimiento progresista que habla hasta vaciar la doctrina de contenido. Es ortodoxamente humanista y cristiano.

 

José Arturo Quarracino                       Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                     Coordinador General

24 de Marzo – “Conmemoración”, olvido y esquizofrenia

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En la vida de los pueblos se han festejado siempre las fechas o acontecimientos que han significado un hito o punto de partida de su crecimiento moral y material. ¿Qué sentido tiene “conmemorar” una derrota? Hacer un culto de la derrota, Convertir en un feriado una fecha que envilece sólo sirve para deprimir y mantener vivo el mal que paraliza y que hace retroceder: no es criticando lo malo lo que fortalece y hace progresar, sino la exaltación y reafirmación de los valores y virtudes que le dan sentido a la vida en comunidad.

Una vez más, se ha “conmemorado” en nuestro país, por parte del progresismo y del izquierdismo en general, el infausto y criminal golpe de Estado de 1976, pero evitando toda mención a quien y quienes fueron derrocados, extorsionados y secuestrados el 24 de marzo de ese año, que fueron el gobierno democrático de María Estela Martínez de Perón y multitud de funcionarios y dirigentes políticos y sindicales. Se repudia el golpe y sus autores, pero nada se dice de los “motivos y pretextos” (Doctor Julio Carlos González dixit) que hicieron posible ese crimen, ni tampoco de lo que significó históricamente esa asonada.

En esta “conmemoración” se olvida que el objetivo del golpe cívico-militar fue el de hacer involucionar la Argentina hacia la “Década Infame”, retornar a la Argentina previa a la aparición de Juan Domingo Perón y su obra revolucionaria de gobierno. Dos meses antes del golpe lo había preanunciado la presidente de la Nación: “no vienen por mí ni por el gobierno, quieren derrumbar las chimeneas y las fábricas que levantó Perón”. Pocos días después del crimen institucional cometido, el responsable directo y último de la política de secuestro y exterminio del Proceso lo definió y resumió magistralmente: “el objetivo es volver a la Argentina del 3 de junio de 1943” (Albano Harguindeguy). 24/3/1976 no fue un golpe de unos locos, ni un golpe “fascista”, ni contra “los que pensaban distinto”, etc., sino contra la obra revolucionaria de Perón y contra la Argentina que él había erigido. Para voltearla, era necesaria una guerra civil devastadora. Así lo pronunció el historiador anglocanadiense H. S. Ferns en su libro La Argentina, (Editorial Sudamericana, Buenos Aires 1972, p. 247: “Como no sea mediante una guerra civil devastadora, resulta muy difícil imaginar cómo puede deshacerse la revolución efectuada por Perón”. Es llamativo que el citado historiador, antiperonista, califique a los gobiernos de Perón como revolucionarios. Ni ellos pueden dejar de reconocerlo.

La conmemoración “progre” olvida o encubre que detrás del golpe estaba la larga mano del Imperio Británico y de sus secuaces angloamericanos capitaneados por David Rockefeller. No fue casualidad que el ministro de Economía fuera el abogado José A. Martínez de Hoz, representante de la vieja oligarquía anglófila y miembro del Comité Internacional del Chase Manhattan Bank (fusionado en el año 2002 con el J. P. Morgan Chase Bank).

Esta conmemoración “progre” olvida o encubre también la colaboración que prestaron en ese momento las principales organizaciones armadas, creando las condiciones que justificaran ese golpe nefasto. No sólo recaudaron “revolucionariamente” (se calculan 23 millones de dólares sólo en el año 1973, por secuestros y robos), sino que se levantaron en armas contra el gobierno constitucional de Perón primero e Isabel Perón después. Es llamativa la “amistad” y diálogo que conservaron algunas cabezas de esos grupos armados con las cabezas del Proceso (Norberto Habegger-Albano Harguindeguy, por ejemplo), y no deja de sorprender la desaparición a mediados de 1975 de algunos militares (el coronel Jorge Montiel y el teniente coronel Martín Rico), quienes estaban informados que “oficiales de las Fuerzas Armadas tenían contacto con las cúpulas guerrilleras para desestabilizar al gobierno(entrevista de Carlos Negrete al doctor Julio Carlos González, publicada en La Nación, 24 de marzo de 2016, en http://www.lanacion.com.ar/1882362-julio-gonzalez-hubo-traiciones-en-el-peronismo). ¿Habrá sido ésta la colaboración de las organizaciones armadas a la guerra civil devastadora profetizada por H. S. Ferns?

Lo más grave es que esta conmemoración “progre” llega a la esquizofrenia, cuando repudia el golpe de 1976 en nombre de ideas y banderas socialistas, incluyendo la exaltación de la revolución cubana como proceso ideal de lucha anticapitalista. Ignoran o dejan de lado estos progresistas olvidadizos la colaboración y acompañamiento que hizo el régimen de Fidel Castro a nivel internacional, para que la dictadura argentina nunca fuera condenada en los organismos de las Naciones Unidas por su violación de los derechos humanos. La Cuba de Fidel Castro fue la gran aliada de la dictadura de Jorge Rafael Videla, tal como ha demostrado la investigadora estadounidense Kezia McKeague y lo hiciera conocer el 25 de marzo de 2011 la periodista Claudia Peiró (“Fidel Castro, insólito aliado de la dictadura militar argentina de Jorge Rafael Videla”, Infobae, 25 de marzo de 2011, en http://www.infobae.com/2011/03/25/1021554-fidel-castro-insolito-aliado-la-dictadura-militar-argentina-jorge-videla).

Como bien lo expresa el doctor Julio Carlos González, “el terrorismo de izquierda y de derecha actuaron como las tenazas de una pinza para desarticular y destrozar el gobierno de Perón y el Movimiento Nacional que lo sustentaba” (Asalto a la Argentina. m76. Motivos y pretextos, “Aquella noche trágica… 23 horas del 23 de marzo de 1976”, Editorial Docencia, Buenos Aires 2011, p. 31), para volver a una nueva Década Infame.

Todo lo demás es puro verso.

 

 José Arturo Quarracino                   Juan Carlos Vacarezza

Sub-coordinador general                       Coordinador General